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Carla Pla, artista de Gandia y voluntaria en Palestina: "Aquí no se puede decir que tienes un mal día viendo lo que les pasa a los refugiados"

La joven, que también es trabajadora social, imparte clases a los niños de un campo en Cisjordania: "Los pequeños normalizan cosas que no deberían serlo"

Carla Pla imparte clases a los pequeños del campamento.

Carla Pla imparte clases a los pequeños del campamento. / Levante-EMV

Saray Fajardo

Saray Fajardo

Gandia

"Empieza a haber mucha tensión aquí porque está empezando una gran escalada". Eran las palabras de Carla Pla este viernes, cuando todavía no se habían desarrollado la mayoría de acontecimientos. Esta joven artista de circo de Gandia se encuentra como voluntaria en un campo de refugiados en Cisjordania desde el pasado mes de enero y durante tres meses. En sus palabras, ya se intuía lo que estaba por venir en las próximas horas. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán ya ha dejado centenares de muertos y la situación, como la propia Pla reconoce, "no parece que vaya a mejorar".

La joven acudió al campamento de refugiados en enero. Reconoce que la situación ha sido tensa durante estas semanas, pero se ha agravado todavía más desde el pasado fin de semana. El terrible sonido de las alarmas, el miedo en los ojos de los jóvenes y sus familias y su preocupación al no poder regresar a España son solo una pequeña muestra de todo lo que está viviendo estas últimas horas. A lo largo del sábado, le llegó un mensaje en el que le recomendaban que se dirigiera a un refugio cercano. Sin embargo, como ella misma explica en un vídeo difundido a través de sus redes sociales y en el que se puede escuchar el ruido de las explosiones, "accedes a la página web y todos están denegados". Reitera que ella se encuentra bien pese al miedo por todo lo que está presenciando.

Carla Pla, con una de las menores del campamento.

Carla Pla, con una de las menores del campamento. / Levante-EMV

Pla acudió a este campamento palestino gracias al colectivo de circo y 'clown' surgido en Galicia, "Pallasos en rebeldía" (en gallego), que lleva más de veinte años realizando una serie de actividades que buscan llevar la risa y la esperanza a zonas de conflicto. "Abrieron una convocatoria y me presenté. Como trabajadora social y artista no podía dejar pasar esta oportunidad. Quería venir, pero la realidad me ha terminado superando", recalca. Ella era consciente de que su entorno no aceptaría esta decisión, por lo que les comunicó su viaje dos semanas antes de llegar a Cisjordania.

Durante estos meses, la joven está dando clases a los menores, tanto individuales como de circo. Afirma que la situación ha sido "complicada e impactante" desde el primer momento. "Cuando llegué me impactó el control que hay y los 'checkpoints', es decir, barreras militares israelíes instaladas en Cisjordania que restringen severamente la movilidad palestina. Una vez cruzan, ya no pueden volver", explica. Denuncia el incremento de controles que se lleva a cabo diariamente, ya sea mediante drones o agentes militares. En sus palabras, "a mí me sorprendió mucho, pero los niños tienen estas situaciones muy interiorizadas" e insiste en que "normalizan cosas que no deberían ser normales".

"Es injusto"

Pla teme todo lo que está viviendo y, sobre todo, las consecuencias que pueda tener entre los menores. "Es injusto, ya que no hay tranquilidad para ellos. Todos los días son incertidumbre", lamenta. Añade que "no puedes decir que tienes un mal día viendo lo que están pasando ellos". La joven pone como ejemplo a uno de los menores del campamento, que vio como mataban de un disparo a su hermano hace dos años. A pesar de este tipo de situaciones, las familias se vuelcan con todas las actividades que se realizan diariamente.

Los menores no solo participan en las clases y las actividades, sino que también realizan representaciones para sus familias. Agradece el cariño que recibe en todo momento. "Los niños tienen una sensibilidad que no son capaces de ver. Hacen las cosas porque les gusta, aunque sean difíciles", afirma, al tiempo que reconoce que "te ponen la mejor cara aunque lo estén pasando mal".

La artista cuenta los días para regresar a su ciudad, aunque también es consciente de todo lo que deja atrás. "Tengo ganas de volver, pero no me quiero ir viendo la realidad que hay aquí. Para ellos todo va a seguir igual", concluye.

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