Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Año preelectoral

Representantes de todos los grupos políticos de Gandia, y de la Mancomunitat, esta semana en uno de los actos celebrados en Fitur de Madrid. àlex oltra

L a Feria Internacional de Turismo de Madrid (Fitur) se perfila como escenario de golpes de efecto político. Si el año pasado Diana Morant anunció un macrocamping de 3.000 plazas dándolo por hecho y de espaldas a sus socios de gobierno cuando el proyecto todavía es objeto de estudios técnicos y de discrepancias entre el PSOE y Compromís, en la 42 edición de la feria turística de referencia la presentación de un polideportivo multiusos, también de 3.000 plazas y también situado en el Grau, ha sido, como golpe de efecto, un éxito incuestionable del gobierno.

Año preelectoral

El baño de multitudes que se dio ayer Víctor Soler en el Serrano, ya ungido como presidente local de PP, quedaba como en sordina, ahogado por una noticia que no era de partido sino de interés público, que respondía a necesidades objetivas de ciudad y que, por otra parte, desmentía las afirmaciones del líder popular realizadas en el último pleno sobre la escasez de proyectos del bipartito. «Son siempre los mismos», dijo Soler, dando a entender que no eran muchos y se estiraban como chicle. No es probable que Soler se sienta ahora con ganas de repetir esa frase.

En la función doble representada esta semana el gobierno ha sorprendido con una puesta en escena que cumple con las expectativas del público mayoritario y que en cierto sentido simboliza la trayectoria de los dos últimos mandatos progresistas y su capacidad, en un ayuntamiento intervenido, de contar con colaboradores institucionales como la Diputación o la Generalitat.

Por su parte, la oposición sacaba adelante en el Serrano algo así como una reposición de El divino impaciente, vieja obra de José María Pemán que sirve para expresar las ansiedades que a dieciséis meses de las elecciones atenazan al líder popular. Una angustia comprensible si se tiene en cuenta que en ese plazo Soler se juega su futuro político. No puede permitirse una segunda derrota y a día de hoy ni siquiera disfruta de atribuciones para confirmarse oficiosamente como cabeza de lista electoral en 2023. La obra del Serrano contó, naturalmente, con un público entregado, pero es dudoso que colmase las aspiraciones de Soler. ¿Desde cuándo un primer actor es tratado como un meritorio? Ese es el problema que la dirección del PP valenciano esquiva desde hace casi siete años y que ayer Mazón tampoco resolvió. Bien leído, el nombramiento de Soler como presidente del PP local no era más que la versión de un gesto temible: esas palmaditas en la espalda que se dan al interesado como reconocimiento por los servicios prestados pero que también contienen la advertencia de que no debe olvidar quién manda.

Las sensaciones del público o la psicología del votante son un misterio solo comparable a las decisiones internas de los partidos y por supuesto pueden cambiar, pero las diferencias actuales entre el gobierno y la oposición son tan obvias que es difícil que haya dejado de percibirlas una amplia mayoría de ciudadanos o se desvanezcan en unos meses.

El PSOE local es el único partido que ha desplegado el mapa electoral y se ha fijado un objetivo claro. Que ese propósito forzado por el relevo en la alcaldía y la urgencia de consolidar la imagen pública de José Manuel Prieto responda a una necesidad ciudadana o institucional es otra cuestión. Pero sin duda la estrategia puesta en marcha por los socialistas ha inaugurado un largo periodo de campaña preelectoral que marcará el desarrollo del actual ejercicio político hasta la llegada del ruido y la campaña oficial. Por el momento Prieto es el único candidato actualmente identificable y con un plan definido que básicamente consiste en conquistar el mayor espacio del centro electoral (lo que explica muchas de las decisiones que ha tomado en los últimos meses), mientras Soler se verá obligado una vez más a hacer méritos ante la superioridad y Alandete, que también aspira a repetir candidatura, a persuadir a su partido de que sigue siendo su mejor opción. Tanto nacionalistas como populares parecen dispuestos a repetir los errores organizativos que uno y otro pagaron caro en las urnas en 2019. Parece que queda mucho tiempo por delante, y es cierto que quince meses, en política, son una eternidad. Pero el problema no es el tiempo, sino el material que ya ha empezado a colocar la competencia en el mercado y la capacidad de neutralizarlo con productos propios. Y quienes olvidan esa verdad comercial tan simple quizás merezcan su suerte.

Compartir el artículo

stats