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Una pradera submarina obliga a mover la zona de varada del puerto de Gandia

El varado forzoso es tan extraño que en Gandia no se ha dado en las últimas décadas

La bocana del puerto de Gandia, con el Náutico en primer plano, y, a la derecha, el dique del Serpis y la playas de Rafalcaïd y Daimús, donde se sitúa la zona de varada. | LEVANTE-EMV

El afán de preservar espacios naturales frente a los impactos de las infraestructuras es de sobra conocido en áreas terrestres, pero no tanto en las marinas, y aún menos cuando afectan al área submarina. Por eso llama la atención la última resolución de la Autoridad Portuaria de València (APV) respecto al puerto de Gandia, que ha consistido en trasladar unos centenares de metros hacia el sur el espacio reservado a la llamada zona de varada.

Una pradera submarina obliga a mover la zona de varada del puerto de Gandia

Según diversos expertos consultados ayer por este periódico, la zona de varada es ese lugar al que se dirigiría un buque mercante o de pasajeros cuando sufre un problema que no puede solucionar y que podría acarrear consecuencias desastrosas. En esos casos, que solo se dan en contadísimas ocasiones, los puertos deben disponer de una «playa» a la que dirigir el barco con la mayor prudencia posible hasta que la quilla se hunda en la arena y quede completamente bloqueado. Allí mismo, con ayuda desde tierra, se trataría de solucionar el problema antes de devolver el barco al mar.

En el puerto gandiense esa situación no se ha dado en las últimas décadas, pero el protocolo de seguridad marítima obliga a disponer de la zona de varada, que, hace años, quedó establecida en Rafalcaïd, a unos quinientos metros al sur de los diques de protección portuaria, justo entre la desembocadura del río Serpis y la playa dels Pedregals, ya en el término de Daimús.

Ayer mismo la APV anunciaba que, si algún día un barco tiene que embarrancar para evitar males mayores, deberá evitar ese lugar para dirigir la proa unos quinientos metros más al sur, coincidiendo plenamente con la playa dels Pedregals.

El motivo no es otro que el informe ambiental recibido en la APV que apunta a la existencia de una pradera de «Cymodocea donosa», una especie vegetal poco conocida para la mayoría de los mortales pero que constituye la segunda planta marina más importante del Mediterráneo, después de la Posidonia. Aunque la posibilidad de que un barco se dirija hacia la playa para embarrancar sea bajísima, las autoridades consideran necesario preservar esos pequeños bosques que no se ven pero que crecen en el lecho de los mares y que son muy beneficiosos.

Fuente de biodiversidad

La «Cymodocea donosa» crece en fondos de arena o fango, con débil o moderado oleaje, y puede llegar a formar céspedes más o menos densos que recubren tanto los fondos de lagunas costeras y bahías en una franja litoral comprendida entre 6 y 20 metros de profundidad. Es similar a la más conocida Posidonia, y sus efectos también son muy beneficiosos porque actúa como bosque submarino que favorece la biodiversidad. También, y es algo no menos importante en estos tiempos, contribuye a consolidar el fondo marino y a evitar la pérdida de arena.

Ayer, consultado por este periódico, el biólogo e investigador Miguel Rodilla, del campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València, señalaba que, efectivamente, se conoce de la existencia de esa pradera de «Cymodocea donosa» frente a Rafalcaïd, pero añade que se trata de ecosistemas muy vulnerables ante los fuertes temporales, de ahí que consideró necesario realizar otra inmersión para determinar su estado. En cualquier caso con la simple existencia de un área, por muy reducida que sea, ya valdría la pena adoptar todo tipo de medidas para intentar que se consolide y que las plantas vayan ocupando más extensión.

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