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Gandia se conjura contra la maldición de los adoquines en el centro histórico

El Gobierno local renueva las señales verticales de carga y descarga en el centro de la ciudad en las que también incorpora la prohibición de que accedan camiones con un peso mayor de 3.500 kg

Un vehículo pasa sobre uno de los baches del centro histórico.

Un vehículo pasa sobre uno de los baches del centro histórico. / J.C.

Josep Camacho

Josep Camacho

Gandia

El Gobierno de Gandia ha aprovechado la renovación de las señales de carga y descarga en los principales accesos al centro histórico para recordar la prohibición de que entren vehículos con un peso mayor de 3,5 toneladas. Con esta medida también se quiere prevenir que el delicado pavimento del centro de la ciudad siga deteriorándose más de lo que ya está.

Los camiones permitidos, también conocidos como vehículos comerciales ligeros, tienen un peso máximo autorizado (MMA) de 3,5 toneladas. Son los más usados para transportar mercancías sin necesidad de tener una licencia especial más allá del carnet de conducir tipo B.

Esta restricción ya existía en Gandia, aunque es la primera vez que el ayuntamiento lo ha recordado con la señal correspondiente, dibujada dentro del panel. Las señales verticales se han renovado a raíz de la entrada en vigor de la última modificación de la ordenanza de movilidad, en la que también se acordaron las nuevas obligaciones para los conductores de patinetes eléctricos.

Implica dar una hora más a los vehículos de reparto. Antes debían acabar a las 10 h y desde el pasado 30 de enero ya pueden terminar a las 11 horas. Por tanto, los horarios permitidos en el centro histórico de la ciudad son de lunes a viernes de 8 h a 11 h y de 15 h a 16 horas, y los sábados de 8 a 11 horas.

La limitación de acceso, y la consiguiente vigilancia por parte de la Policía Local, beneficiará sin duda a los adoquines del centro, y previsiblemente estos se romperán con menos frecuencia.

Aunque el problema de Gandia no es el adoquín, conocido y aplicado desde tiempos del Imperio Romano, sino el tipo de material y la manera en que se colocó ese pavimento, y también no haber vigilado correctamente por parte del ayuntamiento en su día aquellas obras públicas. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Circular por el centro de Gandia, o incluso pasear por sus aceras, supone exponerse a un traqueteo constante, que ya se ha convertido en seña de identidad de la ciudad. Es la maldición de los adoquines. Una molestia que notan especialmente los ciclistas y los usuarios de patinetes eléctricos, un tipo de vehículo que se ha popularizado en los últimos años.

Señal en el acceso al centro histórico desde la calle Sant Rafael.

Señal en el acceso al centro histórico desde la calle Sant Rafael. / J.C.

El alcance de este problema, de la superficie urbana afectada, es tan enorme que ya no tiene solución y lo único que puede hacer el Gobierno local, este y los anteriores, es reparar continuamente los desperfectos que van surgiendo, gastando miles de euros al año en mantenimiento. Las últimas veces, como sucedió en el cruce entre el paseo de les Germanies y la calle Major, se opta por cortar por lo sano y cubrir los huecos con asfalto. Sin contar con algunas caídas de peatones que también se han producido por esta causa.

Otras soluciones han sido reducir progresivamente la velocidad permitida, hasta los 20 e incluso 10 km/h, la experiencia de «La Morada», o prohibir la circulación al tráfico rodado en el entorno del ayuntamiento, tras la reforma de las calles Jesuïtes, dels Arcs y Carmelites. Aquí sí hubo una vigilancia municipal y un nivel de exigencia impecable para que no se volvieran a cometer los errores del pasado. Sucedió igual con la mejora urbana y peatonalización de las calles Morán Roda y Pare Carles Ferrís, finalizada en mayo de 2023, y ha quedado perfecta.

Queda pendiente la Zona de Bajas Emisiones, que debería haber estado operativa el 1 de enero.

Pero el asfalto también puede ser un buen aliado y por él sigue apostando Oliva, que lo mantuvo en la última reforma del paseo Gregori Mayans, finalizada en la primavera de 2023, a pesar de que el proyecto contemplaba transformar el tramo en una plataforma única, como sucedió en Gandia.

Por otra parte, el Gobierno olivense adjudicó en noviembre por 33.380 euros obras para renovar los cruces más peligrosos entre varias calles y la N-332, suprimiendo adoquines viejos y desniveles. Oliva también está renovando las señales verticales en la ciudad, con una inversión de 215.000 euros.

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