Todolí pone su huerto citrícola en el mapa de la arquitectura
La cocina-comedor de su fundación, obra de Carlos Salazar sobre una idea de Ferran Adrià, premio Golden Novum Design

Dos aspectos de la obra construida en Palmera. Levante-emv / sergi sapena. gandia
Sergi Sapena
Vicent Todolí, que ha puesto al pequeño municipio de Palmera en el mapa de la citricultura y de la gastronomía, ha añadido ahora un nuevo referente, en este caso arquitectónico, con la construcción de una cocina-comedor que ideó nada menos que Ferran Adrià y que ha materializado el arquitecto valenciano Carlos Salazar. Esa singular obra acaba de recibir el Golden Novum Design Awdard.

El arquitecto Carlos Salazar y Vicent Todolí. levante-emv / sergi sapena. gandia
En este enclave situado entre Gandia y Oliva, la Todolí Citrus Fundació ha impulsado un singular complejo que engloba cultura, gastronomía, investigación y conservación paisajística. La idea nació de la inquietud de preservar el entorno del hogar familiar de Vicent Todolí dando forma a la colección citrícola más importante del mundo a cielo abierto, con cerca de 400 especies diferentes.

Todolí pone su huerto citrícola en el mapa de la arquitectura / sergi sapena. gandia
Para fomentar la gastronomía basada en los cítricos, Todolí también impulsó un concurso culinario, así como el llamado Bartolí-Lab, un edificio integrado en el huerto y pensado como cocina y centro creativo.
Así, la antigua casa de aperos ha dado paso a un edificio firmado por Carlos Salazar que se ha convertido en pequeña joya arquitectónica y que el premio que acaba de recibir sitúa en el mapa mundial del diseño en la construcción.
Carlos Salazar cuenta que se trata de un laboratorio gastronómico donde los chefs pueden experimentar con los cítricos y todas las posibilidades que ofrece su cultivo. En los exteriores e interiores del laboratorio-cocina se perciben detalles como la suave estructura que sostiene el ensamblaje de los dos cuerpos de la cubierta en voladizo, así como la permeabilidad lumínica que se consigue con las ventanas-lucernarios y los grandes vanos de las paredes. El equipamiento culinario está preparado para obtener una gran movilidad.
«La comprensión entre los actores del proyecto fue inmediata. Se trataba de poner el acento en la creatividad, en aportar algo de investigación y nunca buscar soluciones convencionales. Remarcar la conexión entre cultura, gastronomía, investigación con valores de futuro y un paisaje a conservar en un espacio protegido», señala el estudio del arquitecto Salazar.
La construcción se ha realizado sobre un antiguo almacén que se encontraba en un estado muy precario. «El resultado final se muestra grácil, funcional, luminoso, cuyo juego de geometrías arriesgadas provoca una sensación cercana al organicismo, lo que se acrecienta por su armoniosa presencia en el centro de los huertos».
El resultado es un espacio para trabajar, cocinar, elaborar productos relacionados con los cítricos, realizar eventos, charlas y también un comedor interior como exterior. Un aspecto muy importante que se ha tenido en cuenta en la fuerza de la luz natural del lugar. El edificio del laboratorio cuenta con unos grandes voladizos que suavizan el ambiente lumínico interior y que en una lateral genera un porche donde se realizan comidas al exterior junto a uno de los huertos de cítricos.
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