Excursionistas intentan salvar de la sequía las cabras de les Creus de la Valldigna
«Tienen tanta sed que algunas llegan a beber en la mano», señala Lluís Ferrando, que pide ayuda para llevar agua
Los animales se asilvestraron cuando quedaron abandonados de un corral situado en la zona

Una mujer vierte agua en un cubo para que las cabras puedan beber en la zona de les Fontetes de Cantus / Levante-EMV
Hace cuatro días Lluís Ferrando, miembro del Centre Excursionista de Tavernes de la Valldigna, subió a la zona de les Fontetes de Cantus, en la montaña de les Creus que cierra la Valldigna por el norte, y pudo comprobar cómo las cabras asilvestradas que desde hace años viven en ese paraje se le acercaban como nunca antes lo habían hecho. Enseguida descubrió que su actitud se debía a que los animales estaban sedientos porque ya casi no encuentran agua en las fuentes de la sierra.
Lluís, que es de Benifairó de la Valldigna, tomó la botella que llevaba y les dio la poca agua que tenía, pero desde entonces ha vuelto en varias ocasiones, solo con su mujer, a veces con quince litros de agua a sus espaldas, para intentar que las cabras no se mueran de sed.
Su gesto se ha extendido y en conversación con este periódico no duda en pedir que se difunda porque sigue sin llover y no hay visos de que esta intensa sequía vaya a superarse a corto plazo. Algunas fuentes, como la de la Sangonera, ya no tienen nada de agua y otras apenas aportan un poco de humedad que estas cabras atrapan lamiendo la piedra.
«La idea es que todos los excursionistas que vayan lleven un poco de agua», indica Ferrando, quien anima a que el líquido se vierta en los dos cubos que se han dejado en el lugar. Afortunadamente la ruta no es complicada porque existe una senda perfectamente habilitada y señalizada que asciende a les Fontetes de Cantus y al resto de los parajes donde deambulan las cabras, y a paso normal se llega en aproximadamente media hora.
Las cabras que habitan en este paraje de la montaña de les Creus se han asilvestrado después de que, hace unos años, quedaran sueltas y abandonadas al retirarse un pastor que disponía de un corral en el paraje de la Font de Barber. No son, por lo tanto, cabras montesas ni los arruís de origen africano que se han establecido en algunos montes valencianos.

Uno de los animales con una vistosa cornamenta, con una garrafa de agua. / Levante-EMV
Los animales, o al menos una parte de los que había, se han podido adaptar al medio natural, reproduciéndose y extendiéndose por toda la zona. De hecho, Lluís Ferrando señala que pudo ver varios cabritos, algunos de ellos con un aspecto famélico, quizás a consecuencia de esa falta de agua.
«Entre ellas se pelean»
Los efectos de un año y medio sin lluvias significativas es tan grave que, como relata el excursionista de Benifairó, cuando se les echa agua incluso se pelean entre ellas para ser las primeras en bebérsela, una desesperación que en ocasiones provoca que el líquido se derrame y no sea aprovechado.
Este hecho también pone cara a la dramática situación que se está viviendo en determinados espacios naturales, entre ellos el forestal, debido a la ausencia de lluvias significativas. Lamentablemente este pasado fin de semana, pese al anuncio de tormentas, tampoco ha habido precipitaciones significativas.
Solidaridad con la fauna, pesar por árboles y flora
El caso de los excursionistas que piden ayuda para llevar agua a las cabras de los montes de les Creus de la Valldigna es uno más de los ejemplos de solidaridad con la fauna que se está viendo afectada por la grave situación de sequía que sufre la Safor. Hasta la misma Confederación Hidrográfica del Júcar ha tenido que movilizar recursos propios para sacar peces del pantano de Beniarrés, la mayoría de especies invasoras o alóctonas, para evitar que su muerte acabe acelerando todavía más la putrefacción de las aguas. Así al menos se intenta salvar a las especies autóctonas, que están protegidas. Aun así, ya se sabe que una gran cantidad de animales han perecido a causa del escasísimo nivel que tiene el embalse, a su pésimo estado y a la escasez de oxígeno disuelto.
Otro ejemplo es el de Villalonga. El Ayuntamiento de esta localidad ha hecho como otros y ha llenado la pequeña balsa de la Llacuna, que no se había secado en las últimas décadas, para que los animales, tanto aves como terrestres, no mueran de sed.
La sequía, sin embargo, acabará con una gran cantidad de flora forestal, incluyendo árboles de gran tamaño. En muchos montes ya se aprecia el color marrón de muchas copas, un desastre que seguirá acentuándose hasta que no llueva de forma significativa.
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