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Opinión

Prieto vuelve a perder el tren

"Cuando un alcalde calla ante un problema de esta magnitud, demuestra que su prioridad no es la ciudad, sino conservar el titular del día siguiente"

El concejal del PP Vicent Gregori.

El concejal del PP Vicent Gregori. / Levante-EMV

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Vicent Gregori

Concejal del PP de Gandia

Este verano, Gandia se ha quedado sin su conexión directa con Madrid. Y es normal que a muchos les haya pillado por sorpresa, porque el alcalde socialista, José Manuel Prieto, ha decidido guardar silencio. No solo no ha comunicado la suspensión del servicio, sino que tampoco ha planteado una sola alternativa para vecinos, turistas y profesionales que dependen de esa conexión.

Resulta incomprensible que el alcalde acudiera a Fitur en enero a vender Gandia como destino turístico cuando ya sabía —o, como mínimo, debía saber— que este verano la conexión ferroviaria con Madrid iba a verse afectada por unas obras. Su silencio solo admite dos explicaciones: o decidió ocultarlo para seguir alimentando su imagen de alcalde de las buenas noticias, o nadie se lo trasladó, lo que dejaría en muy mal lugar su capacidad de interlocución con quienes toman las decisiones.

En abril volvimos a ver fotografías de su reunión con ADIF. Y la pregunta es inevitable: después de aquella comida de 300 euros pagada por todos los gandienses, ¿nadie le informó de que Gandia iba a quedarse sin tren directo con Madrid en plena temporada alta? Cuesta creerlo. Lo más probable es que sí lo supiera y, sencillamente, optara por callar.

Y ese silencio dice mucho. Dice más que cualquiera de sus discursos. Porque transmite un mensaje muy claro: la prioridad del alcalde nunca ha sido informar a la ciudadanía ni defender los intereses de Gandia, sino proteger un relato antes que afrontar un problema. Cuando llegan las malas noticias, el alcalde desaparece. Y las consecuencias de ese silencio las acaba pagando la ciudad. Porque mientras Prieto protege su imagen, Gandia pierde oportunidades. Y, esta vez, también pierde otro tren.

No hablamos de una cuestión menor. El turismo es la principal industria de Gandia y alrededor de 35.000 o 36.000 madrileños eligen cada año nuestra ciudad para disfrutar de sus vacaciones. ¿A quién se le ocurre esconderse cuando se pierde una conexión estratégica con uno de nuestros principales mercados emisores? No hacer absolutamente nada para minimizar el impacto resulta, sencillamente, irresponsable.

Sin embargo, el alcalde continúa con su agenda de fotografías, inauguraciones y publicaciones en redes sociales. Besos, abrazos, felicitaciones y sonrisas para la galería. Todo eso está muy bien. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿y el tren?

Negociar, exigir, informar y dar la cara

Porque un alcalde no está para aparecer únicamente cuando todo va bien. Está para negociar, exigir, informar y dar la cara cuando surgen los problemas. Desde reclamar con firmeza al Ministerio hasta negociar servicios alternativos de autobús. Y más aún cuando una gandiense, Diana Morant, se sienta en el Consejo de Ministros y tiene capacidad para tomar decisiones que afectan directamente a nuestra ciudad. Alguna vez tocará defender los intereses de Gandia antes que los de Pedro Sánchez.

Lo preocupante es que esta forma de actuar ya no sorprende. Ya ocurrió con la pista de atletismo. Ha ocurrido con otros proyectos que acumulan retrasos. Y volverá a ocurrir cada vez que la realidad choque con el relato construido desde el despacho de Alcaldía.

Gandia merece mucho más que un alcalde preocupado por mantener intacta su imagen. Merece un alcalde que anteponga la ciudad a los intereses de su partido, que no convierta Gandia en un laboratorio del sanchismo, que no sacrifique los intereses de los gandienses por evitar un enfrentamiento con la ministra Diana Morant y que no desaparezca cuando las cosas se complican.

Dentro de unos días el alcalde se irá de vacaciones y seguirá cobrando su sueldo público con absoluta normalidad. Pero con el pan de muchas familias no se juega. Cuando un alcalde calla ante un problema de esta magnitud, demuestra que su prioridad no es la ciudad, sino conservar el titular del día siguiente.

Quizá por eso en Gandia nunca pasa nada más allá de dudosos reconocimientos o buenas noticias que solo se creen quienes las escriben desde el despacho de Alcaldía. La semana pasada llegaron incluso a colgarse la medalla de la transparencia, precisamente la misma semana en la que una sentencia judicial decía exactamente lo contrario. Porque lo que la propaganda intenta ocultar, la justicia acaba destapándolo. Y al socialismo, últimamente, ya no solo se le están viendo las costuras; también las joyas que llevaba demasiado tiempo escondidas en el cajón.

Los abrazos sirven para la fotografía, pero no para recuperar un tren, atraer inversiones o solucionar los problemas de una ciudad. La realidad es mucho más tozuda que cualquier campaña de propaganda. Y mientras Gandia espera un alcalde que dé respuestas, Prieto solo se dedica a recitar poesía.

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