La justicia libra al Arzobispado de pagar 2,3 millones a Oliva por el fiasco del Centro Ecuménico
La sentencia del Tribunal de lo Contencioso Administrativo da la razón a la Iglesia y rebaja a 296.732 euros el detrimento generado en la parcela municipal por no construir el templo. El ayuntamiento estudia si recurre o acepta la resolución para impulsar un uso a la enorme parcela

La estructura del Centro Ecuménico, abandonada, en Oliva Nova. / Levante-EMV
El Arzobispado de València se ha librado de pagar 2.344.146 euros al Ayuntamiento de Oliva en concepto de la pérdida de valor de la parcela en la que se promovió el Centro Ecuménico el Salvador. Ese era el dinero que pidió el consistorio olivense, mediante acuerdo de pleno del 29 de enero de 2020, para dejar expedita esa enorme parcela de 25.000 metros cuadrados y retirar las aproximadamente 28.000 toneladas de hormigón que se quedaron allí, sin ningún uso, cuando las obras del edificio quedaron paralizadas.
Así lo establece la sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 4 de València que, asumiendo el criterio del Arzobispado, deja en 296.732 euros la cantidad que deberá pagar al consistorio olivense, que ya recuperó la propiedad del solar hace años, cuando otra resolución judicial resolvió el incumplimiento de la Iglesia en los plazos para construir el Centro Ecuménico y, por lo tanto, obligaba a la reversión del suelo municipal que fue cedido gratuitamente en su día.

Vicente Sastre explica, a finales de los años 90, el Templo Ecuménico el Salvador / Levante-EMV
Esta sentencia dirimía fundamentalmente si, como estimaba el ayuntamiento, toda la estructura construida, fundamentalmente sótanos, pilares y cimientos, era inservible y debía se retirada para dar un futuro uso al solar o si, como por su parte apuntaba el arzobispado, no todo se tiene que dar por malo y se puede aprovechar lo que ya está hecho para otros usos. Esa estructura, señala la Iglesia, es «totalmente compatible con cualquier edificación prevista», por lo que el pago de 2,3 millones reclamados por el ayuntamiento podía constituir un «enriquecimiento injusto» de la Administración local.
Cambio climático
En su argumento los abogados de la Iglesia incluso señalaron al juez los efectos que sobre el cambio climático tendrían las emisiones de dióxido de carbono que se habrían generado con las obras de demolición de la losa de cimentación y su posterior traslado a un vertedero.
El juez estima que el ayuntamiento, sin un expediente previo, solicitó un informe a un arquitecto externo «requiriéndole exclusivamente para la valoración de la demolición de la obra y la restauración del solar a su estado original», lo que supuso un «desvío arbitrario de sus atribuciones» que perjudicaba al arzobispado.
Posible último capítulo
Esta sentencia conocida ayer puede ser la última del larguísimo enfrentamiento que Arzobispado de València y Ayuntamiento de Oliva han mantenido a cuenta del fiasco que supuso el Centro Ecuménico el Salvador.
Según señalan fuentes municipales el Gobierno local va a estudiar la resolución con sus abogados. Si recurre, prolongará el litigio, pero si opta por no hacerlo y el fallo del juzgado pasa a ser firme, podrá reclamar inmediatamente el pago de los 296.732 euros en que se cuantifica el detrimento del valor del solar y, lo más importante, dejará definitivamente la puerta abierta a que el consistorio pueda gestionar, negociar o impulsar un proyecto que pueda aprovechar la parcela, situada en la urbanización de Oliva Nova.

Una imagen aérea de la estructura del Centro Ecuménico de Oliva. / Levante-EMV
El Centro Ecuménico el Salvador, como ha quedado perfectamente reflejado en esta y en otras sentencias anteriores, fue un proyecto de enorme envergadura que la Iglesia valenciana impulsó en la última década del siglo pasado, animada en parte por los mensajes del papa Juan Pablo II, que impulsaba un acercamiento entre las distintas confesiones cristianas.
Fue entonces cuando el arzobispado activó la Fundación Templo Ecuménico el Salvador (Tecsal), pero muy pronto se vio que el único dinero que la alimentaba era el que ponía el Consell de la Generalitat, entonces presidido por Eduardo Zaplana. Ni las distintas iglesias cristianas ni empresas privadas, ni el Vaticano, como inicialmente se dijo, se implicaron económicamente en un proyecto de cierto aire megalómano que se quedó en los cimientos.
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