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Opinión

el botánico de bairén

el botánico de bairén

el botánico de bairén

Hoy más que nunca «el Gran Hermano» se asoma en nuestras pantallas intentando reducir, o tal vez aniquilar, nuestra amplitud de pensamiento a cuatro tópicos y unas pocas frases hechas. Sin embargo, no lo consigue.

Hechos como la reciente pandemia nos hacen ver la necesidad del espíritu científico, de entender y abordar la complejidad en todos sus órdenes para poder subsistir. Los efectos del Big Brother se limitan, pues, a atontarnos para sostener programas televisivos sobre el discurso del corazón y a extender su influencia para conseguir nuestro voto y así seguir manejando y malgastando los dineros que todos y cada uno de nosotros aportamos.

Y no lo consigue, porque el saber, hoy, es acumulativo, porque las técnicas mejoran y el mundo se entiende, cada vez más, como algo unitario en el que todo se halla interconectado. Veamos el caso de la restauración de los monumentos y edificios de interés para la comunidad.

Hasta el primer cuarto del siglo XX, cualquier intervención tenía que imitar la antigüedad. El uso de molduras, las cornucopias, los chapiteles, daban un aire de falsa antigüedad que era celebrada por las gentes.

Con la llegada de la modernidad, aquello de diferenciar lo original de lo añadido produjo monstruos, veamos el ejemplo del castillo Bairén en su fachada este, donde se usó el hormigón como una actualización moderna del tapial. Resultado, un horror.

También en época reciente se valoraba únicamente lo que era auténticamente monumental. Pongamos otro ejemplo: la Torre dels Pares. El político de turno planteó una ciudad agroalimentaria –Dios sabe a qué responde algo así en esta ciudad– para lo que proyectó una actuación que demolía las edificaciones de aperos y cuadras que hoy ya son contempladas con todo su valor etnológico y arquitectónico… y así va evolucionando el mundo. A base de errores se va construyendo una sociedad más compleja y respetuosa con el pasado y presente de la persona.

Y entrando a lo que nos ocupa, en Bairén, influenciados sin duda por esa maravilla de la naturaleza que puede leerse a lo largo del empinado recorrido hacia la fortaleza, aprovechamos un llano, ya en el albacar, para recrear esa naturaleza humilde y otorgarle el estatus de singularidad que a tantos pasaba desapercibida. Unas jardineras apoyadas en el suelo crean un recorrido en el que contemplar esa naturaleza esencial.

Para lograrlo hacía falta un experto jardinero y viverista capaz de reproducir esas especies que, hasta hace nada, se negaban a ser trasplantadas. Y eso lo hay en nuestra comarca. Como también hay quien ha creado un paraíso de cítricos aquí cerca (Palmera), que ahora trata de imitar, con bastante poco sentido común, la administración urbanita de la ciudad. Y son de la misma familia, una familia, Todolí, a los que esta comarca debiera reivindicar por ser punteros en sus actividades a un nivel que supera con creces nuestro limitado ombligo.

Y esas jardineras de Bairén, de 2,5x2,5 m, han sido pobladas por esas humildes plantas que no son, en su mayor parte, aromáticas, que no tienen colores especiales, cual si de pavos reales se trataran, que son simples plantas que van creciendo y mostrándose con toda su humilde naturalidad. Es un botánico.

Si llegamos al final, les pondremos nombres y apellidos para poderlas conocer. Nombrar las cosas es el paso inicial para conocerlas.

No nos debe extrañar que cunda el nerviosismo en las esferas del poder, que solo entiende las aromáticas como lo autóctono, al ver esas diminutas plantas que no cumplen, ni de lejos, sus expectativas de lucimiento. No nos debe extrañar que un proyecto de progreso y sentimiento por lo modesto y sencillo, se quede en nada ante el impulso del tópico tan propio del Big Brother que nos quiere hacer creer que sólo lo que luce o huele existe, que únicamente eso es lo nuestro. Pacata visión de lo que nos es propio.

Posdata: «Hemos puesto en valor las especies más significativas del monte bajo Mediterráneo cercano al litoral, hoy gravemente afectado por los cultivos agrícolas, incorporando en las jardineras, con especial énfasis, endemismos como el Rhamnus lycioides subespecie Borghiae, (¿les suena el nombre?), el petorret: Erica multiflora, el Aphyllanthes monpeliensis, la Thymbra capitata (esta sí, aromática), el Cadec: Juniperus oxycedrus o la Lavatera marítima con su bella flor malva». (Juan José Todolí).

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