Cuando el terror silenció las Fallas: 25 años del coche bomba de ETA en la playa de Gandia
El Servicio de Desactivación de Explosivos de la Policía evitó la explosión de un turismo con 50 kilos de explosivo

La explosión controlada provocó múltiples daños en el Grau de Gandia. / Ximo Ferri

Las calles de Gandia se llenan cada 17 de marzo de centenares de falleros y visitantes que visitan las distintas fallas de la ciudad el día después de la ansiada entrega de premios. Sin embargo, el 17 de marzo de 2001, el terror silenció la fiesta en la capital de la Safor. Hoy se cumplen 25 años del acontecimiento.
Un coche bomba con 50 kilos de explosivo estaba a punto de explotar en la calle Rábida, donde se congregaban centenares de personas. Sin embargo, el Servicio de Desactivación de Explosivos de la Policía evitó lo que probablemente hubiese sido una tragedia en la playa de Gandia. Los agentes realizaron la detonación controlada de un Peugeot 406 blanco que portaba matrícula falsa. El vehículo utilizado por los terroristas, como informó este diario, había sido robado en Francia un mes antes.
Centenares de vecinos y vecinas fueron desalojados aquella madrugada, que para muchos se convirtió en la noche más larga de su vida. Una llamada fue clave para paralizar esta matanza. La actuación de la Policía Local y Nacional fue clave para evacuar a todos los vecinos casa por casa e, incluso, algunos ya se encontraban durmiendo.
La asociación DYA del País Vasco, una organización de ayuda en carretera y emergecias, recibió una llamada de una persona que decía hablar en nombre de ETA. Esta afirmaba que habían colocado un coche bomba en Gandia e, incluso, alertaba de que la explosión se iba a llevar a cabo sobre las 23:30 h.
Tres horas más tarde, una segunda llamada de la Ertzaintza confirmaba esta información, lo que permitió que las autoridades desalojaran la zona y pudieran actuar rápidamente.
Los Tedax se desplazaron hasta la playa de Gandia para llevar a cabo la evacuación de todas las personas que se encontraban en el lugar. La rápida actuación salvó la vida de cerca de 300 personas, que se concentraban tanto en los bares y restaurantes de la zona - una de las pizzerías estaba repleta de gente- , como un hotel y varios edificios de la zona.
Los agentes acordonaron la zona en un perímetro de hasta 300 metros y, a lo largo de la madrugada, consiguieron explosionar el vehículo de manera controlada. Previamente intentaron inyectar dos pequeñas cargas explosivas para intentar neutralizar el temporizador y evitar su explosión, pero no lo consiguieron. No hubo víctimas, pero sí que se produjeron cuantiosos daños materiales. Una veintena de vehículos sufrieron desperfectos -algunos terminaron calcinados-.

Centenares de personas se concentraron a las puertas del ayuntamiento. / Levante-EMV
Los daños más importantes se registraron en el edificio más próximo a la explosión. Los desperfectos se concentraron en las nueve primeras plantas y en el hotel Riviera, que se remodeló íntegramente hace unos años.
La alcaldesa de la ciudad en ese momento, Josefa Grau, reconoció en su momento a este diario que probablemente la banda hubiese elegido esta ciudad por su gran presencia y atractivo turístico. Grau también lamentó que el presidente de la Generalitat Valenciana, Eduardo Zaplana, no hubiese visitado la ciudad durante los días posteriores al incidente.
La ciudad mantuvo su agenda fallera, aunque la fiesta estuvo marcada por los mensajes en contra de la banda y la violencia. Días después, miles de vecinos se concentraron en la plaza consistorial para alzar la voz contra el terrorismo.
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