Tres generaciones de “guardianas de la memoria” mantienen viva la búsqueda de 62 fusilados en Gandia
Las familias de los 62 fusilados aguardan respuestas en un proceso que avanza con lentitud desde 2023 nLa fotoperiodista Eva Máñez recoge sus historias

Fotografía de Eva Máñez incluida en el libro «Memòria de l’Oblit». / Eva Máñez

Durante muchos años, las mujeres quedaron relegadas casi en exclusiva a cocinar, atender las tareas del hogar, cuidar de sus hijos y cumplir con las obligaciones impuestas como esposas. Su espacio, lamentablemente, se reducía al ámbito doméstico. Precisamente entre esas paredes compartían su día a día y cuanto vivían, aunque en muchas ocasiones el silencio expresaba más que las propias palabras. Fue allí donde la vecina de Gandia Consuelo Seguí conoció la historia de su suegro, Antonio Boigues Andrés, fusilado el 4 de noviembre de 1939, precisamente el día en que iba a quedar en libertad tras cumplir condena en la prisión de la Escola Pia de Gandia.
«No tenemos muy claras las fechas, ya que el sumarísimo mostraba que primero fue condenado a cadena perpetua y luego le rebajaron la pena a 30 años, por lo que las fechas no cuadrarían. Lo que sabemos es que lo dispararon por la ventana. Mi bisabuela pudo entrar al cementerio, pero con la condición de verlo sin llorar. Contaba que lo vio con la cabeza tapada y le desabrochó el cinturón porque estaba hinchado», recuerda Karen Boigues, biznieta de Antonio.
Su abuela Consuelo, que se casó con Antonio -uno de los tres hijos del fallecido-, decidió indagar tras conocer la historia a través de su suegra, pero desafortunadamente falleció el año pasado, por lo que no pudo reencontrarse con los restos del fusilado. «Mi abuela Consuelo era la que conservaba la historia de sus suegros porque mi abuelo no hablaba mucho. Él era muy joven y lo enviaron a un colegio. Luego ya no habló más del tema. Lamentablemente hemos llegado muy tarde», lamenta Karen.
Antonio tenía nueve años cuando mataron a su padre. Él era el mayor de tres hermanos -un bebé de 40 días y una niña de tres años-. La familia tuvo que convivir en una de las habitaciones de su casa para arrendar el resto de dependencias. Ni el alquiler ni los trabajos en bares o almacenes mejoraron su calidad vida. Encarna, como el resto de esposas de fusilados, quedó viuda en una sociedad que no le permitía tener dinero ni propiedades. No solo sufrieron la pérdida de sus parejas, sino que también fueron expulsadas de sus casas, condenadas a multas y, en algunas ocasiones, vivieron represalias sexistas como violaciones o dejarlas calvas.
Esta es solo una de las 62 historias que albergan las fosas del cementerio de Gandia. Un total de 24 cuerpos fueron exhumados en 2023, aunque todavía se desconocen los resultados de las pruebas de ADN, mientras que el resto permanecen bajo 220 nichos que deberían ser derribados y trasladados a otro espacio del camposanto para poder llevar a cabo la exhumación. En ese proceso de exhumación también participó Karen, ya que ella es arqueóloga y antropóloga. En sus palabras, «siempre he querido ser arqueóloga, pero al conocer la historia de mi bisabuelo, decidí adentrarme en la antropología y especializarme en memoria democrática». Ella, sin saberlo, también participó en ese proceso de dignificación que todavía no ha terminado.

El bisabuelo de Karen, en una imagen cedida por ella. / Levante-EMV
Largo camino
Precisamente fue un grupo de mujeres, y pese a las dificultades, las que decidieron emprender el camino para encontrar a sus familiares, aunque no tenían ni localizadas las fosas. Ellas son conocidas como las «guardianas de la memoria», ya que son ellas las que han custodiado los objetos y las fotografías, han preservado su historia y ahora se han adentrado en este proceso que arrancó en 2018 y se aceleró en 2023 al encontrar las fosas. Consuelo y Karen son un ejemplo de ello. Fue el padre de Karen, y nieto de Antonio, el que proporcionó su ADN para recuperar los restos. «Para mi padre ha sido duro ver como ellos no lo podrán ver», insiste.
Muchas de estas historias se recogen en la obra «Memòria de l’oblit. La repressió franquista a la Safor», de la fotoperiodista Eva Máñez. Ella también pone en valor el trabajo de este grupo de mujeres que «todos los años van al cementerio y mantienen viva esa memoria». Para ella, existen tres generaciones de guardianas: las mujeres que sufrieron esta violencia desamparadas; la generación del silencio, que se veía obligada a callar, y las mujeres que han nacido en democracia y quieren saber y entender qué ha pasado porque necesitan sanar. Recalca que se trata de una memoria por delegación, en la que se recogen los testimonios de aquello que se ha contado y también de los silencios.
Máñez califica la historia de estas fosas como la «historia de revictimización y maltrato continuo por un juez y por estar enterrados bajo unos nichos». La fotoperiodista, como el resto de familias, busca «un reconocimiento institucional que demuestre que eran buenas personas». «Esto es importante en un lugar como Gandia donde ellas salían a la calle y todos las conocían», concluye.
Tres años de espera para conocer los resultados de los 24 cuerpos exhumados
Las familias de los 24 cuerpos que se exhumaron en 2023 todavía esperan los resultados de las pruebas de ADN -en caso de coincidencia-. El director de la excavación, Miguel Mezquida (Arqueoantro), explica que "existe una saturación en los bancos de pruebas", por lo que el proceso todavía se demora más. Señala que en estos momentos están llegando los datos de las excavaciones de 2023, por lo que "no deberían tardar". Sin embargo, los laboratorios no se aventuran a dar una fecha exacta. "Pueden ser tres semanas o tres meses, pero son los siguientes", concluye.
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