La tercera vida de Ángel, un vecino de Simat que sobrevivió a un atropello y ahora vence a una enfermedad cardíaca letal
Dos motoristas y la Policía Local de Cullera reanimaron a este vecino tras sufrir una parada cardíaca por una enfermedad genética con una supervivencia del 5 %

Àngel, durante el traslado en ambulancia. / Levante-EMV

Tres minutos. Ese fue el tiempo que Ángel, un vecino de 49 años de Simat de la Valldigna, permaneció en muerte clínica. Sin embargo, tres ángeles —dos motoristas y un agente de la Policía Local de Cullera— lograron devolverlo a la vida. El 19 de junio, Ángel volvió a nacer. Y lo hizo por tercera vez, ya que en 2008 sufrió un atropello cuyo autor se dio a la fuga y que le dejó graves secuelas y numerosas heridas.
Estefanía Molero, su mujer, todavía recuerda con nitidez aquellos angustiosos minutos. «Había salido a hacer una ruta en bicicleta por Cullera, como tantas otras veces, porque siempre ha sido una persona muy deportista», explica.
Pero, durante el trayecto entre el parque acuático y un conocido horno de la localidad, el ciclista comenzó a encontrarse mal. «Me llamó y me dijo que no se encontraba bien, que tenía las pulsaciones muy altas», relata Estefanía, aún emocionada al rememorar aquel momento.
Antes de perder el conocimiento, Ángel logró enviarle su ubicación. Inmediatamente, su mujer se puso en contacto con la Policía Local de Cullera para alertar de la situación.
Poco más de diez minutos después, Estefanía se desplazó desde Simat hasta el lugar de los hechos. Durante el trayecto mantuvo una conversación telefónica con uno de los dos motoristas que auxiliaron a su marido, ambos llamados Víctor. «Escuché que uno le decía al otro: “¿Se lo dices tú?”. En ese instante pensé lo peor», recuerda.
Los dos hombres le practicaron las maniobras de reanimación cardiopulmonar hasta la llegada de la Policía Local, cuyos agentes utilizaron un desfibrilador para conseguir que el corazón de Ángel volviera a latir.
Diversas pruebas
Posteriormente, fue trasladado a València, donde los especialistas descartaron la existencia de coágulos u obstrucciones coronarias. Más tarde, ingresó en el Hospital Francesc de Borja, donde permaneció 24 horas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) antes de ser trasladado a la Unidad de Cuidados Intermedios, destinada a pacientes que requieren una vigilancia continua, aunque ya no precisan atención intensiva.
Tras someterse a diversas pruebas, los médicos le diagnosticaron una displasia arritmogénica biventricular, también conocida como miocardiopatía arritmogénica, una enfermedad genética del músculo cardíaco en la que el tejido muscular sano es sustituido progresivamente por grasa y tejido fibroso.
«Todos los médicos nos dijeron que, en estas circunstancias, solo sobrevive entre un 5 % y un 7 % de las personas, o una entre un millón», afirma Estefanía.
La mujer explica que los especialistas les comunicaron que se trata de una enfermedad congénita, presente desde el nacimiento, por lo que ahora la familia investiga si puede existir un componente hereditario. «Mi suegro tiene el corazón más grande de lo normal, pero nunca le habían detectado esta patología», señala.
Aun así, está convencida de que la excelente condición física y la fortaleza de su marido fueron determinantes para superar el episodio. «Él está bien porque es muy fuerte, pero yo todavía no lo llevo nada bien. Es el amor de mi vida y nunca estaré lo suficientemente agradecida a las personas que le salvaron la vida», concluye.
Agradecimiento a los médicos
Unos días después de estar en la Unidad de Cuidados Intermedios, Ángel fue trasladado otra vez a València para implantarle un Desfibrilador Automático Implantable, que vigila continuamente el ritmo cardíaco y actua si detecta una arritmia grave que pueda poner en peligro la vida.
"Nos dijeron que le operaban y en menos de 24 horas regresaba a Gandia", explica. Sin embargo, lamenta que "la falta de recursos y de personal provocó que estuviera más de seis horas en Urgencias a la espera de una cama para volver a ser ingresado". Añade. "Le dijeron que podía salir a la calle a tomar el aire, pero acababa de llegar de la operación. Al ver que tardaban, pregunté y me dijeron que estaba como paciente fugado".
No obstante, y pese a ese incidente, Estefanía pone en valor el trabajo de todos los facultativos que le han acompañado durante su estancia. "Se dejan la piel por sus pacientes, aunque no tengan suficientes medios ni haya bastante personal", agradece, al tiempo que reitera que "son unos profesionales excelentes, que tienen una gran vocación y se dejan la piel". Por ello, pide a la sociedad que cuide de ellos y se sume a cada una de las reivindicaciones: "Si no fuera por ellos, el proceso hubiese sido peor".
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