Malestar entre los vecinos del Mercat del Prado de Gandia por los aparatos del aire: "Aquí no hay quien viva"
Residentes en los edificios de enfrente se quejan del ruido que generan los grandes compresores instalados por la gestora como medida provisional ante la escasa potencia de la climatización nueva

A la izquierda los aparatos y a la derecha los edificios de los vecinos, separados por unos pocos metros. / J.C.

Los dos grandes compresores de aire acondicionado que se han instalado en el exterior del Mercat Municipal del Prado, en Gandia, empiezan a generar quejas vecinales. Un grupo de residentes en los edificios de enfrente donde están ubicados estos aparatos se puso en contacto con este periódico para expresar su malestar con esta medida, que en principio es provisional hasta que el ayuntamiento estudie y ajuste de nuevo la fallida climatización interior. Además, los vecinos han registrado una queja formal al ayuntamiento.
Cuatro de ellos, Amparo, José Luis, Manuel y Ana, relataron ayer, con nombres, pero sin querer salir en la foto, que vienen sufriendo un «calvario» desde que hace unos quince días aparecieron «de repente» estos aparatos, situados uno a cada lado de una de las puertas del mercado. En la calle a duras penas se puede mantener una conversación frente a ellos. De noche y con las ventanas abiertas, cuesta conciliar el sueño.
Desde la empresa gestora se comprometieron a apagar los aparatos por la noche y encenderlos a primera hora de la mañana, pero los vecinos aseguran que esto no se está produciendo, al menos a fecha de este martes. Además, sueltan agua que se está evacuando directamente a la calle. «Los aparatos hacen ruido y desprenden calor a todas horas, son como dos motores de camión sin parar, yo tengo dolores de cabeza y así no se puede vivir», cuenta Amparo. Todas las salas de estos apartamentos dan a la plaza del Prado. «No tiene sentido que sigan encendidos por la noche, al final esa factura la pagaremos todos los gandienses», añade Manuel.
Los vecinos aportan más argumentos en contra. Añaden que los aparatos «rompen con la estética del centro histórico, eliminan zona de paso de peatones y dificultan la maniobra de los vehículos que necesitan acceder al garaje, o las furgonetas de los proveedores».
Pero estos vecinos van más allá y también denuncian molestias del mercado el resto del año por la «música alta», sobre todo durante las actuaciones en directo,y por los olores de carne o marisco que llegan desde las cocinas de sus restaurantes, al no tener, a su juicio, las chimeneas altas. Opinan que el mercado no está bien aislado ni acústica ni térmicamente, a pesar de los millones invertidos, y creen que debería tener menos hostelería y más puestos de alimentación.
Ante esta situación enquistada se ofrece a mediar el presidente de la Associació de Veïns del Raval, Diego Morant. Reconoce que hasta ahora en la Junta de Distrito, que preside la concejala Maribel Codina, no se ha hablado del mercado, ni para bien ni para mal. La última reunión fue hace quince días pero no estaban puestos los aparatos. «Queremos que la plaza tenga vida, pero no a costa de fastidiar a los vecinos», apunta. El mercado es una competencia de Comercio, de la concejala Elena Moncho, aunque los asuntos del aire y del mantenimiento en general los está llevando Urbanismo. El gobierno local insiste en que instalará pantallas acústicas alrededor de los aparatos.

Charcos de agua en la calle. / J.C.
El origen del problema está en que cuando se mejoró la climatización de este «gastromercado» no se contempló que los negocios adjudicatarios empezarían a meter neveras y otros equipos que generan puntos emisores de calor. Ahora el ayuntamiento debe hacer un nuevo estudio, con el inconveniente de que está agosto de por medio. Al respecto, desde Urbanismo apuntan que el ingeniero ya está recogiendo «in situ» los datos para redactar este proyecto.
Por parte de la empresa gestora señalan que tampoco han puesto esos dos aparatos por gusto, es más, el alquiler les supondrá un gasto de 34.000 euros hasta principios de septiembre. Cuando se instalaron en el recinto municipal y, con la llegada del verano, notaron que el aire no tenía potencia, los trabajadores de las paradas se quejaron y empezó a decaer la clientela, por lo que debían buscar una alternativa urgente.
En conclusión, ninguna de las partes está satisfecha con esta situación sobrevenida y esperan que se solucione pronto. Esperar a que pase el calor no es una opción porque, con el cambio climático los veranos ya son de cuatro o cinco meses y si el tiempo se obstina las altas temperaturas nos pueden acompañar hasta noviembre.
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