Tracas en el Beato de Gandia: La dificultad de compaginar ruido y residencia
Vecinos de la céntrica plaza protestan por las «insoportables» tracas de las bodas
El ayuntamiento intenta minimizar las molestias y señala que, de prohibirlas, debería ser en toda la ciudad

La plaza del Beato de Gandia. / Levante-EMV
La plaza del Beat Andreu Hibernón de Gandia, la popularmente conocida como plaza del Beato, no reúne las condiciones más adecuadas para el disparo de las ruidosas tracas. Eso es evidente porque se trata de un espacio cerrado por tres lados y con viviendas colindantes, lo que incrementa las molestias a los vecinos de esa zona. Literalmente el sonido del artefacto pirotécnico retumba por todas partes.
Esta situación es la que ha vuelto a generar las protestas de esos residentes, que se han dirigido verbalmente y por escrito al ayuntamiento para que ponga coto a esta situación y se les permita vivir con tranquilidad. Uno de ellos señala que últimamente se celebra una boda cada dos semanas, porque ese templo es uno de los más solicitados por los feligreses de Gandia para enlaces matrimoniales, y casi todas las ceremonias terminan «al estilo valenciano», con un estruendo de traca que, obviamente, se cuela hasta el fondo de las viviendas.
El problema añadido es que en esta misma plaza son habituales los juegos de niños y niñas al término del colegio, entre ellos los que interviene el balón, a lo que se suma el constante lanzamiento de cohetes durante muchos días seguidos de Fallas.
Caso aparte son las cajas pirotécnicas de "castellets" que también disparan cohetes hacia arriba, uno de los cuales generó el incendio del toldo en una terraza de un edificio residencial. Esas cajas sí que están prohibidas por las ordenanzas debido al riesgo de que causen daños en bienes o en personas.
Varios de los vecinos se han dirigido a la concejala de Seguridad, Lydia Morant, que también es presidenta de la Junta de Distrito del Centre Històric, para que ponga coto a una situación que ya consideran «insoportable». En su opinión, las ordenanzas municipales sobre ruido impiden el lanzamiento de las tracas.
La concejala Morant, que se reunió con un grupo de vecinos tras la carta que le remitieron el 15 de octubre pasado, explica que va a estudiar el problema y que ha solicitado informes, pero inicialmente interpreta que, por pura tradición, lo del lanzamiento de una traca tras una boda es algo normal. En definitiva, que hay que tener un poco de paciencia. Lo que la Policía Local tiene que controlar es que el tipo de traca esté autorizado y que quienes le prendan fuego sean mayores de edad.
La presidenta del Centre Històric también se ha reunido con los sacerdotes del Beato, pero aclara que, a la espera de la respuesta detallada que dará por escrito a la petición de los vecinos, prohibir las tracas obligaría a hacerlo en toda la ciudad.
El ruido, ese agente nocivo
Como en tantas otras actividades ruidosas, que cada día son más, este es un conflicto que enfrenta el derecho de todos los vecinos a estar tranquilos en sus viviendas con aquellos que buscan expresar la alegría de una celebración generando un ruido que, sin duda, supone una violación de la intimidad en el propio domicilio, como han señalado numerosas sentencias judiciales sobre casos similares.
Sin salir de Gandia, conflictos por ruidos se han detectado en otros lugares, generalmente en aquellos espacios urbanos cerrados, como la plaza dels Apòstols, ante la Colegiata, o en la plaza de Sant Josep. En el primer caso, cuando la pareja de contrayentes que se acaba de casar sale del templo, muchos optan por encender la traca en la contigua plaza Major, que es más amplia, lo que permite que el ruido no sea tan intenso.
Bien sea por su intensidad o porque se produzca de forma prolongada, el ruido es un agente nocivo que ha llevado a muchos conflictos entre quienes lo generan, entre quienes lo sufren y entre las administraciones que lo toleran. En no pocos casos, visto que la sociedad da por asumidos comportamientos ruidosos, los residentes no han tenido otra opción que insonorizar las viviendas, e incluso abandonarlas temporalmente cuando saben que durante varios días allí el ruido no les va a dejar dormir o vivir con tranquilidad.
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