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La pesca de Gandia respalda la regularización de migrantes ante la falta de mano de obra

Ousman, Gora e Ibrahima llegaron en patera a las islas Canarias desde Senegal hace unos años y hoy trabajan en la cofradía gandiense

El 10% de los pescadores de Gandia son de origen africano

Gora, Ibrahima y  Ousman, tres pescadores de origen senegalés que trabajan en la cofradía de Gandia.

Gora, Ibrahima y Ousman, tres pescadores de origen senegalés que trabajan en la cofradía de Gandia. / Agustí Perales Iborra

Josep Camacho

Josep Camacho

Gandia

Llegaron hace unos años a las islas Canarias en patera y tras un largo periplo por centros de acogida de varias ciudades de España y conseguir los papeles trabajan como pescadores en Gandia, en el recinto del Grau. Las historias de Ibrahima, Gora y el joven Ousman, de origen senegalés, hablan de superación personal. Pero, además, han cubierto puestos de trabajo en un sector, el de la pesca, que desde hace años viene lamentándose por la falta de mano de obra.

Y por ello los responsables de la cofradía aplauden el proceso de regularización extraordinaria de migrantes, un decreto que prepara el Gobierno de España, y que previsiblemente se publicará en abril. Sólo en la Comunitat Valenciana el movimiento «Regularización YA» calcula que podría beneficiar a cien mil personas que hoy están en situación irregular.

Ibrahima (48 años) llegó en patera a Tenerife hace veinte años. Tras cuarenta días recaló en la Comunitat Valenciana. Estuvo en Elda y de ahí a Gandia. Empezó a trabajar en la pesca, un oficio al que ya se dedicaba en Senegal, aunque allí con métodos más rudimentarios: en cayucos, a mano, sin los avances tecnológicos de las embarcaciones del Grau, y capturando especies totalmente diferentes, como el tiburón. «Algunos cayucos se pasan quince días o más en alta mar, después los marineros descansan cuatro o cinco días, y otra vez a faenar», relata sobre Senegal.

En 2007 empezó a trabajar en el puerto de Gandia como ayudante. En 2018 se hizo autónomo y alquiló su primer barco, la «Nela». Hoy tiene uno en propiedad, el «Tramuntana». El armador se quedó sin relevo y él apostó por comprárselo. Sale a faenar con otro compatriota de Senegal. Conoció en Gandia a la que hoy es su mujer, también de origen senegalés, se casó y tiene dos hijos.

Gora también llegó a Canarias y tras pasar por Zaragoza, Málaga y Almería amarró en Gandia. Tiene papeles desde hace más de una década. También trabajó en la agricultura pero tras consolidarse en la pesca pudo traer a su mujer y sus hijos.

Ousman, el más joven, de 25 años, llegó en 2020 a Gran Canaria. En Gandia vivía su tío, así que pudo reunirse con él y dedicarse desde entonces a pescar.

Gora e Ibrahima en una de las maniobras sobre la embarcación.

Gora e Ibrahima en una de las maniobras sobre la embarcación. / Agustí Perales Iborra

Los tres creen que el proceso de regularización llega en un momento muy oportuno. Y piden que la burocracia sea rápida, porque, tras los papeles, hay que formarse como patrones de barco y tener los títulos necesarios, por lo que ese permiso de residencia es fundamental, pero sólo el primero de muchos. Cuentan que la integración con los pescadores autóctonos del Grau ha sido excelente.

La presidenta de la Cofradía de Pescadores del Grau, Carmen Argudo, expresa, en nombre del sector, la postura a favor del proceso de regularización anunciado por Sánchez. «Totalmente, nos falta gente para trabajar, es más, aquí hay patrones, al menos de tres barcas, que ya están esperando su entrada en vigor para contratar a más pescadores».

Son necesarios sobre todo para salir a la faenar. Mientras tanto muchos ya están haciendo labores en el muelle, como por ejemplo arreglar redes de pesca. En el recinto del Grau hay una treintena de barcas de artes menores, cinco de arrastre y una de cerco. Actualmente salen a faenar unos ochenta pescadores, de los cuales una decena son de origen africano, sobre todo senegaleses y marroquíes.

Pescadores de Senegal forman parte de la flota del Puerto de Gandia

Agustí Perales Iborra

En el Grau de Gandia todavía arrastran las consecuencias de la salida de pescadores que se produjo a principios de los años 2000, con el «boom» de la construcción, cuando muchos marineros optaron por abandonar la pesca y trabajar en tierra, como albañiles, por ejemplo, seducidos por unas condiciones laborales, en principio, más ventajosas.

Fue entonces, ante la falta de mano de obra, cuando llegaron los primeros senegaleses y marroquíes al Grau de Gandia para dedicarse al mar. Algunos incluso fueron contratados en origen en Senegal cuando este país tenía un convenio con España que facilitaba más los trámites.

A partir de ahí acudieron más, por el «boca a boca», las redes sociales de amigos o por reagrupación familiar. Hoy todos, locales y foráneos, conviven en la lonja en perfecta armonía. Otros tantos también se marcharon al norte, al País Vasco o a Galicia, con una industria pesquera más potente.

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