Inversores de Lituania recuperan en Gandia un edificio parado 15 años
La empresa Jepri Haus ultima con el nombre de Gandia Hills un complejo residencial que fue víctima de la crisis del ladrillo
Tras una ambiciosa reforma la mitad de la promoción ya está vendida

Sidas Paulauskas, en el residencial ubicado en el número 118 del paseo de les Germanies. / Levante-EMV
Josep Camacho
La crisis del ladrillo que se desató en España a partir del año 2008 dejó muchos cadáveres inmobiliarios por el camino y a muchos constructores colgados, con edificios parados en estructura o incluso algo más avanzados pero sin terminar. Es el caso de un residencial ubicado en Gandia, al final del paseo de les Germanies, en una zona realmente privilegiada por muchos aspectos, en especial por su tranquilidad, las vistas y las dotaciones que hay alrededor.
El bloque, promovido por un conocido constructor local, se lo quedó la Sareb. Hace unos años inversores de Lituania se lo compraron al llamado «banco malo» con la intención de acabarlo, reformarlo, ponerlo en valor y lógicamente venderlo.
El resultado es Gandia Hills, un complejo residencial cuyas obras están a punto de finalizar y que ya tiene reservados para su venta la mitad de los apartamentos. La mayoría de los futuros compradores son residentes en Gandia. La vivienda más barata cuesta 206.000 euros y la más cara, un ático con unas vistas espectaculares y terraza, 450.000 euros.

Vista del complejo. / Levante-EMV
La promoción, de 18.000 metros cuadrados, la componen actualmente 61 viviendas de 2, 3 y 4 dormitorios con una superficie que van de los 64 a los 120 metros cuadrados. Además, hay más de 200 plazas de aparcamiento subterráneas y en garajes privados, y 1.058 m2 de zonas comunes, incluyendo pistas de pádel, piscina y gimnasio.
La promotora es Jepri Haus, que administra en España el empresario lituano Sidas Paulauskas, de 47 años, un enamorado de Gandia. Llegó hace casi una década a València con la misión, por parte de los inversores de su mismo país, de rescatar estos edificios que se quedaron como fantasmas de una crisis, especialmente a lo largo y ancho del litoral mediterráneo.
Paulauskas, que habla varios idiomas, entre ellos un español bastante fluido, apunta que cuando compraron este residencial el bloque ya había sufrido robos y actos vandálicos, pero reconoce que la construcción es de calidad: «Hicieron un buen trabajo». Es además un inmueble que incorpora color en la fachada, no es el típico «edificio cebra» clonado y aislado en sí mismo que está inundando la periferia de todas las ciudades.

El edificio también ofrece locales comerciales. / J.C.
Los inversores de Lituania han cambiado el pavimento exterior en el que detectaron filtraciones de agua, y el resto han sido mejoras, como una piscina y pista de pádel totalmente reformada, y un nuevo gimnasio para los vecinos.
En las viviendas han introducido climatización en cada habitación, aerotermia, domótica y nueva instalación de internet y telefonía. En total, al margen de la compra a la Sareb, han invertido cinco millones de euros más.
La promoción ha dado trabajo a ingenieros y arquitectos, y a numerosas cuadrillas de albañiles, electricistas, fontaneros o pintores, que siguen dando los últimos retoques. Paulauskas quiere agradecer expresamente la ayuda del arquitecto Alberto Milla y su equipo.
También hay locales comerciales que se destinarán a alquiler, pero a la promotora no le vale cualquier establecimiento. «Buscamos negocios que den un valor añadido al edificio o al barrio, por ejemplo alguna clínica, y por supuesto que no generen ruidos u olores», señala.

Una de las vistas. / Levante-EMV

Ático. / Levante-EMV
Por tanto, el capital extranjero ha salvado una construcción española. Y todo ello en un entorno difícil, en el que los bancos han cerrado el grifo a los constructores y tras encarecerse los materiales de construcción. «En Lituania es muy diferente, cuando los bancos ven un proyecto rentable, como es el nuestro, te apoyan», asegura Paulauskas. El empresario agradece las facilidades que ha dado el Ayuntamiento de Gandia, pero sigue peleando desde hace meses con Iberdrola para que autorice un centro de transformación que dé energía eléctrica al bloque.
Confía en que los trámites se agilicen y poder organizar puertas abiertas en diciembre. Una vez finalizado, Paulauskas no descarta emprender un nuevo reto con otro edificio, en Gandia o en otra localidad de la provincia de València.
Esta es una muestra más de que Gandia es una ciudad atractiva para invertir en vivienda, como ya han reflejado varios estudios.
La construcción, aunque tímidamente, se reactiva en la Safor, pero impulsada por ayudas públicas. En Gandia han proliferado andamios por los fondos europeos para rehabilitación de edificios, unas obras que deben finalizar a lo largo de 2026. A esto se unen promociones de vivienda de la Generalitat para alquiler asequible en ejecución o en licitación en el barrio de Santa Anna.
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