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Morir de éxito

Si el proyecto del hotel en la Colonia Ducal demostró que el arrojo y los intentos por capitalizar políticamente ciertas ideas sobre «el turismo» no se compensaban con la prudencia institucional que se espera de los representantes públicos, algunos de los cuales se comportaron como corredores de fincas, ahora asistimos a la proclamación urbi et orbi de otra operación (un camping «de lujo» en un área de 200.000 metros cuadrados y 3.000 plazas en la marjal) que parece surgir no de la iniciativa privada sino de las mismas pulsiones estelares de aquella malograda aventura hotelera, del mismo marketing municipal y los mismos discursos de brocha gorda sostenidos en la desinformación y la osadía. A tal punto ha llegado la obsesión por demostrar que se cuenta en exclusiva con «una estrategia» turística transformadora que la alcaldesa de Gandia se permitió anunciar en Fitur la iniciativa del macrocamping sin rebajarse a informar de qué empresa lo llevaría a cabo ni a presentar a sus promotores para que explicasen el meollo del asunto. Donde debería haber tenido lugar una conferencia de prensa que aportase datos objetivos y despejase las muchas incógnitas que rodean al proyecto lo que se produjo fue una conferencia de Morant en la que rubricó con el preceptivo (y ya casi cómico) «de lujo» una iniciativa que, por su alcance, precisaba ante todo de aclaraciones.

La sobreactuación de Diana Morant ha forzado a Compromís-Més Gandia a asumir por segunda vez el papel menos aparatoso, pero institucionalmente necesario, de separar las campañas de marketing de las menos espectaculares realidades administrativas (antes llamadas «problemas reales») y a recordar que el proyecto se encuentra en fase embrionaria, lo que impide pronunciarse razonablemente sobre una cuestión que, de seguir adelante, no se resolverá a corto plazo.

En vista de los escasos y confusos datos disponibles, más que oportuna parece la declaración del vicealcalde Josep Alandete en la que calificó el anuncio del macrocamping de «prematuro». Si esto, como afirman ciertos medios locales y la oposición, ha abierto otra brecha en el gobierno, deberíamos preguntarnos quiénes la han provocado, con qué intenciones y qué hace falta para que Diana Morant no caiga hasta el infinito en el mismo error de dar por hecho lo que por ahora no existe más que en las proclamas oficiales y en la permanente kermesse publicitaria que le rodea.

Pasados ya los fastos de Fitur queda la fisura en el seno del gobierno, la escenificación de otro desencuentro, de otro obsequio a la oposición a cambio del inevitable minuto de gloria, de un puñado de fotos y homilías que, si tienen sentido en una feria que es sobre todo publicitaria, se han visto mermados en clave local por los excesos, la desinformación y la arrogancia de quienes de nuevo han confundido sus deberes institucionales con sus ideas sobre el turismo. Ideas, por otra parte, lo bastante elásticas como para saludar con entusiasmo un proyecto de gran impacto demográfico (3.000 plazas) y claras repercusiones medioambientales y urbanísticas como un ejemplo de «sostenibilidad». El mercado es libre, las leyes deben cumplirse y la política ha de desempeñar las funciones de supervisión y arbitraje que se esperan de ella. Pero todo eso precisa de una voluntad de transparencia que, de nuevo, ha brillado por su ausencia.

La primera autoridad municipal debería incorporar urgentemente a sus estrategias, sean turísticas o de cualquier otra clase, el derecho de los ciudadanos a no presenciar espectáculos desmesurados y la idea de que ella misma no puede ser un ente flotante persuadido de su infalibilidad o de sus facultades demiúrgicas, y aún menos la cara visible de determinadas mercantiles. Porque si algo ha demostrado Diana Morant, más allá de sus virtudes políticas, es que es muy capaz de cometer errores de bulto, de los que no parece haber sacado ningún provecho, ni para ella misma, ni para el crédito de la institución que preside, ni para la estabilidad del gobierno, ni para los ciudadanos que aspiran a informarse antes de opinar sobre cuestiones que requieren algo más que propaganda, adhesiones inquebrantables o actos de fe.

¿Qué falta, si se puede saber, ha cometido Compromís al recordar que el proyecto del camping «de lujo» debe ajustarse a la regulación medioambiental y ser supervisado por los órganos administrativos competentes?

¿Desde cuándo la prudencia institucional, a la que está obligada en primer lugar Diana Morant, permite presentar fuera de la ciudad, de espaldas al socio de gobierno y al resto de las fuerzas políticas representadas en el consistorio, una propuesta de tal calado, liquidando de un plumazo cualquier asomo de debate público?

Más incomprensible resulta la situación cuando la campaña turística se ha preparado con eficacia impecable, lo que no parece bastar a quienes estos días conmemoran su victoria electoral de hace dos años con el inevitable video promocional, como si el tiempo no hubiese pasado y sin advertir los riesgos de morir de éxito.

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