Los vecinos de Tavernes desalojados por el temporal siguen sin regresar a sus casas un mes después
Las familias denuncian la ausencia de un plazo para poder volver a residir en sus domicilios y alertan de que el problema podría extenderse a otros edificios
«Hay gente en tratamiento psicológico por lo que vivió»

Los restos de las viviendas desalojadas todavía se encuentran sobre la arena un mes después. / Saray Fajardo

Varias vallas y cintas policiales restringen el acceso a la playa cerca de la avenida de la Marina en Tavernes de la Valldigna. A escasos metros, los cascotes que reposan sobre la escasa arena todavía recuerdan las consecuencias del temporal Harry, que hace un mes provocó el desalojo de tres inmuebles tras el derrumbe de la terraza de uno de los apartamentos. En el momento de la caída, había una decena de ocupantes en el edificio, pertenecientes a tres familias, que resultaron ilesos.
Los afectados todavía no han podido regresar a sus casas cuatro semanas después de la catástrofe. Y desconocen cuándo lo podrán hacer. «No podemos entrar hasta que nos den el apto», explica Marien CÍscar, una de las vecinas afectadas por el desalojo. Los damnificados solo pueden acceder al edificio, y acompañados de la Policía Local, para recoger sus pertenencias.
Císcar, que también es concejala del PP en el Ayuntamiento de Tavernes, explica que este mes «ha sido duro». Y lamenta que el «proceso será largo». Los afectados prevén poder regresar a sus casas en un mes, aunque esta vecina explica que «no podremos residir hasta que no esté todo solucionado». «Esperamos estar antes del verano», reconoce de manera optimista.
Los residentes esperan un informe técnico en el que se recoja que no existen daños estructurales y, por lo tanto, los afectados pueden regresar a sus viviendas. Como explica Císcar, «el arquitecto técnico nos hizo un informe y estamos esperando otro que nos diga si todo es seguro y podemos acceder». Añade que «en principio no hay daños estructurales, pero se tiene que revisar bien». A pesar de ello, alertan de que un próximo temporal podría agravar la situación.
Esta vecina todavía recuerda todo lo vivido aquella tarde. La borrasca Harry había dejado sin arena esta parte de la playa y, poco a poco, el mar se fue adentrando hasta golpear los inmuebles. «Lo más impactante fue estar en casa y escuchar primero un ruido y después el otro. Me fui corriendo y ya no he podido volver. Nunca piensas que pueda ocurrir algo así», lamenta Císcar, que denuncia «la inseguridad que sufren los residentes de primera línea de la playa». Por suerte, no hubo que lamentar daños personales, ya que la mayoría de estas casas son segundas residencias y, por lo tanto, sus propietarios no se encontraban en el interior.
Las familias residen ahora en otras viviendas a la espera de poder regresar a su casa. Ella vive junto a su familia en Tavernes de la Valldigna, mientras que otros se han tenido que costear un alquiler. «Hay vecinos que están en tratamiento psicológico y otros viven alquilados costeando un arrendamiento que no se pueden permitir», lamenta.
«Luego les tocará a otros»
Los afectados piden acelerar la regeneración de la playa para evitar que la situación se repita en otras viviendas que también sufren los efectos del temporal. En sus palabras, «a nosotros nos ha tocado ahora, pero luego será en otra zona. Después de mi finca, les tocará a otros».
Recuerda que no es el primer temporal que afecta a la costa de Tavernes, por lo que piden «una mayor protección». «Llevamos muchos años sufriendo en primera persona», reconoce.
Ulrike Zwiebel, propietaria del hotel Villa Úrsula, es otra de las afectadas por el derrumbe de la terraza. Ella pudo regresar a los días al complejo hotelero, pero también se encuentra a la espera de un informe que acredite que el local se encuentra en condiciones óptimas para acoger a gente. «Aquí no pasó nada. Solo dañó la escalera que da al mar, pero me han dicho que si no tengo el informe no puedo alquilar las habitaciones», afirma.
La delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, visitó el municipio tras el temporal, donde anunció que la declaración de impacto ambiental de este proyecto, que tendrá un coste de 20 millones de euros, estaría lista en menos de dos meses.
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