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Cadersa restaura la de Ador con restos de su propia actividad

La empresa cierra un círculo de sostenibilidad ya que cuenta con una planta de valorización

Los hermanos Roberto y Daniel Boscà en Ador. | J.C.

El único caso de regeneración de una cantera inactiva es el que está llevando a cabo en Ador la empresa gandiense Cadersa, que regentan los hermanos Roberto y Daniel Boscà dedicada a construcción, demolición y valorización de residuos. La antigua cantera de Ador tiene una superficie de 33 hectáreas. Empezó a explotarse a mediados de los años sesenta por parte de una empresa de Villalonga para la industria del ladrillo, pero cesó su actividad.

Vista desde el Castell de Palma. ÓSCAR MARTÍ

El Castell de Palma, del siglo X y declarado Bien de Interés Cultural, en el término municipal de Alfauir, se quedó a pocos metros del corte, con un claro riesgo de que las voladuras afectaran a su estructura.

En el año 2014 los responsables de Cadersa compraron la mina, ya abandonada, con un objetivo loable: restaurarla aportando los residuos inertes que genera su propia actividad.

Con cerca de 70 trabajadores y una flota de 20 camiones, Cadersa se ha hecho cargo de trabajos de desescombro de importantes obras públicas, como el hotel Caleia, el Náutico de Gandia o el antiguo hospital comarcal, este último triturando «in situ» los restos con máquinas especializadas, y actualmente trabaja en la remodelación del Pont Nou de Gandia.

En la antigua cantera de Ador tienen aprobado su correspondiente plan de regeneración y reforestación por parte de la administración, y la empresa sigue aportando áridos para nivelar los terrenos. Por eso todavía no se han plantado árboles.

«Yo creo que tardaremos varios años hasta verla colmatada», apunta Roberto. Calculan que serán necesarios tres millones de metros cúbicos de tierra para devolver este paraje a su estado original, y en estos últimos siete años «sólo» han aportado 700.000 metros públicos. En la zona había un importante bosque de pino blanco que sucumbió a la cantera.

Con ello Cadersa completa el círculo de sostenibilidad, ya que desde hace seis años la empresa cuenta con una planta de valorización de residuos inertes de la construcción en el mismo polígono industrial de Ador. Allí los camiones transportan los escombros que ellos mismos recogen en las diferentes obras públicas y privadas, descartando los residuos que no se pueden reciclar y que son de lo más variopinto, como escayolas, restos de cuartos de baño, botes de pintura... El resto se recupera en forma de arena, grava o machaca, tres productos que se introducen de nuevo en el mercado.

Roberto Boscà es un firme defensor de los áridos reciclados, siempre que se traten en sus correspondientes plantas, para determinadas actividades de la construcción, como cimentaciones de naves industriales o aparcamientos, nivelar suelos, o las canalizaciones. «Es una lástima que el 90% de las zanjas se estén rellenando con arena natural», comenta.

Del reciclaje obtienen morteros que sirven para pavimentar, u hormigones no estructurales, para detalles menores, como los bordillos de una calle. Aplaude que ya existan algunos ayuntamientos que obligan al reciclaje de áridos a través de sus ordenanzas, pero urge a la Generalitat a avanzar en un decreto marco que lo regule. «Y con ello se reducirían los vertederos ilegales que salpican buena parte de los términos de nuestros pueblos».

Por otra parte, Boscà asegura que, aunque hoy en día sería muy difícil lograr una concesión para una nueva cantera en la Safor, y no hay un «boom» de la construcción como en los años 60 o 70, la oferta de áridos en la Safor está asegurada «para varias décadas» con las minas existentes en los alrededores.

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