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"En Madrid ni conocía a mis vecinos y aquí en Benifairó tienen las llaves de mi casa"

En esta localidad pasó el confinamiento y allí ha creado un sello editorial que ya cuenta con cinco títulos, uno de ellos de Fernando Sánchez Dragó

Antonio Dyaz, con tres de los libros que ha editado, en el lavadero de Benifairó, uno de los espacios más emblemáticos del municipio. | T. Á. C

Antonio Dyaz, con tres de los libros que ha editado, en el lavadero de Benifairó, uno de los espacios más emblemáticos del municipio. | T. Á. C

Cine, música y literatura. En esos tres mundos se mueve Antonio Dyaz. Biólogo de formación y experto en insectos, lleva ya en su cuerpo la pauta completa de la vacuna contra la covid, lo que hace adivinar que tiene algo más de cincuenta años, aunque hace poco que se quitó la «L», distintivo que lucen los conductores noveles durante el primer año de carnet de conducir.

Ha vivido en Nueva York, Edimburgo o Madrid, ciudades de sobra conectadas con el mundo y por eso nunca, hasta ahora, había necesitado coche.

Desde hace tres años trabaja en un lugar privilegiado, dice que «en una oficina en la que vive un señor», que es como llama al ático desde cuyo balcón puede ver sin problemas toda la Valldigna, con el imponente Monestir de Santa María de Simat de frente.

A Dyaz es difícil no conocerle. Es «el único madrileño de Benifairó». En ese pequeño municipio de 1.500 habitantes aterrizó un 20 de noviembre de 2018 por casualidad, unos meses después de decidir que se había cansado del bullicio de las ciudades, en este caso de la de Madrid, la suya. Del ruido, del ir y venir de la gente, de los Uber y los saraos, de la Gran Vía y el colapso del centro en las grandes noches de fútbol. No hay, en la elección del destino por el que se decantó para empezar una nueva vida, ningún halo de romanticismo. No se le había perdido nada en Benifairó y volvió para buscarlo. Simplemente se topó con el pueblo.

«Entré en Idealista, filtré algunas condiciones como que estuviera cerca del mar y la montaña y me salió este piso como me podría haber ido a Asturias», explica desde su nuevo paraíso. Allí pasó los meses del confinamiento, acompañado por sus dos gatos y dos bicis que compró para desplazarse hasta que se sacó el permiso, a la primera por cierto.

Solo vio las fotos de la casa por internet. «Llamé al propietario y a los diez minutos ya estábamos de acuerdo», explica. «Luego tardé cuatro meses en venir porque estaba terminando de grabar una película en Madrid».

Un camión de mudanzas trasladó todas sus cosas desde la boardilla de un edificio de cinco plantas ubicada en lo que él llama «el Madrid de los Austrias» hasta Benifairó. En su primera impresión ya podría haberse arrepentido, teniendo en cuenta que llegó en tren a la estación de Tavernes. En noviembre. El típico lugar donde, en una película de terror, acabaría la víctima a la que persigue alguien que la quiere matar. «Menos mal que vi el número de varios taxis y llamé para que me trajeran hasta Benifairó», señala. Llegó al mismo tiempo que sus enseres, que habían viajado por otra parte en un camión de mudanzas.

El primer día de instalarse supo que había elegido bien. «Bajé a la calle y, de repente, escuché música y una banda que pasaba por la calle. Me pareció que tocaban muy bien, me encantó», explica. Buscó un bar, probablemente el mejor lugar para hacer amigos recién llegado a un pueblo, pero, para su sorpresa, se volvió a encontrar con la banda de música aunque esta vez en el interior del local. «Le pregunté al camarero qué pasaba y me dijo que ese día se celebraba Santa Cecilia (patrona de la música)». Aquello enamoró a Antonio Dyaz.

Además de lo material, entre lo que hay decenas de libros, también trasladó la sede de su empresa, Dyaz Entertainment, desde la que produce y dirige películas, imparte cursos, organiza exposiciones, produce música electrónica y, desde hace unos meses, edita libros. Lo hace a través del sello Harkonnen, del que han salido ya cinco títulos, entre ellos uno de Fernando Sánchez-Dragó y otro de Roger Wolfe, además de una novela suya propia. En estos momentos está acabando otro de Julián Hernández, actor, además de fundador y líder del exitoso grupo de los ochenta Siniestro Total. Porque hasta Benifairó también ha viajado su agenda de contactos, entre los que está el cantante Coque Malla que ya conoce Benifairó. «Hoy no necesitas estar en un sitio concreto para trabajar, con una conexión a internet es suficiente». Cuando toca viajar a Madrid para hacer presentaciones o trabajar en algún proyecto, lo hace «porque soy un enamorado de la ciudad».

En Benifairó está integrado desde el primer día e incluso se atreve con algo de valenciano. «Al poco de llegar organicé una barbacoa en la terraza para invitar a mis vecinos». Asegura que en Madrid «no conocía a los vecinos de mi escalera y aquí tienen mis llaves para cuando no estoy y me cuiden los gatos». Al ser una localidad pequeña la movilidad es más complicada y eso le ha obligado a sacarse el carné de conducir.

La idea de lanzar la editorial le surgió durante la pandemia. Reconoce que el proyecto avanza «muy lento» por lo complicado que resulta competir con las grandes firmas y en estos momentos está buscando empresas valencianas que quieran invertir en el proyecto y plasmar su logotipo en los libros que Harkonnen edite.

Relacióncon los alcaldes de Benifairó y Simat

Antonio Dyaz tenía claro que no llegaba a Benifairó de la Valldigna a aislarse, sino a integrarse, a ser uno más. Por ello, este «agitador cultural», como se define, una de las primeras cosas que hizo fue ponerse en contacto con el alcalde del municipio, Josep Antoni Alberola, para presentarse y ofrecerle la posibilidad de organizar eventos en la localidad. Lo mismo hizo con el de Simat de la Valldigna, Víctor Mansanet. Fruto de esa relación, ya ha organizado algunos foros de cine clásico y tiene previsto llevar a cabo otras actividades también en el Monestir.

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