Exagerando un poquito, solo falta un diluvio universal u otra de aquellas terribles plagas bíblicas para que la urbanización de Equipamientos Privados de la playa de Gandia complete su increíble expediente de desgracias. Porque, ahora ya ha quedado claro, este proyecto destinado a abrir 174.000 metros cuadrados para la ubicación de negocios va a cabalgar nada menos que sobre cinco legislaturas. Lo empezó el Gobierno local que dirigieron José Manuel Orengo y Fernando Mut y lo acabará, si Dios quiere, el alcalde que salga elegido en las próximas elecciones de mayo de 2023.

Sucesivamente se puede hablar de problemas judiciales, expedientes técnicos para minimizar el impacto sobre el marjal colindante, la complejidad para garantizar la evacuación de agua en caso de fuertes lluvias, un cambio en la toma de de la línea eléctrica que precisa la futura urbanización, un laberinto judicial que paralizó casi todo el proceso durante cerca de una década, el paréntesis obligado de la crisis sanitaria del covid y, ahora, el encarecimiento de los materiales de obra.

Con esa relación, a la que se le podrían sumar otros «males menores», el Ayuntamiento de Gandia ya ha asumido que no habrá foto de inauguración antes de las próximas elecciones.

Los trabajos en la urbanización Jordi Estevan

Hace unas semanas el concejal de Urbanismo, Josep Alandete, acompañado por técnicos municipales, estuvieron sobre el terreno para comprobar el avance de los trabajos. Antes de que estuvieran allí ya se sabía que la concesión de licencias para comenzar a construir edificios no se podría producir porque, en el colmo de las circunstancias, el retraso de otro proyecto también afecta a la urbanización. Se trata del depósito de acumulación de aguas pluviales, para evitar inundaciones, que comenzará a construirse en unas semanas en el parque del Clot de la Mota y que se prolongará, previsiblemente, hasta el año 2024.

Además de una de las más antiguas, la urbanización de Equipamientos Privados de la playa de Gandia no deja de ser una de las más singulares de Gandia. Por un lado, su misión fundamental es facilitar la apertura de locales comerciales y de cualquier otro uso, entre ellos los reservados al ocio, como pubs, discotecas y de restauración, que allí, sin viviendas alrededor, no generarían molestias a los vecinos. En segundo lugar, hace años que, en una de las modificaciones del proyecto, se optó por aprovechar el marjal adyacente para habilitar un gran paseo verde junto a esa zona húmeda. Y, en tercer lugar, esta será la primera urbanización de Gandia que aplicará, en su integridad el llamado plan de Terrazas Verdes. Los edificios que aquí se levanten, siempre que las condiciones técnicas lo permitan, deberán contar con placas solares y una especie de jardín en su parte más alta. Eso, señala el concejal Alandete, permitirá suavizar la transición visual desde el marjal, un espacio de gran valor ambiental, a la zona urbana, constituida por enormes edificios y áreas asfaltadas.