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La pandemia frena la marcha de vecinos de la Safor al extranjero

La restricción de la movilidad y el auge del teletrabajo reducen las salidas

Varios jóvenes cargan con maletas a las puertas de la estación de tren de Gandia. | XIMO FERRI

Varios jóvenes cargan con maletas a las puertas de la estación de tren de Gandia. | XIMO FERRI

En once años, los que van desde el 2009 hasta el 2020, un total de 2.750 vecinos y vecinas de la comarca han decidido hacer las maletas e irse a vivir a otros países por diferentes motivos. Así lo recogen los datos que ofrece el Portal Estadístic de la Generalitat, que apunta que actualmente hay 6.350 saforenses que han fijado su residencia en el extranjero en algo más de una década.

La cifra ha ido creciendo año a año desde el primero que existen registros, el 2009. También lo hizo en 2020, aunque en este ejercicio llama la atención que lo hizo en mucha menor medida que en los años anteriores. Las restricciones provocadas por la pandemia del coronavirus están, con toda seguridad, detrás de que el año pasado se registrara la menor cifra de salidas. El frenazo se traduce en concreto, en que, durante el pasado ejercicio se marcharon 72 personas de toda la comarca, por las 170 que habían hecho las maletas en 2019 i las 108 del 2018. Es la primera vez, por tanto, que el número de salidas se sitúa por debajo del centenar.

El coronavirus ha tenido un efecto doble: por una parte, ha obligado a reducir de forma drástica la movilidad entre países, especialmente durante el año pasado, y eso ha tenido efecto en el frenazo que ha experimentado la salida de saforenses con rumbo a otros países. Muchos y muchas se han visto obligados a aplazar sus planes de buscar una nueva vida más allá de las fronteras, en tanto que la mayoría de las marchas se producen con el objetivo de buscar trabajo o ocupar algún puesto en el extranjero de la empresa en la que están contratados.

Al mismo tiempo, la pandemia ha acelerado un fenómeno que hasta ahora era prácticamente residual, el teletrabajo.

Los dispositivos de conexión permiten poder realizar casi cualquier labor sin estar de forma presencial en el puesto de trabajo. Aunque para nada es algo nuevo, hasta la llegada de la pandemia eran muy pocas empresas las que habían explotado este sistema que ya no obliga a ningún trabajador ni trabajadora a desplazarse para poder realizar su labor.

Muy lejos quedan, por tanto, las casi 400 personas que se marchaban en el año 2013 o las 346 del 2015. Eran tiempos de crisis. Las marchas empezaron a reducirse a partir del 2017, con una situación económica mejor, cuando ya se contabilizaban por debajo de las 200, como las 140 de ese mismo año, las 108 del 2018 o las 170 que se registraron en el 2019, antes de la pandemia.

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