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Gandia Casi nadie se cree que Joan use la violencia

Gandia Casi nadie se cree que Joan use la violencia | SERGI SAPENA GANDIA

Cuando se agrede o humilla a una persona o un colectivo por su condición, sea la que fuera, allí está el rechazo y la protesta de Joan. Cuando hay que reivindicar la necesidad de poner por delante el ecosistema o la dignidad humana a los beneficios económicos, él está allí. Cuando hace décadas hubo atrevidos que se opusieron a incorporarse al servicio militar, incluso a costa de exponerse a multas o prisión, las manos de Joan no faltaban para acompañar y sus argumentos llenaban de razones los momentos de duda. Cuando se aprueban leyes que limitan derechos, su imagen, con o sin la bicicleta en la que circula, se hace presente. Y en los últimos años, ya jubilado, este hombre, Joan Cogollos, sigue dedicando una parte de su vida a evitar, y a denunciar, que haya personas que puedan quedarse sin casa porque no pueden pagarla. No importa el porqué, ni la edad, ni la raza. Cuando en la Safor empezó todo este movimiento de la Plataforma d’Afectats per la Hipoteca consiguió que la sede de un partido, Esquerra Unida, acogiera a una familia mientras se buscaba un lugar donde vivir. Y después lideró, aunque a él no le guste esa palabra, el movimiento contra los desahucios en la comarca. En el ADN de este maestro jubilado está la no violencia. Siempre ha sido así, y por eso hay tanta gente en la Safor, y fuera de ella, que no se cree que cometiera el error de agredir e insultar a un policía local durante un desahucio que tuvo lugar hace dos años en Oliva. El caso es que en el juicio por aquellos hechos, donde le piden año y medio de prisión, la llamada de solidaridad fue secundada por decenas de personas, conocidos o no, que expresaron su convicción de que Joan hizo lo que hizo, intentar evitar que echaran a una familia de la casa, sin violencia. Y por eso, sin entrar en cuestiones del procedimiento, el juicio se convirtió en una manifestación de solidaridad. Él, a la salida de la sala en la que se sentó ante el juez y se enfrentó a su imputación, siempre defendiendo que no usó la violencia y que es inocente, actuó como la mayoría de sus amigos saben que lo iba a hacer: con gratitud y con emoción. De frente a los concentrados, ante la mirada de dos agentes de la Policía Nacional y mientras una mujer le aplaudía, mostró la pancarta que paseó durante esa difícil mañana, que en este caso no era de protesta. Un pequeño cartel en el que escribió «Gràcies» con el que expresó mucho más que la suma ordenada de esas siete letras. Allí lo captó el fotógrafo, en la tarde del pasado miércoles, para congelar y poder transmitir este bello, emocionado y significativo testimonio gráfico.

Gandia Casi nadie se cree que Joan use la violencia | FOTOGRAFÍA DE JORDI ESTEVAN

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