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Juanjo Merino, tras interpretar a Cristo en Gandia durante 30 años: "No creo que por ponerme en su piel me haya ganado el cielo; en la vida lo que vale son los hechos"

Este ciudadano deja este año de ser Jesús en el Via Crucis Viviente

El gran protagonista de la Semana Santa porta la cruz en el Vía Crucis Viviente de Gandia de este año

El gran protagonista de la Semana Santa porta la cruz en el Vía Crucis Viviente de Gandia de este año / Alex Oltra

Salva Talens

Salva Talens

Gandia

Juan José Merino Muñoz, gandiense de 69 años de edad a punto de cumplir 70 en el mes de mayo, es protagonista en la Semana Santa de Gandia porque este año es el último que interpreta a Jesucristo en el Via Crucis Viviente después de tres décadas ininterrumpidas interpretando a dicho personaje, salvo el año de la pandemia. La representación ha tenido lugar durante el pasado fin de semana.

Le quedan dos intervenciones como Jesús en procesiones del Jueves Santo y Viernes Santo, "pero sin hablar ni nada". Seguirá en la cofradía de la santa Cena Viviente, "igual actuando como un romano de pueblo, pero no lo sé exactamente", comenta.

Juanjo, que es como le conoce todo el mundo, asegura que lo deja porque "me he hecho mayor y quiero viajar y ver de cerca otras Semanas Santas de España, sobre todo en Andalucía: Sevilla, Málaga o Jaén. Hay que dejar paso a otra gente".

El protagonista de la historia, clavado en la cruz

El protagonista de la historia, clavado en la cruz / Jose Devesa

Pertenece a la Hermandad de la Santa Cena Viviente desde el primer día, es decir, hace ahora 50 años que cumple la cofradía, y antes de ser Jesús fue verdugo y hasta ladrón bueno.

La primera vez que "salí en el Vía Crucis fue de romano. Nos vestimos con papel y cartón y cañas del barranco y se nos descosió todo. Menos mal que íbamos con leotardos..."

Los textos, de memoria

Juanjo se sabía y se sabe el texto de todos los que participan en el Vía Crucis: "Después de 30 años los tengo todos memorizados. Un año me dijeron de salir de Jesús y recuerdo algunas cosas, pero después ya es siempre lo mismo".

La tecnología es una de las cosas que han cambiado en estos 30 años: "Antes interpretábamos a puro pulmón y después pasó a ser con micro y altavoces para que lo pueda oír todo el mundo que acude a ver la representación. También se han incorporado tres escenas más al Vía Crucis".

La gente (el público) "siempre ha respondido. Al principio, menos, pero ha ido claramente a más y se llena cada año de gente curiosa, fieles, devotos y cofrades".

Juanjo, con peluca, y su mujer, en una imagen de hace unos años

Juanjo, con peluca, y su mujer, en una imagen de hace unos años / Levante-EMV

"Jesús" confiesa que "mi aspecto no era el mismo que ahora. Antes hacía el personaje con peluca por el daño que me hacía la corona de pinchos, pero este año he decidido dejarme la melena natural, el pelo largo. La peluca está recubierta de una tela que evita que te puedas provocar alguna herida con los pinchos". Sus hijos y los de su pareja, María José, no han seguido la tradición: "No les apetece salir y actuar".

Recuerda Juanjo cuando se le pregunta por si la meteorología ha respetado la representación que "un año llovió y estábamos ya arriba del calvario, yo hacía de ladrón bueno y José Moran Caragol de Jesús. Nos tuvimos que ir corriendo del agua que caía. Pero lo mejor es que empezó a llover, a tronar y a hacer rayos y relámpagos... parecía una escena real de aquella época".

Dice Juanjo que es creyente "y practicante siempre que puede. Para actuar, me transformo de tal manera que me concentró y no veo a nadie, solo pienso en mi papel. Para hacer el personaje ensayamos los dos últimos meses antes de Semana Santa.

Juanjo y María Jose, en una imagen tomada este martes en la redacción de Levante EMV La Safor

Juanjo y María Jose, en una imagen tomada este martes en la redacción de Levante EMV La Safor / Salva Talens Carbó

Desde la cofradía le preguntan por qué lo deja porque ven que "físicamente estoy bien". Yo no he cobrado nunca por hacer de Jesús sino lo contrario porque pago mi cuota de la hermandad todos los años. Eso sí, lo hago muy a gusto".

"Me siento muy bien, feliz y satisfecho. No creo que interpretar a Cristo me asegure ir al cielo o me haga mejor persona; en la vida lo que valen son los hechos", concluye.

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