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La pandemia ha puesto a prueba a los usuarios

Durante el confinamiento falleció Vicent Pla, un excelente terapeuta con 28 años en la entidad

La pandemia de coronavirus, al margen del miedo a contraer la enfermedad y las medidas de prevención, ha tenido luces y sombras entre los usuarios de Proyecto Hombre. El centro de Gandia cerró el 13 de marzo de 2020, previo a la declaración del estado de alarma. A finales de mayo de 2020 se retomó la atención presencial y desde junio se pudieron hacer terapias más individuales.

Los terapeutas siguieron en contacto, primero por teléfono y luego los mismos usuarios se conectaron a reuniones en grupo por videoconferencia. La primera etapa del confinamiento, con bares y locales de ocio cerrados, sirvió como factor de protección y control de consumos. De hecho la mayoría de usuarios siguió cumpliendo objetivos.

Pero se calcula que un tercio tuvo consumos puntuales, principalmente de alcohol, cannabis y cocaína. Hubo recaídas y descompensaciones con abandonos del tratamiento y del confinamiento, aunque la rápida intervención y comunicación minimizó las consecuencias y se pudo reconducir a la mayoría.

En algunos casos empeoraron los problemas familiares que ya se arrastraban, al pasar tantas horas aislados en casa. También se incrementaron los casos de ansiedad. Un aspecto positivo que se podría sacar de aquella época es que aumentó el número de personas que pidieron ayuda por primera vez a Proyecto Hombre. Y justo ahora están notando también otro pico de solicitudes, que se suma al agravamiento de los problemas de salud mental entre la población general.

Por otra parte, durante el confinamiento, mientras toda España estaba pendiente de las noticias sobre el coronavirus, el equipo de Proyecto Hombre perdió a un excelente terapeuta, Vicent Pla Escolano, que falleció de forma repentina a mediados de marzo de 2020. Educador social, llevaba 28 años vinculado a esta entidad y era miembro fundador de la asociación Mosaic. En 2002 pasó a coordinar el centro de día en Gandia y en 2018 dio el salto a València, para trabajar en la comunidad terapéutica de la capital.

Vicent deja una huella imborrable entre todos los que le conocieron por su rigor científico, su paciencia y su manera de empatizar con familiares y usuarios.

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