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«Se podría haber amortizado más deuda, pero a costa de paralizar la ciudad»

Entrevista a Salvador Gregori, concejal de Economía y Hacienda de Gandia desde 2015

Salvador Gregori, en el balcón de su despacho, que da al río Serpis.

Salvador Gregori, en el balcón de su despacho, que da al río Serpis. / Alex Oltra

Gandia

Hace diez años y medio asumió usted el cargo en un ayuntamiento con 350 millones de euros de deuda. ¿Sintió pánico, vértigo...?

Una tremenda preocupación y, a la vez, una enorme responsabilidad. Imagínese la situación: proveedores angustiados preguntando cuándo van a cobrar para tener liquidez y hacer frente a sus propios proveedores, a las nóminas de sus empleados, a los impuestos, algunos de ellos municipales. Y, por otro lado, bancos pidiéndote cómo solucionar del impago de cuatro años tanto de la amortización como de los intereses vencidos y no pagados. Fue tremendo, las nóminas de los funcionarios del ayuntamiento estaban reparadas de legalidad por parte de la Intervención Municipal ya que la obligación era pagar primero a los bancos antes que a los trabajadores municipales. Antes de final de 2015, y gracias a la aprobación del Plan de Ajuste, se alcanzó un acuerdo con los bancos con una quita de casi 23 millones de euros. Una negociación limpia y rápida, bien pensada y ejecutada. Los bancos aceptaron a regañadientes pero asintieron.

¿Sabía usted la dimensión de la deuda?

Sí, en su mayor parte. Tenía calculado que sería cercana a los 320 millones, pero finalmente con el afloramiento de operaciones conocidas con posterioridad, se quedó fijada en 350. Llegaron pufos, como los de los párkings en formas de sentencias judiciales, la devolución de la subvención del Innova que no se justificó, los intereses de los bancos, etc. Sólo en facturas impagadas, la deuda era de 72 millones entre ayuntamiento e IPG. Mire si era caótica la situación que se estuvo a punto de cortarnos la luz y el teléfono, entre otras muchas cosas.

Los empresarios agradecían que por lo menos les dijéramos la verdad y, cuando finalmente cobraron en el plazo nos felicitaban por no haberles engañado

Hubo responsables municipales que lloraban...

Sí, lo sé. Es lo normal cuando escuchas dramas de empresarios que van a despedir trabajadores porque el ayuntamiento incumple con los pagos. Una cosa son las grandes empresas, que tienen pulmón financiero, pero nuestro ecosistema empresarial más común de pymes y micropymes sufre mucho si la administración incumple sus obligaciones. Cuando esas empresas, con contratos de treinta o cuarenta mil euros, no cobran y les obligaba a despedir personal o incluso cerrar, eres perfectamente consciente del desastre económico que una administración puede provocar. La empresa necesita certezas y en ese sentido me ocurrió un caso de una empresa que llegó muy preocupada y tuve que decirle que al menos en dos años no podría cobrar. Pese a esa mala noticia, agradecían que por lo menos les dijéramos la verdad y, cuando finalmente cobraron en el plazo nos felicitaban por no haberles engañado.

¿En el Ministerio de Hacienda sabían de esta situación?

Evidentemente. La intervención municipal remitía los informes puntualmente y los destinatarios eran el Ministerio de Hacienda, la Conselleria de Hacienda y la Delegación del Gobierno. Todos eran perfectamente conscientes de lo que ocurría en Gandia, pero no hicieron nada. Las tres administraciones gobernadas por el PP, el famoso «tres en raya» del que alguno presumía, sirvió para soslayar un problema que finalmente explotó con el cambio de gobierno en 2015. A buenas horas mangas verdes.

Por lo tanto, de acuerdo a la ley el Ayuntamiento de Gandia tendría que haber sido intervenido.

Sin ninguna duda.

¿Y por qué no se hizo?

Imagino que principalmente por cuestiones políticas y también, por qué no, por temor a vulnerar la autonomía municipal. ¿Por qué no se ha intervenido a los ayuntamientos de Jerez, de Jaén y de Parla? No sé para qué se hacen leyes en este país. No puede ser que un ayuntamiento sea un auténtico despropósito económico y que no pase nada.

La deuda acumulada en 2015 era una parte del gobierno local del PSPV y otro del PP, pero usted siempre ha querido diferenciar la deuda. ¿Dónde está la diferencia?

Hay dos aspectos. Uno es la dimensión temporal y otra el destino del dinero. El alcalde José Manuel Orengo dejó unos 140 millones de euros en ocho años. Arturo Torró, conociendo perfectamente la gravedad de la situación, alcanzó esa misma cantidad, pero en solo cuatro años. Y, por otra parte, Orengo invirtió más de 200 millones de euros en la ciudad, mientras que Torró invirtió apenas 33 millones. Esos datos constan en la auditoría de las cuentas realizada por la propia Intervención Municipal. Aunque uno siempre debe ser prudente con el dinero público, no es lo mismo endeudarse invirtiendo que gastarlo en fiestas y confeti.

No puede ser que un ayuntamiento sea un auténtico despropósito económico y que no pase nada

¿Por qué Torró intentó que le autorizaran devolver la deuda entre 40 y 50 años, y no lo logró, y usted, sin embargo, sí ha conseguido aplazarla hasta el año 2070?

El planteamiento de Torró era el adecuado. La ciudad no puede pararse, se debe invertir para progresar, debe tener vida y los servicios públicos no pueden ser precarios. Una deuda de 210 millones que él heredó era imposible devolverla en 10 o 15 años sin paralizar Gandia. Pero para conseguir una restructuración de la deuda has de tener credibilidad y la del gobierno del PP de Torró, Soler y Barber era nula. Los indicadores de las finanzas municipales empeoraron rápida y progresivamente y por eso, sus deseos fueron desatendidos, rechazando el Ministerio hasta cuatro planes de ajuste. De la misma manera, cuando nosotros entramos, en 2015, tampoco podíamos devolver la deuda de 350 millones en 15 años. Pero sí que demostramos sensatez financiera y que hacíamos bien los deberes. Nos ponían como ejemplo de buena gestión económica al resto de municipios en dificultades. El Ministerio valoró positivamente la propuesta de Gandia de devolver la deuda con progresividad, acompasando incremento de cuotas de amortización con el incremento natural de ingresos. Lo vio viable. El resultado: el modelo pensado y propuesto por Gandia ha sido instaurado a nivel estatal al resto de ayuntamientos que así lo decidieron.

Aunque uno siempre debe ser prudente con el dinero público, no es lo mismo endeudarse invirtiendo que gastarlo en fiestas y confeti

Así han reducido 100 millones de deuda en 10 años. ¿Se podría haber hecho más rápido? ¿Se podría haber amortizado una mayor cantidad?

Sin duda, pero a costa de paralizar la ciudad y con una degradación muy grande de los servicios públicos. No podíamos permitírnoslo y, además, la reducción ha sido muy significativa y la pendiente está más que encarrilada. Creo que se ha trabajado de forma seria y sensata.

En el pleno de presupuestos el PP puso el acento en el elevado gasto de personal, y no creo que vaya mal encaminado.

El PP es experto en exigir cosas en la oposición e hicieron lo contrario cuando gobernó. Pide que bajemos los impuestos, la deuda y el gasto de personal cuando ellos subieron impuestos y deuda y tenían cerca de 150 personas enchufadas en IPG, tal como afirmó el propio Torró en el debate preelectoral con Diana Morant. El capítulo de personal ha crecido por la aplicación de leyes estales, por la asunción del personal de les ‘Escoletes’, el Contrato Programa financiado por la Generalitat o la instauración por ley de la carrera profesional. Por tanto no hay tanto incremento achacable al ayuntamiento. Deberían ser más prudentes cuando hablan de enchufados. Y más cuando alguno de los que critican se les puede volver en contra por su experiencia de gobierno en los que se enchufó a personas muy cercanas en el propio ayuntamiento o en medios de comunicación dopados con recursos públicos.

Usted que tiene una constante relación con los empresarios, ¿qué le dicen en privado de la marcha de Gandia?

Es un colectivo muy prudente en sus declaraciones públicas, pero en la distancia corta, en su inmensa mayoría, valora muy positivamente el trabajo realizado en las finanzas municipales y el impulso económico que está teniendo la ciudad. Por otro lado, la fiabilidad institucional es un elemento que valoran muchísimo. Cuando se dan la mano con el alcalde en su despacho ninguno sale contándose los dedos de las manos, porque ven confianza, credibilidad y transparencia, y eso, que es un gran factor para el desarrollo económico, lo agradecen.

Es vital que las infraestructuras previstas para Gandia se culminen

Gandia intenta posicionarse entre los dos polos económicos de València y Alicante junto a otros municipios de las llamadas Comarcas Centrales. ¿Lo conseguirá?

Yo creo que sí, pero para ello es vital que las infraestructuras previstas se culminen. Gandia tiene un tejido empresarial muy emprendedor, atrevido y dinámico y otea inmediatamente nuevos nichos de negocio. Gandia es capital de una comarca compacta y ello es un elemento valioso para la llegada de muchas inversiones si tenemos una visión integrada del territorio y no de campanario, de plaza del pueblo. Y ahí echo de menos un papel más activo de la Mancomunitat en planificación territorial para que la Safor se desarrolle de manera ordenada. Obviamente, nos gustaría que las empresas se instalaran en Gandia, pero también que puedan ir a otros municipios en ese ‘hinterland’ que es la Safor, porque todo eso al final suma y fortalece la comarca y, obviamente, nuestra capitalidad.

Salvador Gregori, en su despacho del Edifici Mercat de Gandia.

Salvador Gregori, en su despacho del Edifici Mercat de Gandia. / Àlex Oltra

¿Usted busca una Gandia de cien mil habitantes?

No la busco, pero creo que la tendremos en poco tiempo. No debe prevalecer la cantidad como si contáramos cabezas de ganado, sino la diversidad con complementariedad y hacer efectivos los deseos de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Más de doscientos años después, es una aspiración irrenunciable.

Pero asume que está en camino.

El Plan General de Ordenación Urbana de Rafa Durà de los años ochenta, se diseñó para una ciudad de 140.000 habitantes. Gandia está en una encrucijada en la que puede convertirse en un gran polo de actividad económica de alto valor añadido o bien quedarse en una ciudad recoleta y decadente. Y para ello debemos apostar por nuevos sectores que refuercen la columna vertebral de la estructura económica actual, industria, comercio, turismo, alcanzando más diversificación y, por tanto, fortaleza. Si somos capaces, yo estoy seguro de que sí, la cifra de cien mil habitantes se quedará corta.

Con Compromís las ideas nunca coinciden totalmente, pero sí hemos coincidido en lo fundamental y en lo esencial

¿Usted cómo valora el pacto con Compromís? ¿Habría preferido un gobierno en solitario del PSPV?

Si tú tienes un gobierno de coalición y te llevas a matar con el socio, es un suplicio. Sin embargo, la experiencia de diez años de gobierno con Compromís ha sido en líneas generales muy positiva para la ciudad y ha habido buena sintonía entre los dos grupos. Las ideas nunca coinciden totalmente, pero sí hemos coincidido en lo fundamental y en lo esencial. Si gobiernas con mayoría absoluta tienes más libertad de acción, pero corres el riesgo de caer en el autoritarismo y la desconexión con la realidad. El único periodo de mayoría absoluta en Gandia, aparte del desastre económico, fue una pesadilla democrática, con la retirada de recursos económicos a la oposición por fiscalizar al gobierno del PP.

¿Teme que tras las próximas elecciones vuelva a gobernar el PP?

Aunque parezca una perogrullada, si gobierna el PP será porque los ciudadanos así lo han decidido y, aunque no creo que ocurra porque Prieto es muy valorado en Gandia, habría que respetarlo. Lo único que temo es que volvieran a hacerse las barbaridades que se cometieron entre 2011 y 2015.

Sobre el actual problema de la vivienda el Gobierno tiene que tomar decisiones mucho más atrevidas

Usted también es concejal de Vivienda, y Gandia ha hecho esfuerzos enormes. ¿No cree que desde el Gobierno de España se puede hacer más?

Si el Gobierno de España hubiese estado menos condicionado por otros partidos, estoy seguro de que habría actuado de otra manera. Ni se puede caer en el neoliberalismo dejando que el mercado lo dirija todo, ni estatalizar la propiedad privada. Austria es cuna de una corriente de pensamiento económico muy liberal y, sin embargo, el 40% de la vivienda existente en Viena es pública. Cuando el mercado no funciona, y ese es el caso de la vivienda, tiene que actuar la administración. Sobre el actual problema de la vivienda el Gobierno tiene que tomar decisiones mucho más atrevidas. Estoy expectante de ver el alcance de las propuestas de Casa47, organismo estatal que sustentará el sistema público de vivienda.

Usted termina la legislatura y probablemente no repetirá. ¿Se va contento?

En este momento la intención es no repetir, porque cada uno tiene su tiempo, estoy jubilado y la vida personal para mí tiene mucho valor. Estoy contento porque, a nivel económico, en mi área, los problemas se han ido solucionando. Desde el Plan de Ajuste, los once presupuestos aprobados, la reducción de deuda, rentabilizar párkings, idear el “xec consum”, desatascar el polígono de Sanxo Llop. También hemos implementado un programa muy atrevido de vivienda que pronto se verán los frutos.

Cuando acabe la legislatura habrá estado seis años con Diana Morant y otros seis con José Manuel Prieto. ¿Se atreve a decir con quién ha trabajado mejor o a poner nota a la una y al otro?

Cada uno con su estilo y sus características, creo que los dos han sido magníficos alcaldes. Y más teniendo en cuenta con lo que han tenido que lidiar dada la situación de quiebra económica, un incendio devastador, pandemia de covid, inflación disparada por la guerra de Ucrania. La confianza entre los dos era enorme y ello se notaba, y ambos se han desvivido por Gandia. Viendo su día a día, creo que jamás se valora adecuadamente el trabajo de un alcalde. Con los dos he trabajado muy a gusto. Me han dejado hacer y he hecho.

¿Ha discutido con ellos?

Sí, claro. Yo también tengo criterio y mucho carácter.

¿A grito ‘pelao’?

A grito ‘pelao’ nunca, un alcalde siempre se merece el máximo respeto. Pero, a uno de los dos, no digo a quién, le dije que mi lealtad se fundamentaba en expresar lo que pienso de lo que estaba ocurriendo. Nunca me ha gustado la genuflexión y pienso que de forma sincera y educada se puede expresar una opinión, aunque difiera de la del alcalde. Y siempre lo han agradecido ambos.

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