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Los humanos de la Cova del Bolomor de Tavernes de la Valldigna ya elegían qué piedra usar para cada tarea hace cientos de miles de años

Un estudio de las doctoras Laura Hortelano y Paula Jardón demuestra que la caliza, pese a desgastarse rápidamente, era una materia prima eficaz para trabajos intensivos como el procesamiento de animales.

Una de las últimas campañas realizadas en la Cova del Bolomor.

Una de las últimas campañas realizadas en la Cova del Bolomor. / Levante-EMV

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Saray Fajardo

Saray Fajardo

Gandia

La Cova del Bolomor, situada en Tavernes de la Valldigna, no deja de aportar información sobre la vida de los grupos humanos que habitaron este enclave prehistórico. Aunque las excavaciones concluyeron hace dos años, tras 36 campañas anuales, los materiales recuperados continúan siendo objeto de estudio y permiten avanzar en el conocimiento de las actividades cotidianas que se desarrollaron en esta cavidad, considerada uno de los enclaves prehistóricos más antiguos de España y Europa.

Uno de los últimos trabajos sobre estos materiales se recoge en el artículo «Written on The Edge: Identifying Use-Wear on limestone knapped tools» («Escrito en el filo: identificación de huellas de uso en herramientas de piedra caliza tallada»), publicado recientemente en Journal of Archaeological Science: Reports, una revista científica especializada en arqueología de la editorial Elsevier.

Las investigadoras Laura Hortelano, doctora en Prehistoria por la Universitat de València, y Paula Jardón, doctora en Geografía e Historia por la misma universidad y ambas integrantes del equipo de Bolomor, centran su investigación en las herramientas de caliza recuperadas en el nivel XII de la cueva, una materia prima tradicionalmente relegada frente al sílex.

La elección de este material, como recogen, no era casual. Las doctoras señalan que la caliza era una roca abundante en el entorno de Bolomor y, por tanto, mucho más accesible que el sílex. Aunque este último presenta mejores propiedades para determinadas labores, los experimentos realizados por las investigadoras demuestran que la caliza también podía convertirse en una herramienta eficaz para numerosas actividades.

De hecho, los resultados apuntan a que la caliza era especialmente útil para trabajos rápidos e intensivos y, sobre todo, para el procesamiento de animales. Los experimentos han comprobado su eficacia en labores de carnicería, que exigían aplicar fuerza y realizar movimientos repetitivos. El sílex, en cambio, ofrecía ventajas cuando era necesario disponer de un filo más eficaz para cortar materiales duros o realizar trabajos que requerían mayor precisión.

Algunas de las herramientas analizadas en el estudio.

Algunas de las herramientas analizadas en el estudio. / Journal of Archaeological Science: Reports

Los experimentos revelan, así, que los habitantes de Bolomor no escogían las piedras de manera indiscriminada. La materia prima se seleccionaba en función de la tarea que se pretendía realizar, lo que demuestra un conocimiento de las propiedades de los recursos disponibles y una tecnología capaz de adaptarse a las necesidades de cada momento.

Reproducir para entender

Para conocer cómo se utilizaron estas herramientas, Hortelano y Jardón recurrieron a la arqueología experimental. Reprodujeron instrumentos de caliza y sílex y los utilizaron en diferentes actividades, como cortar plantas, trabajar la madera, procesar animales y manipular pieles, para posteriormente analizar las marcas producidas sobre las superficies de las herramientas.

Este método, conocido como traceología, permite identificar las huellas de desgaste y relacionarlas con las actividades que pudieron realizarse con cada instrumento. En el caso de la caliza, el uso provoca transformaciones visibles en la superficie, con un desgaste relativamente rápido y con abundantes marcas y estrías. Esa característica, que podría parecer una desventaja, no impedía que fuera un recurso útil para determinadas tareas.

Los experimentos también muestran que, al trabajar sobre materiales de dureza media o elevada, el filo de las herramientas de caliza podía perder eficacia después de entre 500 y 2.000 golpes, equivalentes aproximadamente a entre cinco y quince minutos de trabajo. En materiales blandos, sin embargo, podían superar los 6.500 golpes. Algunas tareas sobre madera provocaban una pérdida de eficacia después de unos diez o quince minutos de utilización continuada.

Algunas de las herramientas analizadas en el estudio.

Algunas de las herramientas analizadas en el estudio. / Journal of Archaeological Science: Reports

El estudio dibuja, a grandes rasgos, una imagen más compleja de la tecnología prehistórica. Frente a la idea de que utilizaban cualquier piedra disponible, los datos indican que conocían las características de las materias primas y tomaban decisiones en función de su utilidad. El sílex podía reservarse para tareas que exigían un filo más preciso y duradero, mientras que la caliza ofrecía una solución rápida y accesible.

Para las investigadoras, esta utilización complementaria de ambas materias primas constituye una evidencia de decisiones conscientes y de un conocimiento práctico de los materiales por parte de los grupos humanos del Pleistoceno. Una piedra aparentemente corriente podía, por tanto, ser la opción más adecuada para una tarea concreta.

La investigación aporta, por tanto, una nueva perspectiva sobre la Cova del Bolomor. Los restos arqueológicos no solo permiten conocer qué herramientas fabricaban sus habitantes, sino también cómo elegían y utilizaban los materiales en función de sus necesidades cotidianas. Unas decisiones aparentemente sencillas que revelan una tecnología mucho más flexible y sofisticada de lo que podría sugerir una simple piedra tallada.

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