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“Salí para adelantar el temporal, pero este se adelantó”: La odisea de Aureliano, que estuvo doce días a la deriva tras zarpar de Gandia

Este vecino de la Font d’en Carròs se dirigía a Guardamar del Segura y terminó rescatado en Argelia arrastrado por la fuerza de la tormenta Harry

Aureliano Mendes 12 días a la deriva con un velero, zarpo de Gandia con destino a Guardamar de Segura.

Agustí Perales Iborra

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Saray Fajardo

Saray Fajardo

Gandia

“¿Otra vez por aquí, Aureliano? ¿Se va a hacer famoso?”. Son pocas las personas del Real Club Náutico de Gandia que aún no conocen la historia de Aureliano Mendes, el vecino de la Font d’en Carròs que pasó doce días a la deriva tras toparse con el temporal Harry cuando navegaba hacia Guardamar del Segura, donde había acordado un amarre más económico.

Pese a verse obligado a abandonar en alta mar su velero, el Almirante, este vecino continúa recibiendo propuestas para participar en distintas actividades náuticas. “No tengo barco, pero saben que yo iría”, comenta entre risas. De hecho, ya ha comenzado a ahorrar para comprarse un nuevo velero. “Me di cuenta de que era muy bueno, porque si no, no habría sobrevivido. A mí me gusta el mar porque tiene mucha belleza, aunque también sus inconvenientes, sobre todo si uno no está preparado”, reflexiona. Añade: "No . no quiero dejar el mar. Si el mar me deja, estaré".

Aureliano Mendes, en el Real Club Náutico de Gandia.

Aureliano Mendes, en el Real Club Náutico de Gandia. / Perales Iborra

Aureliano salió de su casa de la Font d’en Carròs la mañana del 15 de enero con la intención de adelantarse al temporal y evitar lo peor del mal tiempo. Calculaba que el trayecto no duraría más de dos días. Sin embargo, abandonó su hogar sin imaginar lo que el destino le tenía reservado. Él vive junto a su esposa en este municipio desde 2021, aunque muchos de sus vecinos todavía desconocían su historia. De hecho, este diario tuvo que desplazarse hasta en dos ocasiones a la localidad para localizarle. Finalmente, una nota con un número de teléfono permitió dar con su paradero.

Pese a todo lo vivido, su gran pasión sigue siendo el mar. Por eso, no duda en acercarse hasta la Marina de Gandia para rememorar aquellos días en los que sobrevivió a la deriva. “Yo sabía que venía un temporal —uno de los peores que se recuerdan en los últimos años— y que se iba a alargar, pero ya tenía contratado el amarre y habría pagado el doble si no iba”, explica. “Salí para adelantarme al temporal, pero el temporal se me adelantó a mí”, añade.

Este vecino de 69 años sobrevivió en alta mar sin motor, sin radio, sin GPS y prácticamente sin batería en el teléfono. “Fue un cúmulo de malas circunstancias. El motor no lo necesitaba porque el viento ya empujaba bastante. Y yo llevaba varios cargadores para el móvil, pero ninguno servía para conectarlo al USB del barco”, relata.

Tras doce días perdido en el mar y otros siete hasta regresar a tierra, fue localizado a 53 millas al noroeste de la ciudad argelina de Bugía. Finalmente, una avioneta de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) logró encontrarle el 28 de enero.

Fue su esposa quien denunció su desaparición ante la Guardia Civil. Precisamente en ella y en sus tres hijos pensó Aureliano durante toda la travesía. “Me dolía porque yo sabía que estaba bien, pero ellos no. Ojalá hubiese podido llamarles para decirles que estaba vivo y luchando”, recuerda.

Para sobrevivir únicamente disponía de los 'tuppers' preparados para los tres días que, en teoría, iba a durar el viaje. “Tuve comida hasta el penúltimo día. Comía muy poco; repartí la comida de tres días en doce. Llevaba un bol de pollo con arroz y medio pollo asado”, explica. También tuvo que racionar el agua: apenas contaba con cuatro botellas de litro y medio. “Además vacié el tanque de agua potable del barco porque veía que el agua entraba y tenía que achicarla o acabaría hundiéndome”, señala.

Reconoce que no tenía demasiada experiencia en el mar. Se guiaba “por el sentido de la orientación”. “Era un marinero sin rumbo. No sabía hacia dónde iba, pero sí que tenía que llegar a algún sitio”, afirma.

Aureliano Mendes, en el Real Club Náutico de Gandia.

Aureliano Mendes, en el Real Club Náutico de Gandia. / Perales Iborra

A pesar de todo, consiguió mantener la calma. “Tenía que resistir. Pensaba que podía morirme con el siguiente golpe, pero hasta que llegara, seguía vivo. Si te golpeas contra una esquina, te matas”, relata. También temía caer al agua. “Me agarraba con fuerza al velero y, si una mano se soltaba, buscaba apoyo con la otra”. Para dormir, incluso se ataba a la cama para evitar caer durante el temporal.

Aunque sabía que le estaban buscando, llegó un momento en el que perdió la esperanza. “Con el temporal era imposible que salieran a buscarme por mar y pensé que habían desistido”, reconoce. Incluso él mismo llegó a creer que no sobreviviría. Sin embargo, como él mismo resume, “al final se produjo el milagro”.

«Todavía me faltaba experiencia en navegación costera»

Aureliano llegó a la Safor en 2021, aunque adquirió el velero hace apenas año y medio. Reconoce que no volvería a tomar la misma decisión si se anunciara un nuevo temporal. «Ahora no lo haría. Cuando vuelva a tener un velero, miraré el tiempo. Si dicen que viene una borrasca en cuatro días, esperaré a que pase», asegura.

Además, admite que, aunque creía tener conocimientos de navegación y orientación en el mar, aquellos doce días a la deriva le demostraron que estaba equivocado. «No tenía experiencia ni conocimientos de navegación costera», reconoce. Añade: «Mientras veía tierra podía navegar, pero cuando la perdí me di cuenta de que no sabía nada».

En sus palabras, «era desesperante no ver tierra», por lo que intentaba orientarse siguiendo el Sol. «Miraba por dónde salía y por dónde se ponía, pero no dejaba de dar vueltas», recuerda. «Me hacía una especie de mapa mental, pero no servía».

La odisea de Aureliano, que estuvo doce días a la deriva tras zarpar de Gandia

Por eso sabía que mantener la calma era su única opción. «Si me comía la cabeza, caería en la desesperación. Tirarme al mar tampoco era una opción porque me habría quedado allí. Yo resistía e intentaba moverme para no pasar frío», explica.

Aureliano nació en Cabo Verde, aunque a lo largo de estas casi siete décadas ha vivido en numerosas ciudades. Pasó, por ejemplo, tres años en Lisboa y otros veinte en León. Allí trabajó como minero, aunque también ha desempeñado trabajos en la construcción y la restauración. «Y también estuve en un circo. Por eso soy tan payaso», bromea.

No conocía la Font d’en Carròs, pero se enamoró del municipio por su tranquilidad y por la cercanía del mar. Su esposa nunca terminó de aceptar que tuviera un velero, aunque acabó cediendo. «No quería, pero ya me deja por cabezón. Sabe que no voy a dejar el mar», afirma entre risas.

Durante años estuvo ahorrando para poder comprar el velero. «Ahora que lo tenía y había conseguido convencerla, me pasa esto. Pero me lo tomo con humor», concluye.

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