Un vecino de Villalonga busca desde hace décadas al hermano que cree que fue un bebé robado: "No querría morirme sin conocerlo"
Cresencio Torres, que emigró desde Toledo con su familia en 1951, sostiene que nunca recibió documentación que acreditara la muerte del recién nacido y mantiene viva la búsqueda

Saray Fajardo

Cresencio Torres Valentín nunca ha creído en los milagros, pero hay uno que desearía ver cumplido. A sus 80 años, este vecino de Villalonga lleva décadas aferrado a una misma esperanza: encontrar a su hermano pequeño, de quien siempre ha sospechado que fue uno de los llamados bebés robados durante la dictadura franquista. El paso del tiempo no ha conseguido apagar esa búsqueda ni el deseo de conocer la verdad sobre su paradero.
Cresencio era el mayor de tres hermanos. Uno de ellos falleció durante la pandemia de la Covid-19, mientras que al menor nunca llegó a conocerlo. Hoy tendría 74 años, ya que nació en 1951. «Solo quiero conocerlo, abrazarlo y contarle cómo eran nuestros padres», afirma.
La familia llegó a Villalonga en 1951 procedente de Miguel Esteban (Toledo). Cresencio viajó junto a sus padres, Alfonsina y Pedro, y a su hermano mediano para instalarse en esta localidad de la Safor en busca de un futuro mejor.
"Mi madre llegó embarazada y nos instalamos en una caseta. Éramos una familia pobre y sin recursos, así que creo que se aprovecharon de nuestra situación", recuerda con el rostro anegado en lágrimas. La emoción le acompaña durante buena parte de la conversación que se prolonga cerca de una hora. "Yo solo puedo contar lo que vivimos, pero siempre he creído que mi hermano fue un bebé robado", insiste.
"No querían que pariera en casa"
Según recuerda, Alfonsina ingresó en el Hospital Sanjurjo —actual Hospital Universitario Doctor Peset— entre septiembre y noviembre de 1951. Cresencio tenía entonces seis años. "No querían que diera a luz en casa. Elaboraron un informe. No sé qué decía, pero con él consiguieron llevársela y trasladarla a ese hospital", relata.
Fue allí donde dio a luz al menor de sus hijos. Según el testimonio de Cresencio, su madre llegó incluso a tener al bebé en brazos. Sin embargo, poco después la familia recibió la noticia de que tanto el recién nacido como Alfonsina habían fallecido durante el parto.

Los padres de Cresencio, junto a Cresencio y otra pareja. / Levante-EMV
"A mi madre la habían sedado y llegaron a trasladarla al depósito de cadáveres. Nosotros nos creímos que había muerto hasta que, unos días después, regresó a casa", explica. Sin embargo, asegura que Alfonsina nunca llegó a ver el cuerpo del bebé y que la familia tampoco recibió ningún certificado de defunción ni otra documentación que acreditara el supuesto fallecimiento. Ese vacío documental es uno de los motivos por los que Cresencio mantiene la sospecha de que su hermano pudo ser víctima de una trama de bebés robados.
De hecho, el Hospital Sanjurjo figura entre los centros sanitarios valencianos sobre los que, con el paso de los años, se presentaron denuncias e investigaciones judiciales relacionadas con presuntos casos de bebés robados ocurridos durante la dictadura franquista y las décadas posteriores. "Mi madre fue engañada en una época en la que solo había hambre", sostiene.
Distintas vías
A lo largo de los años ha intentado encontrar respuestas por diferentes vías. Incluso acudió al propio hospital para solicitar la documentación del parto. "A ella nunca le dieron ningún documento sobre aquel ingreso. A mí me facilitaron unos papeles de los años sesenta, cuando estuvo hospitalizada por otro motivo, pero del parto no apareció nada", lamenta. Añade: "Me dijeron ue hubo un incendio y desaparecieron".
Su única ilusión es reencontrarse con su hermano. "No busco venganza ni nada parecido, pero esto me quema por dentro y no me deja vivir. No me gustaría morirme sin conocerlo", confiesa. La búsqueda cobró fuerza cuando comenzó a conocer otros testimonios de personas que sospechaban haber sido víctimas de la trama de bebés robados. "Vi muchas similitudes con nuestro caso y decidí seguir investigando», reconoce. La ausencia de pruebas refuerza, según detalla, su hipótesis.

Cresencio observa algunas de las fotografías de sus padres. / Saray Fajardo
Aunque han transcurrido más de siete décadas, Cresencio se resiste a perder la esperanza. "Solo pido un milagro. Sería la alegría de mi vida", dice. Tras una emotiva pausa, resume el único deseo que le queda por cumplir: «Me gustaría mirarlo a los ojos, decirle "hola, germà meu" y contarle cómo eran nuestros padres. Fueron personas humildes, trabajadoras, amables y educadas. Sin haber ido a la escuela y con muy pocos recursos, consiguieron sacarnos adelante. No quiero nada más».
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