Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Joker: El pub que impulsó el movimiento LGTBI en la Safor

Miguel Pastor mantuvo abierto entre 2003 y 2009 el primer local de ambiente exclusivamente gay en la playa de Gandia y que marcó a toda una generación

Miguel Pastor, el promotor del pub Joker, en el lugar donde estuvo el pub, el número 45 de la calle Devesa, en la playa de Gandia, y que hoy son apartamentos adosados.

Miguel Pastor, el promotor del pub Joker, en el lugar donde estuvo el pub, el número 45 de la calle Devesa, en la playa de Gandia, y que hoy son apartamentos adosados.

Si algún día se tuviera que escribir una historia del movimiento LGTBI en la comarca de la Safor, sería de justicia mencionar el papel clave que en él tuvo Miguel Pastor. No es ni un destacado activista ni un político. Es un hombre que hace 18 años tuvo la genial idea de abrir el primer pub de ambiente exclusivamente gay en la playa de Gandia, el Joker. La aventura sólo duró seis años, entre 2003 y 2009, pero, por una parte, sembró la semilla para que se creara CLGS, el colectivo en defensa de los derechos LGTBI, y, con independencia de esto, las noches del Joker marcaron a toda una generación, especialmente a los cuarentañeros, los que estos días invitan para ponerse la vacuna contra la covid. Los menores de 35 años no conocieron el Joker, el «Noa Noa» gandiense.

El pub que impulsó el movimiento LGTBI en la Safor | LEVANTE-EMV

El pub abría todos los fines de semana del año, y hasta allí peregrinaron gays y lesbianas de las comarcas centrales valencianas, además, claro está, de los turistas en verano y puentes festivos. En realidad, el Joker tuvo varias etapas, y no fue sólo un pub, llegaron a existir incluso dos locales simultáneamente. También fue una discoteca, en otro local diferente, con un horario más amplio.

Miguel abrió el primer Joker en el número 45 de la calle Devesa, al final de la playa Nord, en la entonces conocida como la «zona de la plaza del Temple». En esos años ya era un lugar en decadencia para la marcha nocturna, con numerosos locales vacíos. Estaba más de moda ir a la «zona nueva», la de la plaza del Castell. Pero Miguel buscaba precisamente un sitio discreto, apartado, donde incluso quienes estuvieran dentro del armario pudieran acudir con total libertad. De hecho, el Joker sería el único pub abierto entre los seis cubículos de ese bloque, hoy transformados en apartamentos.

Pero, ¿qué hacía un comercial del sector de la electricidad en el mundo de la noche gandiense? Miguel había llegado con 25 años a Gandia desde Ràfol de Salem. En un momento dado compaginó su trabajo con el de camarero los fines de semana en el Ambiu, un pub situado también en la playa, en la calle Serpis, con un sector frecuentado por homosexuales, lo que hoy se llamaría «gayfriendly». Por su carácter dicharachero y su agilidad detrás de la barra, Miguel pensó, honestamente, que estaba capacitado para abrir su propio pub, el primer local gay de la ciudad.

El 12 de febrero de 2003 el Joker abría sus puertas. «Al principio venía poca gente, pero se extendió el boca a boca, y empezaron a llegar de fuera; de Albaida, Dénia... hasta Castelló». Justo un año después, en 2004, Miguel abrió un segundo pub en un local casi contiguo, con el mismo nombre, Joker. Fueron años dorados que vieron nacer al colectivo CLGS, que organizó allí numerosas fiestas, como la «post party» de la primera Gandia Beach Pride, en junio de 2006. Aquella GBP, en la última calle urbanizada de la playa Nord, fue la primera vez que se organizaba en la vía pública de Gandia un acto abiertamente gay.

Tal fue la acogida del Joker que en mayo de 2007 Miguel se atrevió con una discoteca, que llamó Dual y que compaginó con los dos pubs. Dual estaba situada en la calle Formentera, junto al restaurante El Caldero, y frente al Toni Galo. Una escalera hacia abajo daba paso a un local diáfano con una gran pista de baile y extensas barras. La idea era que los clientes del Joker, o de otros pubs, siguieran allí la fiesta cuando cerraban. Pero ese «efecto arrastre» no funcionó, y la discoteca fue una ruina, así que a los siete meses Miguel cambió de estrategia; cerró Dual y uno de los dos pubs, el que había sido el «primer» Joker.

Poco después llegaría otro contratiempo: el arrendador le comunicó el interés por convertir en adosados ese bloque de viejos pubs. Así, muy a su pesar, el pub Joker tenía que cerrar. Lo hizo en diciembre de 2007, con una fiesta de despedida. Aquella noche fue un drama. Hubo hasta llantos. «La gente, y yo mismo, pensábamos que se acababa una etapa». Pero aún había un rayo de esperanza.

El pub que impulsó el movimiento LGTBI en la Safor

Ante tal valle de lágrimas y el clamor de los clientes para que volviera, Miguel, en apenas 15 días, se animó a retomar el proyecto de la discoteca, en el mismo lugar donde estaba Dual.

Ahora se llamaría pub-disco Joker. Duró hasta noviembre de 2009. En su recta final, cuando las cosas empezaron a ir mal, optó por cobrar una entrada con consumición, pero ya no remontó. La crisis económica acechaba; los jóvenes, no sólo gays y lesbianas, sino todos en general, empezaron a quedarse sin empleo y a recortar en ocio nocturno. Y el Joker se quedó para la nostalgia.

El nombre fue algo circunstancial. Lo escogió por reciclar el cartel de un pub anterior. «No tiene nada que ver con algo gay», matiza. El rótulo con el nombre del local, Joker, la bandera arcoíris de fondo y la coletilla «New Generation», iluminaron el camino a quienes no sabían exactamente dónde quedaba ese pub, en unos tiempos, recordemos, sin Google Maps en el móvil.

No es que el Joker destacara por la calidad de su música, o por los contados artistas que actuaban. Al fin y al cabo, fue un local de ocio normal y corriente. Pero logró algo difícil, y fue reunir en un mismo espacio a gays y a lesbianas. Y más extraño todavía, visto desde la perspectiva actual, es que convivieran homosexuales de varias edades, de 18 hasta 50 años, con visiones bien distintas por las épocas que les tocó vivir. Quizá esto se explica por el hecho de que fuera el único local de ambiente, no sólo de Gandia, sino de la marcha nocturna gay entre Benidorm y la capital, València.

Otra clave de su éxito fue que en aquella época todavía no habían irrumpido los «smartphones», ni las aplicaciones móviles para ligar, ni Whats App. La red social era el Joker. El método de ligar no era el de poner un «like» en Instagram, sino el antiguo, el de las miradas y el juego de la seducción. «Si alguien te gustaba y no habías conseguido su número de teléfono, sabías casi con seguridad que al sábado siguiente regresaría al Joker, por lo que ya podías entablar una conversación», comenta Miguel. Y añade que del Joker «salieron muchas parejas».

Todo esto enlaza con algo que Miguel tuvo muy claro desde el principio. No quería que su local fuera un bar de sexo, o tuviera un cuarto oscuro. Ni si quiera después, cuando tuvo la discoteca, más espaciosa. «Jamás puse un cartel con un tío desnudo, o una película porno en el proyector», afirma, categórico. Por tanto, se generó un clima donde predominó la amistad y el buen rollo.

Miguel cerró la discoteca, y casualmente al poco tiempo cerró también la empresa para la que trabajaba. Así que aprovechó para dedicarle más tiempo a sus padres. Tras el Joker hubo otros pubs de ambiente en la playa de Gandia, pero fueron efímeros, con escaso público y por descontado sin parangón a lo que representó el Joker en aquella época. El último, el Babylon, en la calle Rioja, cerró hace ya diez años.

Compartir el artículo

stats