Medio siglo de vida del IES La Valldigna de Tavernes: De compartir espacio con el IES Jaume II el Just a albergar a 600 alumnos en el edificio inaugurado en 2011
Con motivo de la celebración del aniversario, el centro celebró un acto conmemorativo en la Casa de la Cultura, al que asistieron docentes, alumnos y exalumnos de antiguas promociones
Antiguos profesores relatan cómo ha cambiado el centro en estos cincuenta años

Antiguos alumnos en un laboratorio situado en el anterior edificio compartido junto al IES Jaume II el Just / Levante-EMV
Medio siglo de historias, experiencias y luchas compartidas. El IES La Valldigna de Tavernes conmemora su 50 º aniversario, por ello ha querido celebrar recientemente esta fecha con un acto en el que ha querido repasar toda su trayectoria.
El origen de todo
El centro se creó en 1976, en una época en la que la oferta educativa era más reducida que la actual. Por entonces, en la localidad solo había un instituto de Bachillerato, el IES Jaume II el Just. Según recuerda Emilia Enguix, una de las antiguas profesoras del IES La Valldigna, la educación era más sencilla y aquellos alumnos con intereses universitarios continuaban con los estudios.

Antiguo edificio compartido junto al IES Jaume II / Levante-EMV
Ante esta situación, varios docentes, durante una reunión del claustro, decidieron impulsar la creación de un centro de Formación Profesional que ampliara las oportunidades educativas. Sin embargo, la FP no contaba entonces con el reconocimiento social que tiene en la actualidad. “En aquel momento estaba la idea preconcebida de que los alumnos de FP eran más combativos o polémicos”, explica Victoria Brines, otra de las antiguas profesoras del IES La Valldigna.
El inicio de la iniciativa marcó un antes y un después para muchos jóvenes de Tavernes. El IES La Valldigna se convirtió en el primer instituto de Formación Profesional en la localidad y abrió una nueva vía para quienes buscaban una alternativa al Bachillerato. “Fue una gran oportunidad. Era darles una alternativa a aquellos jóvenes que no querían hacer universidad”, explica Enguix.
Inicios de lucha
Cuando el instituto empezó a impartir clases se encontró con diversas dificultades por el camino. “Éramos un instituto de segunda categoría. Para una parte de la población, el instituto de BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) era el bueno, por lo que apenas nos conocía nadie”, recuerda Brines.
En sus palabras, “nuestra tarea fue darnos a conocer, ya que la gente no sabía que existíamos, solo unos pocos. Exigimos al ayuntamiento que instalaran un rótulo que indicara cómo llegar al centro, porque el otro si que estaba señalado. Fue un momento de mucha lucha e hicimos manifestaciones todos juntos”.
El centro comenzó ofreciendo únicamente dos especialidades de Formación Profesional, la rama administrativa y la de metal, por lo que en sus inicios contaban con pocos docentes. Emilia recuerda que “éramos muy pocos". En su caso, ella impartía inglés, francés, historia y castellano. Y, además, recuerda que durante los primeros años, el plan educativo no estaba tan definido. “No había una programación. Seguías el libro y lo explicabas”, subraya.

Antigua aula en el anterior edificio / Levante-EMV
Enguix recuerda que el centro no disponía de muchos medios. “No teníamos nada, ni secretario que nos ayudara. Todo lo hacía el profesor delegado, quién le presentaba al centro de Xàtiva las actas. Las cosas eran muy rudimentarias”, detalla. Asimismo, los recursos eran escasos, los alumnos usaban máquinas de escribir y para la impresión hacían uso del ciclostil (antigua máquina de impresión y reproducción mecánica). “No había ni fotocopiadoras”, reivindica.
Durante años, el centro compartió recinto con el instituto Jaume II el Just, lo que limitó su espacio. Emilia resaltaba que “éramos los hermanos pobres, teníamos un aula en un tercer piso, no estaba localizado todo lo que era nuestro instituto”. “Compartíamos la parte de delante del recinto, un gimnasio y obtuvimos una biblioteca propia. Han sido muchos años compartiendo”, rememora.
El centro empezó a contar cada vez más aulas. “Empezamos a crecer cada vez más y a medida que crecía teníamos que buscar más espacio. Se hizo un pabellón, se instalaron naves y accedimos a más aulas del Jaume, pero llegó un momento en que el instituto necesitaba su propia instalación”, concluye Pilar Vall, otra de las antiguas docentes del IES La Valldigna.

Aula antigua en el anterior edificio compartido junto al IES Jaume II de Tavernes / Levante-EMV
Un nuevo cambio
Todo cambió en enero de 2011 cuando el centro inauguró su propio recinto. “Del 1977 al 2011, estuvimos provisionalmente en el recinto junto al instituto de Bachillerato. Cuando se abrió fue una alegría, contábamos con recursos e instalaciones propias y fue una maravilla”, explica Enguix. Los docentes notaron un cambio impresionante en todos los niveles. “No compartíamos espacio con nadie. Era algo único y lo notamos muchísimo”, añade Vall.

Actual edificio del IES La Valldigna / Levante-EMV
Sin embargo, no solo cambiaron las instalaciones. Las clases evolucionaron y con el paso del tiempo la dinámica incluyó más programación y la incorporación de nuevas tecnologías. “Los profesores tuvimos que reciclarnos para adaptarnos. Ha sido un cambio profundo”, reconoce Enguix.
En la actualidad, la directora del IES La Valldigna, Raquel Fons, destaca que la apertura del nuevo recinto supuso la principal transformación del centro. Hoy en día, el instituto cuenta con 600 alumnos -procedentes de la Safor y la Ribera- y alrededor de 100 docentes. Durante estas cinco décadas, señala que el instituto ha experimentado un gran crecimiento, especialmente en la ampliación educativa.
"Se ha incrementado la oferta formativa de la Formación Profesional y también se han incorporado aulas UECO (Unidades Específicas en Centros Ordinarios), una unidad educativa inclusiva dentro del centro", explica.

Aula actual del instituto IES La Valldigna / Levante-EMV
Fons también subraya la apertura del instituto a la comunidad y su papel como espacio social. “Abrimos el centro a toda la comunidad. Hay clubes deportivos que vienen por las tardes a realizar actividades y el horario vespertino fue un avance importante", afirma.
Asimismo, pone en valor el reconocimiento del centro en los últimos años. "Hemos abierto proyectos europeos, participado en iniciativas de movilidad y en programas de innovación e investigación educativa a nivel nacional", subraya.
Una celebración por todo lo alto
El centro celebró en el año 2001 el 25 º aniversario en la Casa de la Música. “Se llevaron a cabo actos con las autoridades y luego celebramos todos juntos, padres, alumnos y profesores, una comida”, evoca Pilar.
Este año el instituto ha vuelto a estar de celebración, ya que conmemora su medio siglo de vida. Diversos miembros organizaron un acto conmemorativo en la Casa de la Cultura del municipio, al que asistieron alumnos y exalumnos, profesores, representantes del AMPA y personal del centro. Durante el acto, la alcaldesa de Tavernes de la Valldigna, Lara Romero, destacó la importancia del recorrido del centro educativo desde su creación.
Fons explica que el objetivo del acto fue mostrar la evolución del instituto a lo largo de estos 50 años. “La idea era hacer una pequeña revisión de todos estos años y proyectar cómo es el centro en la actualidad para mostrárselo al pueblo”, señala.

Celebración del 50º aniversario del instituto IES La Valldigna / Levante-EMV
La directora resaltaba además el carácter emotivo de la tarde. “Vinieron muchas personas jubiladas, personas que estuvieron en los primeros años, en el primer claustro, y para ellas fue muy importante. Después participaron los alumnos en diferentes actuaciones”, recuerda.
Para Pilar el hecho de celebrar estos años tuvo un valor especial. “Para mí, el centro es muy entrañable, ya que es como mi casa. Ha sido un orgullo ver cómo ha crecido y observar que no ha perdido su espíritu de relación con las familias y los alumnos”, indica.
Vínculos y cariño, un recuerdo para siempre
Pilar, Victoria y Emilia han sido profesoras del centro prácticamente desde los inicios. Con el paso del tiempo, han visto crecer al centro y, a su vez, a varias generaciones de estudiantes, llegando incluso a dar clase a los hijos de antiguos alumnos.
“Es ese sentimiento de pertenecer a la zona y querer dar una educación de calidad y amigable a los alumnos. Aunque el centro ha crecido y evolucionado, he podido comprobar que ese vínculo no se ha perdido y ha sido un orgullo estar trabajando tantos años en ese centro”, concluye Pilar.
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