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Candidatos reales, virtuales y Espectrales

Candidatos reales, virtuales y Espectrales

Como en política, y especialmente en el PP, lo oblicuo adquiere la forma natural de la transparencia, esta semana Carlos Mazón confirmaba a Víctor Soler como candidato a la alcaldía, pero solo un poco, saliéndose por la tangente, dejando la designación definitiva en manos «del PP de Gandia» y añadiendo una divertida coda tras elogiar las virtudes políticas del líder popular: «creo que he sido bastante claro». Tan claro como el mudo de los Hermanos Marx. Lo que realmente vino a decir Mazón sobre Soler fue que como la vida da muchas vueltas y nunca hay que descartar la aparición de un mirlo blanco, por el momento él no se iba a mojar. Comparada con la candidatura, tampoco oficial, pero que nadie cuestiona, de José Manuel Prieto, la de Soler sigue en el aire, sobre todo si se piensa en el historial de inmolaciones de última hora que arrastra el PP local y con el que se podría crear otro museo, como el del Crimen de Londres, pero más sangriento.

Candidatos reales, virtuales y Espectrales

A pesar de todo, la candidatura virtual de Víctor Soler es mucho más sólida que la que hoy puede ofrecer Compromís, puramente espectral, como las caras de Bélmez. Cada día que pasa, Soler se refuerza como candidato, no por lo que diga Mazón, sino porque –bueno, malo o pésimo- ha puesto en pie un plan ante la galería que limita progresivamente las posibilidades de su partido de reemplazarle por otro cabeza de lista.

Si en la campaña de 2019, el PP, sumido en otra de sus batallas internas, llegó a las más altas cotas del desastre organizativo, ahora se ha subido ágilmente al carro electoral con una contraofensiva dispuesta a rivalizar con la estrategia de autopromoción que antes había puesto en marcha el PSOE, que iba a toda vela y estaba a punto de desbordar el término municipal. Si hay algo que nadie puede reprocharle al PSOE es imprevisión, o un déficit de orden interno, o haber caído en escándalos, cismas o letargos en el relevo de sus líderes o en periodo electoral. Siempre toma la iniciativa. Parece un dato menor, pero esa idea de la disciplina ha contribuido no poco a que los socialistas hayan permanecido desde 1983 (frecuentemente en coalición con los nacionalistas) al frente de los gobiernos de Gandia, excluyendo los cuatro años del mandato de Torró. Cada vez que el PP representaba ante los gandienses la penúltima versión de la matanza de Chicago, aparecía el PSOE, en perfecto estado de revista, como destino natural del espantado electorado de centro, haciendo caja. Incluso cuando liquidaron a Salvador Moragues, los socialistas consiguieron que pareciera un accidente laboral.

Aunque los votantes no piensen nunca en la organización interna de los partidos, huelen a distancia, registran y archivan mentalmente cualquier anomalía o grieta que dejan a la vista y desde luego quieren saber quién manda en ellos, no cuándo se reúne la ejecutiva local, quiénes rivalizan por el poder, los puntos de vista de las distintas facciones o el orden del día de la próxima asamblea.

A un año de las elecciones municipales, y a seis meses de la llegada del ruido, la pregunta que está en el aire y cada vez en más bocas es qué está pasando en Compromís. Aun admitiendo que los ciudadanos tienen derecho a que los partidos no fundan los plomos de la política antes de tiempo y que la anticipación artificial de una campaña no es lo más deseable ni presentable, autoexcluirse de la atmósfera política real no puede verse como una idea portentosa.

Ante un acelerado escenario político que obliga a tomar urgentes decisiones de partido, el partido y sus complicados procedimientos y demoras emergen como los peores enemigos de quienes lo representan. Pero quienes lo representan en Gandia tampoco se muestran preocupados por la situación, a juzgar por las recientes manifestaciones de Alícia Izquierdo, publicadas en este periódico, en las que reivindica esos trámites orgánicos y una morosidad resolutiva que lo fía todo al largo plazo y nunca ha logrado gran cosa en las urnas.

Ni siquiera parecen haber reparado en Compromís-Més Gandia Unida en que a estas alturas un candidato inédito llegaría tarde a la precampaña y que, en las actuales circunstancias, mantener el tándem Alandete-Izquierdo es la opción de menos riesgo, siempre que esos dos políticos se sienten a una mesa a hablar en serio y decidan si su partido está teniendo una crisis de crecimiento o de raquitismo. Tras la insólita, pero aún más elocuente dimisión de Ferran Martínez Mendoza, son esos dos concejales a los que en la calle la gente asocia a su partido y a la acción y logros del ejecutivo local y de los que dependen las expectativas de Compromís y la continuidad de un gobierno progresista.

Se da además la paradoja de que quienes cuentan con una estrategia electoral (PSOE y PP) la necesitan menos que Compromís, cuya marca debe reforzarse simultáneamente con la visibilidad de líderes y de un proyecto reconocibles a simple vista. Creer que un partido puede permitirse por segunda vez consecutiva caer en la irresolución, diversificación de esfuerzos y en el choque de personalismos y facciones que hace tres años coincidieron con la pérdida de un 25% de los votos cosechados en 2015 no revela grandes reflejos organizativos, ni una arrolladora sed de victoria. Por muy competente que Compromís-Més Gandia haya sido o esté siendo en las tareas de gobierno, difícilmente podrá rentabilizarlas en el mercado electoral sin un plan, una agenda para aplicarlo y un líder respaldado por un partido unido y con ideas claras. Si esas tres condiciones nunca garantizan los mejores resultados, cuando no existen permiten pronosticar los peores.

Pero una formación política cuya anterior dirigente se mostró partidaria hace siete años de mantener a Torró en la alcaldía y de que saliera el sol por Antequera, cambia a menudo de nombre y de candidatos, es capaz de dejar escapar a sus activos más brillantes sin que le tiemble el pulso y a la que tampoco le preocupan las maniobras electorales de la competencia seguramente anda sobrada de talento y nos dará grandes sorpresas después de que, una vez más, vuelva a inventar la pólvora.

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