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Gandia resurge de las cenizas: la ciudad recupera el pulso tras la Cremà

Los servicios de limpieza han retirado las cenizas y han acondicionado las demarcaciones tras una larga noche de trabajo

Saray Fajardo

Saray Fajardo

Gandia

Si alguien visita hoy la plaza del Prado de Gandia, difícilmente imaginará que hace apenas unas horas ese mismo espacio albergaba dos fallas plantadas, ahora reducidas a cenizas tras la Cremà, sin apenas rastro de la actividad y el ambiente festivo que llenaban el lugar. El ir y venir de vecinos y visitantes, la música y el color han dejado paso a una estampa mucho más tranquila, casi ajena a la intensidad vivida durante los últimos días.

La ciudad ha vivido una intensa y emotiva noche de fuego que pone fin a un ciclo fallero para dar paso a las Fallas de 2027. Tras la Cremà de las 23 fallas de la ciudad —tanto grandes como infantiles—, muchos falleros y falleras han aprovechado estas horas para descansar y recargar fuerzas después de una semana repleta de actos, marcada por la convivencia, la pólvora y la emoción.

Mientras ellos se retiraban a sus casas, las calles recuperaban poco a poco la normalidad. Los servicios de limpieza han recorrido las distintas demarcaciones para retirar vallas, cenizas y todo tipo de elementos falleros, trabajando desde la madrugada para que la ciudad recupere cuanto antes la imagen previa a la Plantà. Poco a poco, desaparecen los últimos vestigios de la fiesta. Las carpas poco a poco también van desapareciendo.

Cambio en las calles

Atrás quedan los ninots, las calles llenas de bullicio y las imágenes de falleros y falleras luciendo sus trajes tradicionales, que durante días han llenado cada rincón de la ciudad de identidad y cultura. También se diluyen los sonidos de las charangas y el ambiente festivo que ha marcado el pulso de la ciudad.

Ahora, Gandia recobra su ritmo habitual. Algunos negocios han decidido bajar sus persianas para tomarse un merecido descanso, mientras los falleros regresan a sus rutinas laborales y los más pequeños retoman las clases tras una semana intensa. La ciudad despierta con una mezcla de cansancio y satisfacción.

Solo las flores que envuelven a la Virgen en la plaza Mayor permanecen como la única huella visible de todo lo vivido durante estos días. Muchos curiosos todavía se acercan para contemplar y fotografiar el manto elaborado con los ramos de la Ofrenda, uno de los símbolos más emotivos de la fiesta. Con su presencia, se mantiene vivo el recuerdo de unas Fallas que ya forman parte de la memoria colectiva. Empieza así, casi sin darse cuenta, la cuenta atrás para las Fallas de 2027.

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