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Rafa Botella, un tetrapléjico de Simat que plasma en un libro su lucha por vivir y el derecho a la eutanasia: “Solo quien está en la cama sabe lo que pesa su dolor”

Este vecino, que sufrió un accidente en 2004, relata en «Evolución» sus pérdidas, su lucha contra el dolor crónico y el refugio que ha encontrado en la IA: "Pasé de ser un candidato a convertirme en portavoz"

Rafa Botella, el vecino de Simat de la Valldigna en su casa.

Rafa Botella, el vecino de Simat de la Valldigna en su casa. / Saray Fajardo

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Saray Fajardo

Saray Fajardo

Simat de la Valldigna

"¡No lo compréis!", responde con ironía Rafa Botella cuando le preguntan por su nuevo libro, "Evolución", que presentará este viernes en el Monestir de la Valldigna. Sin embargo, cada una de sus páginas encierra una historia que comenzó en 2004, cuando un accidente cambió su vida y le dejó tetrapléjico.

El libro reúne lecciones de vida, de superación y de resiliencia; recuerdos imborrables, viajes e, incluso, un salto en paracaídas, pero también aborda los momentos más oscuros y difíciles de estas dos últimas décadas, entre los que destaca el dolor que le acompaña desde 2013 o el consumo de drogas, que finalmente ha conseguido superar. Rafa tampoco olvida el recuerdo de su padre y de su pareja, que falleció en el accidente, los amigos que se han quedado por el camino o el trabajo invisible de su madre. A pesar de ello, este vecino de Simat de la Valldigna asegura que su trayectoria "ha sido muy normal, no hay nada extraordinario". La obra, nacida casi por casualidad, pretende ahora servir de apoyo e inspiración a quienes atraviesan situaciones similares.

"Durante la pandemia empecé a escribir el libro. Quería regalárselo a mi familia y a mis amigos para que me conocieran un poco más, pero ellos mismos me animaron a publicarlo", recuerda. Fue entonces cuando apareció en escena su editor, Antonio Dyaz. "Se convirtió en una pesadilla porque no paraba de insistirme para que lo terminara", bromea. Sin embargo, todo ese proceso de escritura, que se ha prolongado durante cerca de cinco años, le ha permitido conocerse un poco mejor. "No me había dado cuenta del cambio que he vivido desde que me quedé en silla de ruedas hasta ahora. No soy el mismo, ya que tengo otras prioridades y valoro los pequeños detalles", afirma. Recalca acostado en la cama que "salir a la terraza y tomar el sol me haría sentir sentir muy afortunado".

Recuerdo a su pareja

Uno de los episodios más emotivos es el dedicado a Crístel, su pareja, que falleció en el accidente con tan solo 18 años. En cada una de las palabras se percibe el cariño hacia esta joven que, en sus palabras, "fue el amor de su vida". A Rafa todavía le cuesta hablar de ella sin emocionarse. "Es el capítulo que más me ha costado escribir porque sus padres se han convertido en familia, pero al principio fue muy duro. Me costó muchos años poder leer sus cartas", relata. El vecino de Simat recuerda que, tras el accidente, "nadie quería hablar de ella, por lo que sabía que algo pasaba". Pese al dolor de la pérdida, los padres de Crístel no dudaron en visitarlo: "Ahora vienen todas las semanas y nos traen algo de cena".

Rafa también le dedica especial atención a una de sus compañeras de vida, la silla de ruedas. "Hablo del poder de la silla porque yo con ella podía viajar, salir, ir a festivales...", afirma. Sin embargo, todo cambió en 2013, cuando el dolor llamó a su puerta. Como explica en el libro, "si tuviera que marcar el momento exacto en el que mi mundo social empezó a encogerse diría que fue en 2013 porque el dolor crónico entró en mi vida sin llamar y lo cambió todo".

"Un mundo nuevo"

Ahora, su principal refugio es el ordenador. A través de él y de la inteligencia artificial ha descubierto, en sus propias palabras, "un mundo nuevo". "Mi pasión es la IA generativa. Me paso el día creando", asegura. Pero esta tecnología no solo se ha convertido en una vía de expresión y entretenimiento, sino también en una herramienta que utiliza en su día a día: registra los alimentos que consume, los dolores de estómago y otras dolencias para tratar de encontrar posibles relaciones y patrones.

El autor del libro también se ha convertido en la cara visible de la lucha por la eutanasia. En el libro recalca: "Mi opinión es clara: solo la persona que está en la cama sabe lo que pesa su dolor. Yo no juzgo a nadie. Es una decisión personal e intransferible. En mi caso, elijo la vida con salud antes que la eutanasia sin ella, pero entiendo que para algunos, esa puerta es la única salida digna después de una vida de luchas. Es una causa justa, pero no es la mía. Al menos, no hoy".

Señala que, durante los debates en los que ha participado, "la mayoría de la gente entendía que no luchaba por mí, sino por aquellos que estaban sufriendo sin escapatoria. Entendían que nadie, ya sea por política o por religión, tiene derecho a condenar a otro a sufrir". Por ello, concluye que "pasé de ser un candidato a un portavoz de los candidatos porque a mí me gustaría vivir 150 años si pudiera".

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