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"Si no hay buzón, no hay carta": Correos insta a los vecinos de la Font d'en Carròs a instalar casilleros para garantizar el reparto a domicilio

El servicio de reparto avisa que las viviendas unifamiliares o comercios independientes que no dispongan de este elemento no recibirá la correspondencia en sus domicilios

La medida, en general, está siendo bien acogida entre los vecinos

Rosa, vecina de la calle Ramón y Cajal, con su nuevo buzón.

Rosa, vecina de la calle Ramón y Cajal, con su nuevo buzón. / Josep Camacho

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Josep Camacho

Josep Camacho

La Font d’en Carròs

En la Font d'en Carròs hace semanas que no se habla de otra cosa, con el permiso de la visita del Papa, y tras quedarse fuera del "Grand Prix del Verano". A finales de abril, ante las numerosas incidencias detectadas en el reparto de la correspondencia, Correos dio un plazo de un mes, que acabó el pasado 31 de mayo, para que los vecinos que no tuvieran un buzón en sus casas lo instalaran.

Aquellos que no cumplan con la norma a partir de esa fecha deben recoger la correspondencia en la oficina de Correos, que está junto al ayuntamiento y atiende al público de lunes a viernes, de 13 h a 14 horas. Pero allí solo se custodiarán 15 días. Pasado ese plazo se enviarán al remitente.

Todo empezó cuando Correos se dirigió por carta a cada uno de los vecinos que no tenía un "casillero domiciliario", en lenguaje de la empresa pública, cosa que sorprendió a los habitantes de la localidad. En la misiva, Correos se basa en el Real Decreto 437/2024, de 30 de abril, por el que se aprueba el Reglamento de Prestación de los Servicios Postales.

En su artículo 25.3 indica, textualmente, que "en los inmuebles que sean viviendas unifamiliares o locales comerciales o industriales independientes, el casillero estará situado cerca de la primera puerta de entrada a la finca o sobre ella, de forma que permita el depósito de los envíos desde el vial público. Además, deberán figurar en el mismo los datos identificativos de la dirección postal".

Después, las carteras hicieron pedagogía de este aviso, algunas entregando la carta en mano y el ayuntamiento, por su parte, ha colaborado difundiendo el mensaje por las redes sociales municipales.

Pura y Pep muestran sus respectivos buzones.

Pura y Pep muestran sus respectivos buzones. / J.C.

Así que muchos vecinos, para subsanar la incidencia, se han apresurado a comprar buzones, de diferentes tamaños, precios y colores, desde los bazares "chinos" a las grandes superficies, y que empiezan a decorar el paisaje urbano.

En el municipio estos receptáculos escasean sobre todo en el casco antiguo, en las calles más arriba de la Font dels Xorros, ya que las viviendas y fincas de la parte de abajo, más modernas, sí que suelen estar equipadas.

Es cierto que en esta era tecnológica cada día recibimos menos correo postal, pero hay cartas que son importantes, como las que llegan del hospital o los recibos del agua o luz.

La medida, en general, ha sido bien acogida por la población. En una encuesta rápida hecha ayer a mediodía en el bar de la plaza dels Xorros la mayoría lo veía razonable, con el fin de proteger la privacidad. Solo es cuestión de cambiar de hábitos y en vez de mirar debajo de la puerta o entre la persiana ahora hay que llevar encima una llave más para el buzón. Eso sí, algunos se lo han dejado para última hora. Pero nadie quiere arriesgarse y ha ido a lo seguro.

Seguridad y privacidad

Pura, que vive en la calle Ramón y Cajal, siempre ha tenido buzón. "He trabajado fuera de casa y me da más seguridad", afirma. Mercedes reside en la avenida de la Safor: "En mi calle apenas había buzones, yo lo compré la semana pasada pero de momento lo tengo atado en los barrotes de la puerta, no lo he podido instalar bien, pero creo que es mejor, ya que antes si llovía, las cartas se mojaban". Otra razón que esgrimen las vecinas es que antiguamente las casas estaban abiertas, pero hoy en día nadie se fía en abrir las puertas.

La medida de Correos es objeto de debate en los bares del pueblo.

La medida de Correos es objeto de debate en los bares del pueblo. / J.C.

Algunos vecinos son "manitas" y se lo han colocado ellos mismos, como Pep, que lo compró por ocho euros. "Si llega una carta certificada siempre es mejor tener buzón". Otros, sobre todo la gente mayor, han echado mano de familiares, amigos, o directamente de profesionales, pagándoles una cantidad. Adela no lo ha puesto todavía aunque asegura que lo tiene en casa. "Pero nunca he tenido problemas con el sistema de siempre", asegura.

Rosa lo colocó en la fachada hace apenas quince días, pero le ha tenido que poner un pequeño tejado para proteger las cartas de la lluvia. "Al primero aviso no hice mucho caso pero me dijeron que si no tenía buzón no recibiría el correo, y fui con mi hijo a comprarlo, en mi calle ya lo tienen muchos", relata.

Por tanto, empieza una nueva era en la Font d'en Carròs donde las casas sin buzón dejarán de ser un problema para los sufridos carteros.

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