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OPINIÓN

Un gran avance frente a un modelo de financiación injusto

Salvador Gregori.

Salvador Gregori. / Àlex Oltra.

Salvador Gregori

Gandia

Durante veinticuatro años los valencianos hemos padecido un maltrato fiscal a causa del pésimo modelo de financiación establecido originalmente en 2002 por el “cartagenero” Zaplana, apenas modificado por un Zapatero en 2009 sin mayoría parlamentaria suficiente y en pleno crack inmobiliario, con la actividad económica hundida y los ingresos públicos desplomados. En 2014, teórica fecha de renovación, M.Rajoy con mayoría absoluta, pero en pleno austericidio, decide no hacer nada, pasar palabra, fumar puros y leer el Marca (“Menudo embrollo” llegó a afirmar) manteniéndose el statu quo originario de 2002, fatal para nuestros intereses.

Mucho se ha estudiado y discutido sobre el deseado nuevo modelo de financiación. El problema es que, como casi siempre, en este país priorizamos la discusión frente al objetivo a alcanzar enredándonos en interminables rollos macabeos y eternas discusiones bizantinas y, así, no avanzamos. La reciente presentación de la Ministra de Hacienda ante el Consejo de Política Fiscal y Financiera del nuevo modelo de financiación es, sin duda, un enorme salto hacia adelante.

1.- El Statu Quo. No es casual la vigencia del actual modelo de financiación, a pesar de estar 12 años caducado, prorrogando el pecado original establecido en 2002 debido a la frontal oposición de las CCAA más beneficiadas en términos de recursos per cápita de población ajustada (Cantabria, la Rioja, Extremadura) a perder sus privilegios frente al resto y, sobre todo, a las más perjudicadas (Castilla la Mancha, Murcia y C. Valenciana). Las CCAA más beneficiadas por el modelo actual, acusan de insolidario al nuevo modelo, recientemente presentado, y no tienen ningún pudor en desear su continuidad a pesar del claro sesgo de financiación favorable a ellas. La diferencia entre la mejor financiada, Cantabria, y la peor, C. Valenciana, es del 31% per cápita (datos IVIE 2025). Hipocresía a raudales.

2.- Más recursos. Si las porciones de una misma tarta se reparten de otra manera el guirigay está asegurado entre los territorios perdedores frente a los ganadores del nuevo reparto. La única salida es poner más recursos a distribuir. A pesar de que el incremento de la recaudación del Estado también fluye hacia las arcas de las CCAA, con el nuevo modelo hay un incremento extra de fondos que permanecen donde se generan. El 50% en IRPF e IVA que se queda en el lugar de obtención, pasan ahora al 55% y al 56,5% respectivamente. Solamente con este ajuste se añaden 16.000 millones de euros de los 21.000 que se incrementan los recursos totales.

Criterios para determinar la población ajustada.

Criterios para determinar la población ajustada. / Levante-EMV

3.- Ganan todos. Con más recursos y un nuevo reparto, ningún territorio pierde y todos ganan. Obviamente los que menos recursos adicionales reciben son los que mejor financiados estaban (Cantabria y Extremadura). El factor poblacional, aunque sea ajustado, es el que lógicamente más pesa y Andalucía, Cataluña, C. Valenciana y Madrid (en ese orden) son las más beneficiadas. A la vista está, que el sesgo político, de haberlo, es nulo ya que 3 de las CCAA están gobernadas por el PP y 1 por el PSOE.

4.- Los valencianos, más. Nada más y nada menos que 3.669 millones de euros. Si a ello le añadimos el menor esfuerzo financiero en intereses y devolución de capital como consecuencia de la condonación de deuda de 11.200 millones, cada año, en realidad, se dispondrán de casi 5.000 millones más que lo se recibe actualmente. Si Mazón antes y Pérez Llorca ahora reivindicaban una aportación extra de unos de 1.700 millones, no se entiende el motivo por el rechazo a la propuesta actual, muy superior a lo que pedían, a menos, claro está, que sea por pura demagogia partidista.

Capacidad tributaria.

Capacidad tributaria. / Levante-EMV

5.- La alternativa del PP. Lo único que se puede decir de ella es que es ignota. Después del desastroso modelo de 2002 del “cartagenero”, el PP jamás ha propuesto nada. Y, claro, no lo tiene fácil porque si contenta a Galicia y Castilla y León, perjudica a andaluces y valencianos ya que el principal criterio de reparto deseado por los primeros (dispersión geográfica y tamaño del territorio) choca frontalmente con las preferencias de los segundos (población principalmente). Y el “uf menudo embrollo” tal como dijo M. Rajoy, está servido.

6.- La ordinalidad. Incapaces de presentar alternativas, lo mejor que hace la derecha es lanzar bombas de humo para despistar. La supuesta falta de solidaridad de los territorios más ricos, con el foco permanente en Cataluña, es falsa. Nadie se niega a contribuir financieramente con aquellos que están en peor situación. Pero lo que no tiene sentido es que el donante se quede en una situación inferior, en términos de renta per cápita de financiación, que el receptor de recursos. Solidaridad significa estar dispuesto a ayudar a las CCAA con menos recursos pero no quedarte peor que a quien ayudas.

Recursos de las autonomías con el nuevo modelo.

Recursos de las autonomías con el nuevo modelo. / Levante-EMV

He tratado, de forma sencilla y concisa, explicar de dónde venimos y la única propuesta seria que hay acerca del cambio del modelo de financiación autonómica, propuesto por la Ministra Montero. En este país, a derecha e izquierda, somos tan especialistas en señalar qué cosas no funcionan como incapaces de proponer soluciones. Forenses que certifican muertes antes que sanadores que revitalicen al enfermo. Tenemos una gran oportunidad para disponer, ya, de recursos económicos y aliviar nuestra abultada deuda.

Un paso adelante para algo mucho más importante: la estructura federal tanto política como recaudatoria, al igual que lo hacen Euskadi y Navarra. Alemania, EE.UU. y Suiza son estados federales y a nadie se le ocurriría señalarlos como fallidos. El federalismo como antítesis al secesionismo es una forma inteligente de preservar la unidad del Estado y, de paso, eliminar las tentaciones re-centralizadoras que están, desgraciadamente, tan de moda últimamente.

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