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Un libro de poemas de vida sin artificios

La directora, fotógrafa y realizadora, Clara Climent, que era la profesora del grupo en teatro, coordina la edición del libro

Pepa Talens, Xelo Mollà, Federico Langa, Conxa Gascón, Tere Talens y Amparo Vercher, en la plaza Rafael Chirbes de Tavernes. | T. Á. C

Amparo Vercher nunca imaginó que vería un poema suyo en un estado de WhatsApp de otra persona que tiene como contacto en su teléfono. Esa mañana comprendió la dimensión que había tomado el proyecto en el que se embarcó junto a otras cuatro compañeras y un compañero de sus clases de teatro. El grupo firma los poemas que aparecen en «Tot el que no et vaig dir», un poemario que surgió como un ejercicio de clase y ha acabado por ser un auténtico éxito, con trescientos ejemplares ya vendidos, dos ediciones y, sobre todo, un fin muy importante: recaudar fondos para la lucha contra el cáncer. Son 36 textos escritos sin reglas literarias ni artificios, donde la única norma ha sido escuchar al corazón.

Las personas que protagonizan esta historia son cinco mujeres y un hombre, todos ellos jubilados, naturales y vecinos de Tavernes de la Valldigna. Se trata de Amparo Vercher, Conxa Gascón, Federico Langa, Pepa Talens, Tere Talens y Xelo Mollà. Como dicen en el pueblo, se conocían «de vista», menos Pepa y Tere, que son hermanas, y ahora todas coinciden en que «hemos creado una amistad que es para toda la vida».

El grupo se formó en el seno de las clases de teatro a las que acudían como parte de las actividades de envejecimiento que ofrece el departamento de Servicios Sociales que dirige Noelia Alberola, «Un paraigua de vida per a la gent gran».

Todas y todos disfrutaban mucho de las clases que impartía Clara Climent, directora de cine, fotógrafa y productora, que ha sido la encargada de coordinar la edición del libro. A principios de 2020 ensayaban un guión con la intención de estrenar la obra a final del curso pero la pandemia lo truncó todo. Llegó el encierro y las clases pasaron a ser online. La dificultad técnica para muchas de las personas que acudían, todas de la tercera edad, hizo que de más de una veintena solo quedaron seis.

Aunque el teatro siguió siendo el protagonista en aquellas clases, también la poesía entró en sus vidas a través de la pantalla. «Clara nos los planteaba como un ejercicio semanal. Debíamos escribir algo y después leerlo en clase para aprender a vocalizar», explica Xelo Mollà, de 66 años y quien dice que «casi ninguna lo había hecho antes y nos arriesgamos porque, además, queríamos hacerlo en valenciano, que aún nos cuesta más».

La inspiración para poner en marcha el proyecto fue una de las escritoras, Tere Talens. Ella misma explica que durante el curso le diagnosticaron cáncer pero no habló de ello al resto de compañeras. Cuando el grupo estaba en plena producción de los poemas «me enteré de que mi hermana, Pepa, también alumna, se lo había contado a Clara». «Ella no quiso decir nada al resto respetando que tampoco hubiera hablado del tema pero luego confesó que propuso que escribiéramos el libro porque mi hermana se lo había contado». La profesora, aun sabiendo de la enfermedad de Tere, siempre respetó su decisión de no hacerlo público. Sin embargo, la mujer habló en uno de sus poemas de su situación y «entonces me dijo Clara que todo esto había empezado por mí», relataba la propia Tere a Levante-EMV. De ahí que los fondos que se recauden vayan íntegros a la Asociación Contra el Cáncer.

Desde el fondo del corazón

Tere es la única que había hecho sus pinitos en la escritura, ya que lleva años colaborando con poemas para el «llibret» de su falla, la Prado de Tavernes, y también ha participado en alguna obra de teatro en su comisión. «Yo animaba al resto a que escribiera lo que le saliera del corazón», señala.

Amparo Vercher, de 68 años, cuenta que se apuntó al teatro «por llenar horas» y que «me enganchó».La pena, dice, es que «no he podido debutar aún» y destaca el gran grupo que han formado. Respecto al libro asegura que «lo veo como una hazaña increíble por nuestra parte». Pepa Talens tiene 62 años y es la hermana de Tere. Es de las pocas que había tenido algo de contacto con la poesía cuando, ya de mayor, se sacó el título de valenciano en la Escola d’Adults Bolomor. «Gané un par de concursos que organizaron», señala, pero «desde los 14 años que había salido de la escuela hasta entonces no había hecho nada».

Federico Langa es el único hombre del grupo y el más veterano. A sus 76 años se embarcó por primera vez en eso de hacer teatro. Pese a ello, se ha adaptado rápido después de una vida en la que ha tenido que arreglárselas solo. Con 17 años emigró a Alemania sin saber el idioma para trabajar en la barra de un restaurante. Después tuvo su propio negocio y también trabajó en mercados, explicaba.

Conxa Gascón, de 71 años, explica que se apuntó a teatro porque «me gustaba relacionarme con personas». Reconoce que «me desilusioné» cuando llegó el confinamiento pero no quiso dejarlo y se las apañó a solas para conectarse vía online a las clases. «Fue una nueva esperanza. Teníamos ganas de que llegara el martes para vernos, aunque fuera por el móvil». Están satisfechas con el resultado, pese a que no ha sido un proceso fácil. Explican que asumieron la rutina de que, fuera lo que fuera lo que estuvieran haciendo, cuando les venía alguna frase la escribían en un papel.

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