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La CHJ sorprende a Villalonga con la orden de retirar un camino y un azud para «naturalizar» el Serpis

La obra se hizo hace más de un siglo para alimentar la papelera

El azud del Pas de la Guàrdia de Villalonga, sobre el que discurre el camino del Tarrassó, que la CHJ ha ordenado demoler. | XIMO FERRI

El azud del Pas de la Guàrdia de Villalonga, sobre el que discurre el camino del Tarrassó, que la CHJ ha ordenado demoler. | XIMO FERRI

Si nadie lo remedia, el Ayuntamiento de Villalonga tendrá que rascarse el bolsillo y destinar entre sesenta mil y setenta mil euros para demoler el azud del Pas de la Guàrdia, que durante décadas derivó una parte del caudal del río Serpis hasta la fábrica de papel situada aproximadamente un kilómetro más abajo y que quedó sin uso cuando esa factoría cerró definitivamente.

La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) justificándose en un plan de «naturalización» de los ríos, reclama desde hace más de un año la retirada del azud, pero en Villalonga esa petición causa sorpresa porque, con el paso de los años, ese dique sobre el cauce del río se convirtió, también, en la base de un camino que conduce a partidas como la Corona o el Tarrassó.

Es obvio que cuando la papelera de Villalonga construyó el azud, hace más de un siglo, el camino no se echaba en falta. En primer lugar porque eran pocos los que residían fuera del núcleo urbano y, después, porque podían cruzar, a poca distancia, por el puente del ferrocarril Alcoi-Gandia.

Hoy, en cambio, son muchas las personas que se desplazan a diario por ese camino, bien porque tienen posesiones agrícolas, bien porque residen en las viviendas que el ayuntamiento permitió construir durante décadas.

Así que en el Ayuntamiento de Villalonga nadie esconde que han intentado persuadir a la CHJ para que se olvide de demoler el azud del Pas de la Guàrdia y deje el camino como está porque considera que constituye un servicio esencial para muchas personas, pero la respuesta del organismo de cuenca es la misma: la concesión de agua a la papelera ha concluido y, aunque haya pasado un siglo, el azud tiene que desaparecer.

El alcalde de Villalonga, Domingo García, reconoció ayer a este periódico que los intentos de dejar las cosas como están han sido siempre en vano. Periódicamente, dice García, la CHJ se dirige al ayuntamiento y le recuerda su «obligación» de ejecutar esa obra. «No le vemos sentido, pero no quieren que nos olvidemos de ello», añade la primera autoridad local, que ya tiene sobre la mesa el proyecto, hasta el punto de haber solicitado ayuda a otras administraciones para que contribuyan a financiar esta actuación y que no corra exclusivamente a cuenta del consistorio.

Un desvío de apenas unos metros

Si es lógico pensar que no tiene demasiado sentido anular un camino que desde hace décadas es de uso habitual y diario para muchas personas, tampoco se entiende con facilidad la esencia del proyecto que exige la CHJ y el gasto que eso supondría.

Porque, como señalan fuentes consultadas por este periódico, lo que la CHJ plantea en la «naturalización» de este tramo del Serpis es que el agua discurra por un paso inferior al camino. Esa es exactamente la actual situación, pero mediante un pequeño canal de derivación situado al margen derecho del río, justo donde se captaba el caudal para canalizarlo hasta la fábrica de papel. Por allí la fauna fluvial puede remontar el curso, de manera que no se produce un corte en el espacio natural, como sí ocurre en otros lugares.

Pero la CHJ quiere que esa «naturalización» sea también visual y exige al Ayuntamiento de Villalonga que el caudal vaya por el centro del lecho, y por eso no se encuentra otra solución que retirar un azud centenario, situar grandes tubos en el centro del cauce y, sobre ellos, volver a habilitar el camino que los vecinos exigen. El «desvío» del agua será de apenas unos metros y hay quien considera que resulta del todo innecesario.

Hasta ahora Villalonga se ha hecho el remolón y ha dejado pasar el tiempo, pero el alcalde asume que quien manda sobre el río ejerce su función y, al final, si nadie rectifica, se tendrá que invertir el dinero y cumplir la orden.

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