La falta de suelo, la llegada de vecinos y las casas vacías agravan la crisis de la vivienda en los municipios sin oferta de la Safor
Una veintena de localidades apenas dispone de cinco inmuebles en venta o alquiler
Los ayuntamientos apuestan por la rehabilitación de viviendas vacías para destinarlas al alquiler social y atraer a jóvenes

Beniarjó y Beniflà, dos municipios colindantes de la Safor, en una imagen de archivo. / Levante-EMV
Son muchos los vecinos y vecinas que deciden alejarse del ruido y buscar refugio en entornos más tranquilos donde vivir. Los municipios más pequeños de la Safor crecen poco a poco con la llegada de nuevas familias. Sin embargo, en ocasiones se enfrentan a una importante problemática: la falta de vivienda para comprar o arrendar. Si la escasez de inmuebles ya afecta a las grandes ciudades, la situación se agrava todavía más en los pequeños municipios.
Un tercio de las localidades de la Safor no dispone de ningún piso o casa en venta o alquiler, mientras que otra decena de municipios cuenta con menos de cinco inmuebles disponibles en la actualidad, según un conocido portal inmobiliario en internet.
La escasez de suelo se ha consolidado como uno de los principales obstáculos para la construcción de vivienda, debido a los elevados precios y a las dificultades urbanísticas. Por ejemplo, Benifairó de la Valldigna no cuenta con terrenos disponibles para edificar más allá de algunas parcelas privadas destinadas a viviendas unifamiliares.
La situación se repite en Benirredrà, donde están pendientes las modificaciones y los nuevos planes generales de ordenación urbana. En este sentido, la alcaldesa, Vicky Bordes, denuncia que se trata de “un problema importante porque la gente joven del pueblo no tiene casas donde quedarse”. Palma de Gandia también debe modificar su Plan General de Ordenación Urbana para ampliar el suelo disponible.
Alfauir, por su parte, ha recibido cerca de setenta nuevos habitantes en los últimos años, lo que ha dejado apenas tres o cuatro solares privados disponibles para edificar. Su alcalde, José Juan Bataller, señala que el municipio está creciendo “muy rápido”, aunque el consistorio no prevé abrir nuevas calles, ya que su objetivo es seguir siendo “un pueblo humilde y tranquilo, en el que la gente pueda disfrutar”.
Otros municipios sí disponen de suelo edificable, pero se enfrentan a trabas urbanísticas que dificultan la construcción de nuevas viviendas. Es el caso de Villalonga, Beniarjó o Almiserà, según explican desde sus respectivos ayuntamientos.
Beniflà podría acoger un centenar de nuevos vecinos si se edificara en los seis solares aún sin construir. “Se podrían levantar adosados o promociones residenciales de hasta tres alturas”, señalan desde el consistorio. La Font d’en Carròs, por su parte, podría albergar unas 120 nuevas viviendas.
Recientemente, Rafelcofer puso fin al conflicto judicial de la zona 3AB tras dos décadas de litigio, lo que abre la puerta a nuevas promociones en una de las pocas áreas del municipio donde todavía se puede edificar.
Uno de los casos más llamativos es el de Llocnou de Sant Jeroni. Hace unos meses, el voto en contra de un concejal de Compromís y de una edil socialista con intereses particulares rechazó el Plan Parcial Monestir, que planteaba un posible ensanche urbano para 35 nuevas viviendas. “Todas las semanas tenemos peticiones de alquiler o compra, pero no podemos ofrecer nada porque no hay suelo”, lamenta el alcalde, Ricard Igualde.
Casas viejas para reformar
Más allá de la construcción de nuevas viviendas, los municipios también recurren a otras fórmulas más rápidas y, probablemente, más asequibles. Rafelcofer, Ròtova y Potries cuentan con casas antiguas deshabitadas que podrían rehabilitarse y destinarse al alquiler.
La Oficina d’Habitatge Rural del Centre de Desenvolupament Rural de la Safor pone el foco en la gran cantidad de viviendas vacías situadas en los cascos urbanos de algunos municipios del interior de la comarca, susceptibles de ser rehabilitadas para acoger nuevos vecinos.
“En Potries hay una veintena de casas cerradas que no se habitan al no haber sido reformadas. La política urbanística del municipio durante los últimos diez años no se ha centrado en el crecimiento expansivo del pueblo, pese al aumento de población, sino en la rehabilitación de viviendas ya existentes”, señala el alcalde, Sergi Vidal, quien añade que el problema de la vivienda va más allá de la falta de suelo. En sus palabras, “necesitamos políticas valientes que obliguen a poner en el mercado las viviendas vacías, desocupadas o pendientes de reforma, además de otras medidas como el control de precios”. El municipio, además, dispone de una veintena de solares urbanos pendientes de edificar y tres grandes terrenos que podrían acoger viviendas unifamiliares.
Ador también ha puesto en marcha otras iniciativas. En este caso, el consistorio ha rehabilitado una antigua vivienda que se ha transformado en seis pisos destinados al alquiler social. Ante la demanda de los jóvenes, el ayuntamiento trabaja ahora en las bases y requisitos para poder ofertarlos.
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