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«Los primeros trajes nos los hicieron unas monjitas»

Javier y Jordi Pérez repasan anécdotas de la representación de la Pasión de Cristo en Gandia

Javier y Jordi Pérez, padre e hijo, junto a la imagen de la exposición. J.C.

La Semana Santa de Gandia también está representada en la exposición «Levante-EMV a la Safor», que se puede ver hasta mañana domingo, al aire libre, en el paseo de les Germanies, y que el periódico ha organizado para celebrar en las comarcas su 150 aniversario. En este caso, se pone el foco en uno de los actos más singulares, que lleva a cabo la hermandad de la Santa Cena Viviente; la representación de la Pasión de Cristo, cada Domingo de Ramos, en la barriada de Santa Anna, de donde es originaria la cofradía. En la imagen, captada en el año 1991 por Tono Creus, aparecen soldados romanos golpeando a Cristo mientras lleva la cruz a cuestas. El personaje que encarna a Cristo, José Antonio Morant, ya fallecido, lo hizo durante más de quince años.

Para hablar de la foto y de algunas anécdotas, el periódico citó al hermano mayor, Jordi Pérez, acompañado por su padre, Javier, vocal en la directiva. Javier puede reconocer a su hermano en la imagen. «Yo salía de negrito en la escena del lavatorio de manos de Pilatos», apunta.

El Vía Crucis de Santa Anna surgió en 1976, unos meses antes de que la cofradía se constituyera como tal. Es cada vez más conocido, y de hecho este mismo año los organizadores se han sorprendido con la cantidad de gente que se ha acercado al barrio a verlo.

Con los años se han incorporado más escenas, como la de la Última Cena, en la puerta de la parroquia. Además, ha habido mejoras en la indumentaria y en la megafonía. «Los primeros trajes nos los hicieron unas monjitas», recuerda Javier. Los actores, algunos ya experimentados, han perfeccionado sus papeles.

La cofradía también escenifica la Santa Cena, en un paso que desfila como uno más en las procesiones, algo que agradecen a la Junta Mayor. «Al principio salíamos con comida real, que luego donábamos a la beneficencia, pero desde hace unos años son piezas artificiales, porque a veces la ropa se manchaba y costaba mucho limpiarla», apunta Jordi.

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