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Otra sentencia entierra el intento de silenciar las campanas de la Colegiata

La batalla judicial abierta por una pareja de Gandia sigue cayendo del lado del ayuntamiento, que es la parte demandada

El Tribunal Superior de Justicia ya impone costas a quienes exigen parar el toque

Salvo que se recurra al Supremo, con un elevado coste, la resolución del TSJ pasa a ser definitiva

La Colegiata de Gandia, con su campanario recién restaurado.

La Colegiata de Gandia, con su campanario recién restaurado. / Josep Lluís Rufat

Gandia

El tañer de las campanas de la Colegiata de Gandia responde a «un arraigado uso social» que en tiempos antiguos incluso «regulaba los horarios de riego de la huerta», y ese sonido se remonta «a la fundación de la ciudad y al reloj que se instaló en el año 1500», de manera que no hay normas que impidan que sus repiques sigan anunciando el paso de tiempo en la capital de la Safor.

Son algunos de los muchos argumentos que acaba de avalar el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJ) en la segunda y posiblemente definitiva sentencia que da la razón al Ayuntamiento de Gandia y desestima el recurso presentado por una pareja de Gandia con una vivienda cerca de ese templo. Esas dos personas han intentado, desde el mes de agosto de 2020, silenciar las campanas porque aseguran que les causan molestias, «afectan a la intimidad personal» y constituyen «una violación del domicilio reconocido en la Constitución». Pero de momento han perdido en el ámbito administrativo y, por dos veces, en el judicial.

La última resolución del TSJ, del pasado mes de julio pero conocida ahora, insiste en tres conceptos fundamentales. En primer lugar, ese arraigo ancestral, evidente para todos, de que las campanas han sonado «toda la vida» en esta ciudad. En segundo lugar, que las molestias no están acreditadas porque no existen más reclamaciones ciudadanas y, además, varias personas han declarado ante el juez durante este proceso que no supone ningún obstáculo para el normal desarrollo de la vida y del tiempo de descanso. Y, en tercer lugar, una decisión que ha pesado mucho en la sentencia, y es que en septiembre de 2020, solo un mes después de la reclamación que la pareja presentó en el ayuntamiento, la Colegiata optó por eliminar el sonido de las campanas entre las 10 de la noche y las 8 de la mañana, y, dos años después, también se suprimieron los toques de repetición. Por ese motivo, los recurrentes no podían alegar que el sonido de las campanas les impedía dormir.

En este conflicto que ya se prolonga desde hace cinco años el demandado es el ayuntamiento, y no la parroquia de la Colegiata, porque el reloj es de titularidad municipal, dado que, en tiempos antiguos, no solo anunciaba los oficios y otros actos de carácter religioso, sino también celebraciones festivas, sociales e incluso de actividad económica, como es el caso de las tandas de riego en áreas rurales.

Los "campaners" de l'Alqueria de la Comtessa, en el volteo de inauguración del pasado septiembre.

Los "campaners" de l'Alqueria de la Comtessa, en el volteo de inauguración del pasado septiembre. / Levante-EMV

Así, el TSJ atiende los argumentos de Gandia, más aún cuando, a raíz de la primera reclamación, el propio consistorio ya mostró su voluntad de intentar conciliar las campanas con la convivencia al suprimir su actividad durante las noches.

Los jueces que han dictado la sentencia imponen costas a la pareja de recurrentes. Si bien todavía cabe un recurso de casación ante el Tribunal Supremo, no se espera que eso ocurra por los elevados costes económicos que acarrearía para los actores, de manera que la resolución conocida ahora pasaría a ser definitiva.

Inauguración con volteo

Precisamente hace seis semanas el Ayuntamiento y la parroquia celebraron el fin de las obras del campanario después de casi dos años de obras. Durante ese tiempo las campanas no han sonado para permitir la labor de los obreros y los técnicos, pero la inauguración de la nueva imagen de la torre, y también de su restauración interior, incluyeron un volteo manual a cargo de los «campaners» de l’Alqueria de la Comtessa. Desde ese día el tañer ha vuelto a surcar a diario el aire de la ciudad.

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