Opinión
Cuatro gotas paralizan el deporte en Gandia

Joaquín Borrás, el "alma mater" del Club Voleibol Arenas / CV Arenas Gandia
Joaquín Borrás
Nuevamente y ya empieza a ser algo habitual, la lluvia paraliza los partidos de voleibol en el Grau de Gandia. Lo que parece un titular y suceso de los años 80, sigue pasando una y otra vez en una ciudad que no hace mucho fue galardonada como "Capital del Deporte" por el Consejo Superior de Deportes (CSD).
La falta de pabellones con dimensiones adecuadas y la ausencia de interés para buscar alternativas hace que los nenes y nenas que llevan desde septiembre entrenando, apenas hayan podido disputar cinco o seis jornadas de la competición escolar. Este hecho supone un problema, ya que a estas edades el momento del partido del sábado es el más ilusionante para unos pequeños que necesitan del deporte como el comer.
A la espera de un Gandia Arena que acaba de iniciar sus obras y de que se busquen otras soluciones, el Grau especialmente y Gandia en general, paga una falta de instalaciones muy preocupante, aspecto que penaliza a los clubes y deportistas locales cada vez que el cielo suelta cuatro gotas.

Imagen de una jornada de deporte en el Grau en un día sin lluvia / CV Arenas Gandia
Pero lo sucedido este sábado no es un hecho aislado. El Club Voleibol Arenas ve como sus alevines tienen que desplazarse por la Comunitat Valenciana dos a tres veces al mes para disputar las jornadas autonómicas, ya que la federación solicita dos pistas cubiertas para la organización de las mismas y este requisito no se puede cumplir ni en Gandia ni en el Grau por la saturación de los dos únicos pabellones que darían este servicio.
Para el CV Arenas este es un mal que le impide crecer a nivel deportivo cada año y que no le permite organizar eventos con los que mostrarse. Además, en el día a día le obliga a suspender entrenamientos, trasladar partidos al pabellón del IES Veles e Vents que también sufre de goteras en los días de lluvia y, en general, le impide poder aumentar el número de jugadores y equipos cada temporada.
Esta situación se arrastra desde hace años y obliga a tirar de magia. Una magia de horas y horas de un trabajo extra que ha llevado a este club a llegar a un nivel deportivo y social muy por encima de lo que los responsables políticos ofrecen a cambio; una desigualdad entre lo que se recibe y lo que se da que hace plantearse a los responsables de la entidad la posibilidad de aceptar las ofertas de cambio de ciudad que llevan años recibiendo.
Sería triste ver como un club que nació hace 13 años en el Colegio Joan XXIII y que lleva el nombre de Gandia y el Grau por toda España acabe siendo el emblema o orgullo de otra ciudad a cambio de un simple pabellón digno o una pequeña subvención económica, dejando a la juventud del Grau huérfana de una actividad deportiva y social que a tantos ha servido de cobijo.
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