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La voz de Ròtova cuelga el megáfono

Rafael García se jubila tras 20 años pronunciando el bando: "El primer día me enganchaba y estaba muy nervioso"

Rafa Garcia, rodeado de niños y niñas, pronunciando uno de los bandos en una calle de Ròtova

Los vecinos y las vecinas de la localidad de Ròtova tendrán que acostumbrarse, a partir de hoy, a que una voz diferente a la que han escuchado durante las dos últimas décadas les anuncie las noticias del día. Porque, a sus 63 años, se jubila Rafa Garcia, el trabajador municipal que, megáfono en mano, se encargaba de cantar el bando por las calles de la localidad. Deja el puesto y puede presumir de hacerlo con un legado de resistencia a las nuevas tecnologías. Porque en los tiempos en los que los mensajes llegan de forma rápida y directa a cada persona a través de los teléfonos móviles, él nunca renunció a seguir utilizando dos herramientas tan tradicionales como son la corneta, con la que avisaba de que iba a pronunciar el bando, y el megáfono que le permitía amplificar su voz para realizar los anuncios a sus vecinos y vecinas. "El WhatsApp es algo para la gente joven pero la gente mayor no se aclara mucho con esa tecnología y prefiere que se siga haciendo el bando de voz". Por ese motivo, Rafael ha seguido realizando los bandos como hace más de 20 años.

El hombre, que además es natural y vecino de la localidad, recuerda sus inicios, que no fueron nada fáciles. Asumió la tarea casi por casualidad. "Me contrataron para trabajar en el ayuntamiento para unos días porque una persona estaba de baja y a los pocos días me dijeron que tenía que hacer el bando". Aquel ofrecimiento no fue precisamente bien acogido desde el primer momento porque, como señala el hombre, "yo no lo había hecho nunca". Pese a ello, se lanzó al ruedo y "le dije que intentaría hacerlo lo mejor posible".

Inicios complicados

Los primeros días no fueron precisamente fáciles. "Estaba muy nervioso, me enganchaba con el texto y el vecindario de la mitad de las calles me decía que no se me escuchaba bien, que hablaba bajo". Esa es una anécdota que recordará toda su vida. Pero, poco a poco, aquellos nervios fueron quedando atrás y "me aficioné a hacerlo" hasta el punto que ha estado más de dos décadas informando a sus vecinos y vecinas de las cuestiones más importantes. Ni siquiera durante las semanas de confinamiento dejó de pronunciar el bando. "Fue en ocasiones muy puntuales", señala, pero se convirtió en el nexo de unión entre unos vecinos y vecinas que no podían salir de sus casas con la realidad municipal.

Asegura que "no hay ningún secreto" para hacer un buen pregón, aunque ya ha dado algunos consejos al compañero que le sustituirá a partir de ahora. "Primero le he enseñado el recorrido que debe seguir, que son 20 puntos de la localidad y luego pues le he asesorado en algunos aspectos", indicaba. Lo que está claro es que Rafel, como le conocen en la localidad, va a dejar una huella imborrable, ya que es una persona que se ha ganado el cariño de todos y todas. "A veces ha venido gente a decirme que cuando he empezado el bando no ha escuchado lo primero porque estaba dentro de casa y se lo he repetido individualmente". Son gestos con los que Rafel se ha ganado el cariño de todo el vecindario de Ròtova.

Un vecino más

Por suerte para la localidad, la tradición no acaba con él, ya que la persona que recoge su testigo va a seguir realizando los bandos de la misma forma. Por su parte, desde hoy pasa al otro bando y se convierte en un vecino más, aunque, sin duda, cada vez que escuche sonar la corneta se instalarán en su cabeza centenares de imágenes y recuerdos.

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