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La natalidad se desploma un 40 % en Gandia: menos hijos y más tarde

La tendencia decreciente es más acusada entre las madres españolas

Cuatro de cada diez nacimientos corresponden a familias extranjeras

Los embarazos se retrasan a edades más tardías

Un grupo de bebés, en una de las actividades organizadas por una ‘escoleta’ de Gandia, en imagen de archivo.

Un grupo de bebés, en una de las actividades organizadas por una ‘escoleta’ de Gandia, en imagen de archivo. / Levante-EMV

Saray Fajardo

Saray Fajardo

Gandia

Encontrar pareja, casarse y tener hijos ha sido durante décadas el itinerario vital que la sociedad marcaba para muchas mujeres. Sin embargo, los avances en igualdad y los cambios sociales han transformado esta realidad. En numerosos casos, la maternidad ha dejado de ser una prioridad inmediata. El acceso a la educación superior, el desarrollo profesional y la búsqueda de estabilidad laboral han llevado a muchas mujeres a retrasar la decisión de tener hijos. En algunos casos, formar una familia ni siquiera figura entre sus planes de futuro. Además, la dificultad para acceder a una vivienda o los bajos salarios también contribuyen a agravar la situación.

Por ello, no resulta extraño que las tasas de natalidad y fecundidad hayan descendido hasta mínimos históricos en los últimos años. La situación no es muy diferente en Gandia. El número de nacimientos se ha reducido en torno a un 40 % entre los años 2008 y 2024. Así lo recoge la Càtedra de Pensament Territorial Joan Noguera, que analiza esta problemática y, a su vez, pone de manifiesto los retos que plantea para la planificación futura y el relevo generacional.

Si en 2014 la ciudad registraba 8,16 nacimientos por cada mil habitantes, una década después la cifra se situaba en 6,68 alumbramientos, lo que, según el informe, representa «los niveles más bajos desde que hay datos». Entre 2005 y 2007, Gandia vivió su etapa de mayor crecimiento, con más de 900 nacimientos anuales, pero las cifras comenzaron a descender a partir de 2009. En 2013 ya se situaban por debajo de los 650 nacimientos, mientras que entre 2021 y 2024 se contabilizaron entre 500 y 550 partos.

La tendencia decreciente es aún más acusada entre las madres españolas, ya que en 2005 se registraron 582 nacimientos, mientras que en 2024 la cifra desciende hasta los 324, lo que supone una reducción del 44 %. Ante esta situación, la presencia de madres extranjeras ha contribuido a estabilizar parcialmente las cifras. Pese al descenso general de los partos, este colectivo sostiene una parte relevante de los nacimientos. Así, en 2024, cuatro de cada diez nacimientos correspondían a madres extranjeras, es decir, el 40 %.

Maternidad tardía

El informe también señala que la fecundidad en Gandia se mantiene en niveles muy bajos. Desde 2014, el número medio de hijos por mujer se sitúa entre 1,11 y 1,26, una cifra muy alejada del 2,1 necesario para garantizar el reemplazo generacional.

La inestabilidad económica influye, en muchos casos, en el retraso de la maternidad. Durante la última década, los datos muestran que las mujeres tienden a tener hijos a edades cada vez más avanzadas. Así, la mayoría de los nacimientos se concentra en mujeres de entre 30 y 34 años, con 72,95 nacimientos por cada mil mujeres. En cambio, entre las adolescentes de 15 a 19 años la cifra desciende a 5,90, mientras que en el grupo de 20 a 24 años alcanza los 22,80. Las tasas aumentan hasta 53,94 en mujeres de entre 25 y 29 años y hasta 57,91 en el grupo de 35 a 39 años.

El doctor en Sociología de la Universitat de València, Enric Sigalat, miembro también de la Càtedra, señala que «revertir la situación es complicado». En sus palabras, «se trata de un problema estructural y uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos». No obstante, subraya que «aún estamos a tiempo de reconducir la situación con políticas más constantes». Para ello, reclama una mayor coordinación entre administraciones y en todos los ámbitos. Añade que «las distintas crisis han difuminado este problema, que se arrastra desde hace más de tres décadas», y lamenta las barreras estructurales y materiales que lo agravan, como el acceso a la vivienda o los salarios. «Necesitamos políticas que apoyen realmente a las familias».

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