Cáritas de Gandia lleva a las aulas historias de superación que no enseñan los libros
Cuatro usuarios explican a jóvenes de institutos sus respectivas biografías y mantienen un coloquio con ellos
Para Salvador, Rosa, Abdou y Jorge la experiencia del proyecto Bibliotecas Humanas es muy gratificante

Abdou cuenta su historia el jueves pasado a alumnos de Escolapios en Gandia. / J.C.

Cáritas Interparroquial de Gandia está desarrollando un programa de sensibilización muy original, intergeneracional y especialmente emotivo. Cuatro personas, usuarias de los servicios de la entidad, acuden a institutos para contarles de primera mano a los alumnos, chicos de entre 15 y 16 años, o algunos mayores en el caso de la FP, cómo han superado los problemas que han tenido en sus vidas, nada fáciles. Después, se someten a las preguntas que los chicos consideran y mantienen un coloquio con ellos.
En Cáritas llaman a este proyecto Bibliotecas Humanas, porque las personas que voluntariamente han querido participar preparan un texto, a semejanza del libro de su vida, que leen, de forma pausada, delante de los jóvenes, sentados en círculo. Uno de sus promotores y creador del concepto es el técnico de Cáritas José Figueres.
En esta primera edición participan Salvador Martínez (60 años), Rosa Colomina (60), Abdou Imalwan (26) y Jorge Malonda, de 50 años. Durante unas semanas recorrerán, siempre juntos, cuatro institutos de la ciudad. Salvador y Rosa están en viviendas de autonomía de Cáritas, Abdou en el CAI, y Jorge hace ya una vida por su cuenta.

De izquierda a derecha Salvador, Rosa, Abdou y Jorge. / J.C.
Todos ellos se estrenaron en el IES Tirant lo Blanc el pasado 21 de abril y el jueves pasado estuvieron por el Reial Col·legi de l'Escola Pia. Les quedan dos centros más, el IES Josep Iborra de Benissa y otra visita al IES Veles e Vents, en Gandia.
"Con esto ya se retiran de la gira - bromea Figueres-, al menos hasta septiembre". No obstante, el próximo 4 de junio también tienen previsto intervenir en un acto en el Palau Ducal, delante de las autoridades e invitados, con motivo de la apertura de la Semana de la Caridad 2026.
El jueves, a mediodía, antes de intervenir en Escolapios, los cuatro estaban algo nerviosos, a pesar de que habían ensayado los textos y las lecturas el día anterior. Pero enfrentarse a 60 enérgicos adolescentes de 4º de la ESO, a priori, no era fácil. Por suerte los chicos rápidamente entendieron la dinámica de la charla y tras repartirse en varios grupos guardaron un respetuoso silencio y prestaron mucha atención a cada una de sus biografías.

Técnicos de Cáritas y el profesor de Religión en una charla previa. / J.C.
La iniciativa se llevó a cabo dentro de la asignatura de Educación Cívica en Valores y Religión. Su profesor, Josep Pla, dedicó numerosas atenciones a los protagonistas de las biografías y se mostró muy satisfecho con la visita. Antes de que las "bibliotecas humanas" entraran en acción, hubo una charla a los chicos a cargo de técnicos de Cáritas, quienes les explicaron acerca de la entidad y sobre sus actividades en Gandia.
"Mi vida en una furgoneta"
A partir de ahí resumieron sus situaciones personales. Salvador les explicó cómo pasó de vivir en un chalé a una furgoneta. Trabajó en el campo y en la construcción hasta que, en 2008, con la crisis, emigró a Francia, donde fue albañil, pero no se adaptó y sólo estuvo un año. De regreso al pueblo fue "collidor". En 2020 cayó en la adicción al alcohol. Se divorció de su mujer. Vendieron la casa, la única propiedad que tenían en común. Él vivió de alquiler hasta que los ingresos no le dieron y acabó alojado en su furgoneta de trabajo. Le diagnosticaron una enfermedad ósea que le imposibilita trabajar y está pendiente de una operación. Pidió ayuda a Cáritas y hoy mantiene controlada la adicción.

Charla de Salvador. / J.C.
Contra viento y marea
"Yo no he tenido una vida fácil. A los 16 años fui madre soltera porque el padre de mi hijo se desentendió de él, ahí perdí gran parte de mi juventud". Así empieza su relato Rosa. Con 23 años sus padres tuvieron un accidente de tráfico y fallecieron. Problemas de violencia de género con varias de sus parejas, la adicción a las drogas y una salud frágil le llevaron a vivir en una pensión en Gandia, antes de llamar a la puerta de Cáritas. "Ese pequeño gesto mejoró mi vida. En el centro de día me ayudaron con la comida, con la ropa, me ofrecieron tratamiento psicológico y me tramitaron una ayuda económica". Hoy comparte piso en una vivienda de autonomía con otras dos mujeres y parte de su tiempo lo dedica a ser voluntaria en el ropero de Cáritas y en otros talleres de la entidad.
Caerse y volverse a levantar
"Yo tenía una familia", explica Jorge. "Estaba casado y tenía hijas. Había risas, momentos sencillos, una vida que, aunque imperfecta, era mía. Bebía de vez en cuando, como algo sin importancia… o eso creía. Nunca pensé que aquello sería el principio del fin". Vendió su casa, perdió el control, intentó sostener un alquiler, pero fue imposible y acabó en la calle. "No fue fácil, ni inmediato, pero decidí pedir ayuda. Fue el paso más difícil y, al mismo tiempo, el más importante de mi vida. Acudí a la UCA y a Cáritas, porque necesitaba ayuda en todos los sentidos: emocional, psicológica y también algo tan básico como comer. Me derivaron a Proyecto Hombre y allí comenzó mi reconstrucción". "Lo más importante fue recuperar a mis hijas, volver a mirarlas, volver a sentir que aún había algo que merecía la pena, hoy puedo decir que sigo en el camino, que sigo aprendiendo, pero ya no estoy perdido".
Una historia sobre ruedas
Abdou es el más joven del grupo. En Marruecos le diagnosticaron una hernia discal y en 2023 decidió emigrar a España, para vivir con su tío en una localidad de la Ribera. "Con el paso de los meses y al ver mi tío que no avanzaba en mi recuperación, decidió que abandonase su casa, que él también tenía una familia que atender. Me encontraba muy desanimado, triste, y entre en un estado de depresión que me hizo, incluso, plantearme quitarme la vida", señala. Se marchó a otro pueblo cercano, donde estuvo malviviendo dos años en una cochera. Sigue con su rehabilitación en silla de ruedas. "Ahora sí puedo decir que ‘estoy bien’ y con ganas de recuperar mi vida, cuando los días estaban llenos de esperanza y la familia era el centro de mi felicidad", concluye.
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