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Cae un mito: exponer a un recién nacido al sol detrás de la ventana no previene la ictericia

Investigadores del Campus de Gandia de la UPV, de los hospitales de Gandia y Alzira y de la Fundación Fisabio demuestran en un estudio que ningún vidrio del mercado protege a estos bebés de las radiaciones solares

El equipo trabaja en un filtro que se puede acoplar a la ventana y que podría ser una solución barata en países pobres, donde no tienen máquinas de fototerapia

De izquierda a derecha José Miguel Sequí, José Miguel Sequí Sabater, Jesús Alba, Romina del Rey, y Carlos Angelats.

De izquierda a derecha José Miguel Sequí, José Miguel Sequí Sabater, Jesús Alba, Romina del Rey, y Carlos Angelats. / Levante-EMV

Josep Camacho

Josep Camacho

Gandia

Un equipo de investigadores de la Safor ha publicado un estudio que demuestra que la luz solar que entra por las ventanas supera los niveles de fototerapia recomendados y, por tanto, se desaconseja exponer a los recién nacidos al sol detrás de ellas para prevenir la ictericia, una afección que afecta a más de la mitad de neonatos. Consiste en la coloración amarillenta de la piel y las mucosas debido al aumento de la concentración de la bilirrubina en la sangre.

El estudio ha sido desarrollado por personal investigador del Campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València (UPV) y sanitarios de los hospitales Francesc de Borja (Gandia) y la Ribera (Alzira), junto a la Fundación Fisabio.

Ha sido publicado en la revista "Anales de Pediatría", la más prestigiosa en España de la especialidad. Los autores son el pediatra José Miguel Sequí Canet; su hijo, el remautólogo José Miguel Sequí Sabater; el pediatra Carlos Angelats Romero, y por parte de la UPV Jesús Alba Fernandez y Romina del Rey Tormos.

La ictericia neonatal suele ser leve y transitoria, pero en algunos casos puede alcanzar niveles peligrosos si no se trata a tiempo.

Para evitar complicaciones como un daño neurológico, la práctica clínica se basa en el diagnóstico precoz y el uso de dispositivos de fototerapia controlada, que emiten luz en un rango específico y con una intensidad bien definida.

Por tanto, en países desarrollados la ictericia se trata en el hospital, exponiendo a los bebés a una luz azul tipo LED con una longitud de onda determinada hasta que desaparece su tono de piel amarillento, monitorizando en todo momento los niveles de bilirrubina.

Un bebé en una cardioincubadora.

Un bebé en una cardioincubadora. / Pilar Cortés

Sin embargo, en la práctica cotidiana, e incluso en muchas maternidades de hospitales, sigue siendo frecuente recomendar de forma informal "poner al bebé al sol, cerca de la ventana", pese a que las guías no recomiendan la exposición al sol para prevenir o tratar la ictericia. Esto es más frecuente todavía en países pobres, como en algunos de África, donde ni siquiera tienen luz.

El doctor Sequí se marcó erradicar esta práctica, y al mismo tiempo buscar una solución que pudiera ser viable para los países del tercer mundo. Por ello, en primer lugar contactó con el Campus de Gandia para analizar todos los cristales que hay en el mercado.

Sala de incubadoras del hospital de Gandia.

Sala de incubadoras del hospital de Gandia. / Levante-EMV

Los investigadores estudiaron cómo se comporta la luz solar al atravesar distintos tipos de vidrio habituales en viviendas, evaluaron hasta siete tipos distintos de cristales, y concluyeron que, aunque la luz que entra por las ventanas mantiene una intensidad elevada en la banda azul —la que se utiliza en los tratamientos médicos—, lo hace sin control y acompañada de radiaciones potencialmente perjudiciales.

Midieron la irradiancia solar en diferentes condiciones y comprobaron que, en exteriores, la luz azul puede alcanzar valores hasta ocho veces superiores a los utilizados en fototerapia intensiva. "Al atravesar el vidrio, entre un 70% y un 90% de esa luz sigue llegando al interior, lo que implica que un recién nacido expuesto junto a una ventana puede recibir niveles de radiación muy elevados y difíciles de controlar", apunta Jesús Alba.

Además, el trabajo revela que los vidrios habituales no filtran de forma eficaz otras radiaciones como la ultravioleta (UVA) o la infrarroja, que no aportan beneficios terapéuticos y pueden provocar sobrecalentamiento, deshidratación o daños en la piel y los ojos.

A diferencia de los dispositivos médicos, que permiten ajustar la dosis y proteger al paciente, la exposición solar depende de múltiples factores variables como la hora del día, la meteorología, la orientación de la vivienda o la distancia a la ventana.

"Esta falta de control impide garantizar tanto la eficacia como la seguridad de esta práctica. Los acristalamientos residenciales dejan pasar niveles muy elevados de irradiancia solar, con un espectro amplio que incluye radiación UVA e infrarroja, y una irradiancia azul varias veces superior a la utilizada en fototerapia, pero sin selectividad ni control de dosis", incide José Miguel Sequí Canet. Por ello, insiste, "la exposición al sol a través de una ventana no es recomendable como método preventivo ni terapéutico frente a la ictericia neonatal".

Patente de un filtro

"Lo primero, por tanto, es advertir de algo que se está haciendo esta mal", señala Sequí. Y, de forma paralela, el mismo equipo está trabajando en un filtro que se pueda colocar en la ventana, pegándolo y despegándolo, un material que además sería muy barato y fácil de producir, pensado sobre todo para los países que no tienen máquinas de fototerapia.

Desde Fisabio y la UPV ya se ha cursado la patente al registro nacional, aunque es un trámite que requiere una gran inversión. Hay una empresa dedicada a la fabricación de plásticos que ha colaborado con el prototipo e incluso estaría dispuesta a producirlo.

La idea de este proyecto surgió en el marco de Safor Salut, un programa de cooperación entre agentes clave del sistema valenciano de innovación en salud en el área territorial de La Safor y su entorno (UPV, Fisabio y FAES).

Vibraciones en incubadoras

No es la primera vez que el Campus de Gandia de la UPV trabaja en proyectos transversales de Medicina y Tecnología. Otra línea de investigación en la que se está trabajando es la de reducir las vibraciones y sonidos dentro de una incubadora, con el fin de que afecten los menos posible al bebé. Los resultados de este estudio se conocerán en el próximo otoño.

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