Plena inclusión en el colegio con la ayuda de la ONCE
La mayoría de los niños ciegos o con discapacidad visual asiste a clase en los mismos colegios que el resto, apoyados por los maestros de los propios centros y también por equipos de la ONCE. Izan y Leire aprenden al mismo ritmo que los demás pero hacen un esfuerzo mayor.

Izan y Leire junto a la madre de ambos, Arantxa, a la izquierda, y Beatriz, maestra de la ONCE, en el aula. / J.C.
Josep Camacho
Como miles de niños, los hermanos Izan, de 5 años, y Leire, de 9, empezaron el curso escolar en la Comunitat Valenciana el pasado 11 de septiembre; Izan en 3º de Infantil y la mayor en 3º de Primaria, ambos en el colegio Esclavas, en Benirredrà. Están perfectamente integrados en el centro educativo, pero para llegar al mismo nivel deben esforzarse mucho más que el resto, porque ambos tienen una grave discapacidad visual por un glaucoma congénito.
Leire apenas tiene visión periférica, sólo central y corta, y padece fotofobia. A los dos meses le operaron en La Fe. Izan, por su parte, estuvo ingresado tras nacer y a los nueve meses le trasplantaron la córnea, también en La Fe.
Sus padres son Arantxa Alaya (33) y Amador Pons (37) dos jóvenes luchadores que pese a las adversidades mantienen una actitud optimista ante la vida. «En el hospital coincidimos con más padres en la misma situación y es cuando nos hablaron de la ONCE», cuenta Arantxa.
Desde su nacimiento, además de las revisiones médicas periódicas, ambos hermanos están atendidos por el equipo de educación de la ONCE. Es entonces cuando conocieron a Beatriz Patón, maestra especialista en educación infantil y atención temprana, que trabaja desde hace más de 30 años con la ONCE.
En el reencuentro para este reportaje hay cierta tristeza porque Beatriz no seguirá con los niños, a la que ya estaban acostumbrados, y entrará otra sustituta, pero estarán igualmente bien atendidos. «Más que una maestra ya es una amiga, le seguiré pidiendo consejo», reconoce Arantxa, la madre.
Beatriz explica que trabaja con los niños desde que nacen. Para las edades de 0 a 3 años hay preparada un aula de atención precoz en la delegación territorial de la ONCE en Gandia, que se utiliza según la demanda de cada año. Este curso, por ejemplo, no hay niños, pero el año pasado había dos.
«Cuando sólo hay un problema visual, sin que concurran otras discapacidades, no se nos ocurre ya otro modelo educativo que no sea el de la plena inclusión, además socialmente está muy aceptado», apunta Beatriz, y añade que la falta de visión «condiciona el acceso a la información pero no es un limitador si ponemos los recursos necesarios».
Cuando pasan al ámbito escolar hay maestros de refuerzo, de la ONCE pero también de la Conselleria de Educación. Este curso en la comarca de la Safor el equipo de educación de la ONCE atiende a 20 alumnos. En este punto están Izan y Leire. La madre reconoce que la elección del colegio dependió sobre todo de la tecnología que tenía el centro, y no tanto de su carácter público o privado.
Y es precisamente esto lo que Arantxa considera que debe mejorar en la sociedad actual: invertir más en tecnología en el sistema educativo para niños con este tipo de discapacidad, porque ya existen soluciones que les pueden ayudar, y mucho. Leire, por ejemplo, tiene en clase una tableta que se puede conectar con la pizarra digital del maestro en tiempo real, y así ver más cerca lo que el docente va apuntando para todos.

Leire tiene en clase una tableta que puede conectarse a la pizarra. / J.C.
Por lo que respecta a las ayudas públicas, las hay, y la ONCE complementa esas prestaciones sociales de forma subsidiaria, pero Arantxa apunta que en cualquier caso supone un gasto extra para las familias, en cuestiones como material pedagógico especial o consultas de logopedas.
Además, las gafas también son caras, llevan más de 20 dioptrías, prácticamente el máximo que existe. Por suerte, en su caso ambos padres trabajan. Por otra parte, «las caídas son nuestro día a día», señala la madre. A la hora de moverse Leire es más precavida, en cambio Izan es un «motoret».
De mayor a Izan le gustaría ser policía, y Leire quiere ser profesora. La madre, Arantxa, sabe que hay determinadas profesiones a las que no podrán aspirar, pero a otras muchas sí, y se muestra tranquila respecto de su futuro laboral, porque la ONCE los podrá acompañar a lo largo de sus carreras y sus vidas.
La ONCE acompaña a 659 estudiantes
Un total de 659 estudiantes ciegos o con discapacidad visual de la Comunitat Valenciana cuentan con el apoyo de los equipos de atención educativa de la ONCE, que garantizan su inclusión educativa y social. Se reparten, por nivel educativo, de la siguiente manera: 107 en Infantil; 148 en Primaria; 102 han llegado a la Educación Secundaria Obligatoria; 20 cursan Bachillerato; 39 se preparan en la Formación Profesional; 77 están en la universidad; y 166 están inscritos en otro tipo de enseñanzas.
En España más del 99% de los 7.187 alumnos ciegos o con discapacidad visual lo hacen en centros ordinarios, por tanto, con las mismas pautas y directrices que el resto de compañeros sin discapacidad visual.
Los docentes de la ONCE también forman a la comunidad educativa en materia de discapacidad visual, asesoran al profesorado proporcionándole las estrategias, herramientas y recursos e intervienen directamente con los estudiantes en aspectos vinculados a su discapacidad visual que así lo requieran. En la actualidad, hay 418 de estos profesionales en España.
Los equipos de la ONCE intervienen con el alumnado de manera multidisciplinar, y también con las familias en aspectos como gestión emocional, búsqueda de recursos y materiales y herramientas lúdicas.
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