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La primavera más lluviosa regala la imagen de ríos vivos todo el verano

De marzo a mayo las lluvias dejaron más de mil litros en la comarca

El cauce del Serpis, con el Pont Nou de Gandia en primer término, a mediodía de ayer. levante-emv

Contrariamente a lo que ha ocurrido en los últimos veranos en la comarca de la Safor, en este de 2022 los ríos, y también los barrancos más importantes, ofrecen una imagen tan insólita como agradable. A dos semanas de que concluya un agosto que se recordará por el calor sofocante y el desastroso incendio en la Marina Alta, un considerable caudal discurre por esos mismos cauces que otros años han estado secos.

La primera consecuencia es, obviamente, para la naturaleza y el paisaje. Las especies animales pueblan estos espacios fluviales y sus riberas, y no es nada raro pasear por ambos lados del Serpis, en la misma ciudad de Gandia, para observar grupos de patos y otras especies. De más de cerca se aprecian peces que pueblan este ecosistema tan amenazado por las consecuencias del cambio climático.

En segundo lugar, esta fiesta del agua corriente ha aparcado, siquiera por un año, el debate político y ambiental abierto sobre la gestión de los recursos hídricos y la exigencia de muchos de que se garantice un caudal ecológico, permanente durante todo el año, en el Serpis. Este verano nadie ha necesitado reivindicar que el río que nace en las montañas de Alcoi llegue hasta el mar. Buena noticia también es que ese caudal de agua limpia no suponga ningún riesgo para la salubridad de las playas.

Cada uno en sus respectivas dimensiones, la misma imagen se aprecia en el río Vaca, que discurre entre Simat de la Valldigna y Xeraco, el Vernissa, el principal afluente del Serpis, y la rambla de la Gallinera que discurre al sur de Oliva.

Para explicar ese «fenómeno» que ya no se da en la mayoría de los veranos hay un solo argumento. La pasada primavera fue la más lluviosa en décadas en esta comarca, y también en las vecinas, lo que permitió primero grandes caudales de escorrentía y después llenar los acuíferos que, lentamente, van soltando el líquido filtrado que ahora discurre por los cauces.

El pantano de Beniarrés, que permanece todavía a dos tercios de su capacidad, no solo ofrece una imagen espléndida, sino que esa gran cantidad de agua ha facilitado mucho la carga rápida a los hidroaviones y helicópteros que durante días han trabajado en las tareas de extinción del incendio que se originó en el municipio de la Vall d’Ebo y que se extendió por las montañas de la Marina y del Comtat.

En apenas unas semanas se podrá ver que el río Serpis incluso incrementa el caudal porque la Confederación Hidrográfica del Júcar comenzará a desembalsar agua de Beniarrés. El pantano se tiene que quedar al 50% de su capacidad máxima el 1 de octubre, cuando comienza el periodo de mayor riesgo de fuertes lluvias, y así poder actuar como laminador de posibles avenidas del Serpis.

Como informó este periódico, entre febrero y mayo de este año las lluvias dejaron acumulados superiores a los mil litros por metro cuadrado en amplísimas zonas de la Safor, la Vall d’Albaida y el Comtat, caso de los municipios de Barx, Pinet o l’Orxa. Eso ha garantizado agua «de sobra». Pero atención porque desde mayo no llueve y la amenaza de sequía obliga a no bajar la guardia, a no derrochar agua y a mantener la ejecución de infraestructuras por si, en un futuro menos agradable, el agua comienza a escasear.

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