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TAVERNES DE LA VALLDIGNA

Diez años con la piscina cubierta sin abrir

El gobierno anunciaba hace unos días que espera licitar las obras de finalización en poco tiempo con una inversión de 900.000 €

Diez años con la piscina cubierta sin abrir | LEVANTE-EMV

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Diez años con la piscina cubierta sin abrir

«Tavernes abrirá en enero el complejo deportivo y la nueva piscina cubierta». Ese titular lo publicaba este periódico en diciembre del 2010 y se refería al edificio que se construyó en el municipio después de una inversión de más de 2,6 millones de euros. Se basaba en una información de quien entonces era concejal de Deportes, Salvador Ribis. Gobernaba el PP, con Manolo Vidal como alcalde. Fue aquel ejecutivo el que pensó y gestionó que se levantara el proyecto.

El anuncio no se cumplió entonces. Ni tampoco lo ha hecho trascurridos diez años. El tiempo para la piscina cubierta de la capital vallera se paró en ese mismo instante. Todo está como estaba, todo sigue ahí, pero sucio, desmejorado, envejecido, desfasado o roto. Mejor dicho, casi todo, porque algunos elementos han desaparecido, bien por vandalismo bien por robo.

Y esto sin que ni un solo usuario haya podido bañarse en la piscina, utilizar alguna de las pistas de pádel o salas de gimnasio, ni criticar o alabar el proyecto o su funcionamiento, simplemente porque no ha llegado a funcionar nunca. A estas alturas el ayuntamiento ya sabe que necesitará invertir otros 900.000 euros para poder abrirla, aunque aún no se sabe cuándo.

Este 2021 hace justo diez años que se anunció que los trabajos de construcción y preparación de la piscina estaban prácticamente acabados. Una década, dos legislaturas y media y cuatro gobiernos diferentes (la última etapa del PP, un tripartito de izquierdas con Compromís, PSPV y EUPV, mayoría absoluta de Compromís y el actual, una coalición Compromís-PSPV) que no han encontrado la forma de poder ponerla al servicio de los vecinos y vecinas.

Un tiempo en el que la piscina se ha convertido en uno de los pocos edificios de la comarca de la Safor construido durante la crisis que se ha quedado sin inaugurar. En esta década se ha pasado por un intento de que le empresa reflotara, un concurso de acreedores para tratar de salvar la mercantil que la construyó y así que la pudiera abrir, todo un proceso judicial para dirimir quién y en qué condiciones debía hacerse cargo de ella, liquidación, remunicipalización y redacción de proyecto de finalización hasta el punto en el que se encuentra ahora: supervisión del mismo por parte de los técnicos municipales, tal como anunciaba hace unos días el actual Gobierno local vallero. Es el último paso antes de poder licitar las obras y poder abrir la piscina convertida en un símbolo de la crisis en esta localidad.

La intención del exalcalde Manolo Vidal era abrirla para las elecciones municipales que se celebraron en 2011, aquellas en las que acabó desalojado de la alcaldía por un pacto entre Compromís, PSPV y EUPV. El 22 de enero de aquel año se inauguraba la zona verde ubicada en el entorno del recinto, «Parc dels Vents». Entonces el alcalde hablaba de poder estrenar la flamante instalación «en unas semanas». Quedaban tres meses para las elecciones. En una entrevista preelectoral concedida a este periódico aseguraba que «la piscina está acabada pero sería irresponsabilidad por mi parte inaugurarla sin esperar los informes de Conselleria. No se puede abrir sin todos los informes de seguridad porque es un complejo importante y tiene que estar todo en regla».

Al ritmo que iban pasando las semanas, el entonces aspirante a repetir mandato por el PP fue consciente de no estaría lista para antes de las votaciones y amagó con organizar una jornada de puertas abiertas a pocas semanas de los comicios, aunque el acto finalmente se descargó y la piscina se quedó cerrada.

Finalmente la piscina no abrió. El ayuntamiento había adjudicado su construcción y posterior gestión a una empresa, Metroval Aqua. Las obras arrancaron en 2008 y sufrieron constantes retrasos. En plena crisis económica la mercantil se quedó sin liquidez para afrontar los pagos que permitían homologar las obras en la recta final y con el recinto prácticamente acabado. Llegó a haber una página web, donde se anunciaban los abonos, y un teléfono, al que respondía un trabajador que informaba sobre las inscripciones y servicios.

En el mismo 2011 se produjo el vuelco electoral. Tras 16 años de gobiernos del PP, la izquierda pasaba a gestionar el municipio, hasta hoy, cuando el recinto sigue sin abrir.

El entonces alcalde, Jordi Juan, fue consciente desde el primer momento de que era su principal patata caliente y en agosto de ese año 2011 ya advirtió a los vecinos, en un acto organizado en el salón de plenos, de que no se aventuraba a poner una fecha de apertura. Fue entonces cuando se supo que, a diferencia de lo que se había contado hasta entonces, aún faltaban cerca de 300.000 euros de inversión para acabar las obras y que la compañía carecía de liquidez para retomarlas.

Empezó entonces un largo proceso. Durante cinco años, el ayuntamiento apostó por intentar que la empresa encontrara liquidez. Los responsables de la sociedad confiaban en contar con un dinero que Hacienda debía devolverles. En 2012, más de la mitad de los proveedores se acogieron al concurso de acreedores para permitir a la empresa tomar cierto aire y pensar en poder contar con dinero para poder abrir. El ayuntamiento seguía confiando en que Metroval podría por fin poner en funcionamiento el recinto pero todos los intentos resultaban infructuosos.

El gobierno, según expresaba el alcalde cada vez que se le preguntaba, estaba atado por una concesión a una empresa privada prevista para 40 años y la única forma que tenía de tomar el mando del recinto era abrir un proceso de liquidación del contrato largo y farragoso, de ahí que se apostara por intentar que la sociedad reflotara.

En 2014 el abandono y los daños en el recinto ya eran más que patentes, como publicaba este periódico. Y fue en 2016, más de una legislatura después y tras conseguir un dictamen favorable del Consell Jurídic Consultiu, cuando por fin el consistorio optó por recuperar la concesión. En noviembre el pleno aprobaba iniciar la liquidación del contrato y se estimaba que costaría un millón de euros.

La recuperación definitiva se confirmaba en septiembre de 2018 después de que Tavernes ganara una sentencia a un recurso presentado por una entidad bancaria contra el proceso. La liquidación arrojaba que finalmente el consistorio debía pagar unos 37.000 euros, aunque también debía hacerse cargo de acabar la piscina y arreglar los cuantiosos desperfectos. El proceso se ha estancado y en los últimos dos años y medio apenas se había avanzado. Hace unos días el ayuntamiento anunciaba que ya se está realizando una valoración técnica del proyecto.

imágenes del abandono. 1 Las taquillas de uno de los vestuarios están derribadas, lo que demuestra que los únicos que han entrado han sido los vándalos. 2 Algunos de los paneles solares de la azotea ha desparecido.

3 En la cafetería faltan algunas placas de escayola del techo.

4 El parqué de una de las salas de gimnasia del recinto está levantado.

5 Uno de los cuadros eléctricos del recinto, que parece en buenas condiciones.

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