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Villalonga suma a su patrimonio un antiguo horno de cal industrial

Una familia cede al ayuntamiento el complejo que producía para la fábrica de papel

Villalonga suma a su patrimonio un antiguo horno de cal industrial

El Ayuntamiento de Villalonga acaba de adquirir, mediante una donación de la familia Ribes-Serquera, una pieza del patrimonio histórico de la localidad consistente en un horno de cal situado en la partida de Carboneres, muy cerca del casco urbano, lo que lo convierte en doblemente atractivo por la posibilidad de ser visitado cuando se restaure.

Según ha informado el concejal de Compromís, Domingo García, hace un tiempo, cuando ocupaba la alcaldía de la localidad, la familia propietaria le trasladó la intención de donar al pueblo ese elemento. Se trata de un complejo industrial antiguo y en estado ruinoso que, obviamente, necesitará un proceso de restauración.

Villalonga suma a su patrimonio un antiguo horno de cal industrial

Según han señalado personas conocedoras de este horno, no se trata de un elemento menor. El de Carboneres se utilizó durante décadas para la producción de cal destinada a la cercana fábrica de papel del Raconc, junto al río Serpis, que contó una importante actividad y empleó a cientos de personas hasta que, en los años 60 del siglo pasado, se inició un proceso de declive de estas industrias. La papelera cerró definitivamente en los años 90 del siglo pasado.

El horno de cal se construyó entre finales del siglo XIX y principios del XX y a lo largo del tiempo tuvo remodelaciones y mejoras para adaptarse a la producción. En este lugar no se llevaba a cabo una actividad temporal o puntual, sino que la de Carboneres fue una auténtica industria, construida expresamente y se trabajaba a un ritmo diario para proveer a la fábrica de papel cercana para darle blancura al papel.

Villalonga suma a su patrimonio un antiguo horno de cal industrial

Piedra caliza y combustión

Hasta ese lugar se transportaba la piedra caliza, la elegida para llevar a cabo el proceso, se metía en el horno y se iniciaba una combustión lenta que finalizaba transformándola en cal viva. Esa labor precisaba mano de obra y dos materiales básicos, la propia piedra y la madera para elevarla a altas temperaturas. Eso, además, contribuía a mantener limpia la montaña.

Según ha informado el concejal García, las gestiones realizadas concluyeron el pasado 1 de marzo, cuando se firmó ante notario la donación del horno, que ya es propiedad del ayuntamiento.

«Ahora es necesario restaurarlo y hacerlo visitable para que la gente pueda conocer una parte de la historia de nuestro pueblo», indica el concejal, quien agradece a la familia Ribes-Serquera «su predisposición y sensibilidad de salvaguardar parte del patrimonio de todos».

El horno está cubierto parcialmente por la vegetación invasiva y, según señalan responsables municipales, todavía no se ha fijado ni la fecha ni el presupuesto para llevar a cabo la limpieza y restauración.

Cerca del horno también solía haber una barraca utilizada como refugio mientras se producía la combustión lenta, momento en que necesita estar permanentemente atendido.

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